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2 min
EL LUNÁTICO
Varios |
06.03.13
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Sinopsis

La locura prohibida.

En aquellos días de verano, su locura adquiría una forma muy especial: recorría la orilla del mar declamando versos de sus poetas favoritos, exclamando frases grandilocuentes de filósofos o de grandes héroes de la humanidad, y sufría al saberse expuesto a la extrañeza de los hombres que con cómoda distracción lo contemplaban. Entonces, completamente enajenado alquilaba una de esas barcas de a 20 euros la hora y se adentraba con ella en el mar. Para él, nadar era lo más parecido a la ingravidez de la luna, y el silencio en el fondo del agua, y las ondas de la superficie que se reflejaban en el fondo del mar, todo era lunático. Y se lanzaba al agua cristalina y nadaba como si en la luna se encontrara, y allí en medio del mar también declamaba y lanzaba frases grandilocuentes. A veces salía a la superficie y tomaba de ese aire contaminado de los hombres y con toda la pasión de su locura volvía a sumergirse en el agua y bajaba hasta tocar el suelo con sus pies desnudos, momento en el cual, casi siempre sonaba el runrún de un motor que atravesaba sus oídos como una estela sonora acercándose cada vez más a su barcaza, hasta frenar y colocarse justo encima de su cabeza. Entonces un buzo se lanzaba y en un baile esotérico lo tomaba de la mano y lo elevaba a la superficie, presa de un miedo incierto. Y sin decir nada, volvían a la orilla en la lancha motora, ahora sí, para encontrar un tumulto alrededor del punto usual de partida, esperando noticias suyas, fatídicas o felices, y él quedaba expuesto de nuevo a la extrañeza de aquellos hombres y mujeres y niños que aplaudían a la lancha de rescate, exponiendo un entusiasmo vacío y sin sentido, por haberle salvado de la ingravidez a la que se acercaba allí en el fondo marino, expuesto a la extrañeza de los peces, y devolverlo a su habitual locura.  

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  • Decía un poeta: "Hay algo en mí, superior a mi cuerpo,... es como una sustancia loca que sólo piensa"... Y así tu poeta, rehuyendo las duras percepciones externas, se deja llevar por ese mar como si se tratara de una carrera interminable hacia un abismo sin fondo (dirían lo que "no pueden comprender"), pero ¡tan maravilloso! como es la locura poética. Y es que la poesía es un designio, obra por una causa, tiene una inmensa necesidad. Y tú, amigo Joenn, al describirla con tan deliciosa reflexión lingüística, le dedicas una de las más excelentes y profundas reverencias. Un placer, compañero, y un abrazo.
    Poca gente es capaz de plasmar ese vínculo con el mar del modo que tu lo has hecho con el lunático de tu relato, rescatado muy a su pesar por una locura legislada como es la de la sociedad.
    La terrible lucidez de los locos y la rutinaria y aburrida locura de los cuerdos.
    Bueno, es poco. Que bien plasmada la locura de tantos personajes que recorren las calles ante la mirada atónita de los que estamos 'cuerdos'. Excelente relato.
    La verdad es que me ha gustado mucho. Me encantan estas locuras poéticas. Si no los has leído ya, lee los relatos "Un artista del hambre" o "Un artista del trapecio", de Kafka, que muestran locuras parecidas.
    Pobre lunático! Gran relato.Un placer.
    Creo que Daniel Luis ha dicho exactamente lo que hubiera dicho yo de llegar antes. Precioso. Y jugoso.
    Prohibido abandonar el cauce, ni la locura dejan. Que buen relato.
    Este relato es excelente. Me gusta de punta a punta. Un gran gusto leerlo.
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    Hay algo que a la postre es lo único que trasciende a la vida de los hombres: su memoria.

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