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2 min
El manto gris
Reflexiones |
24.11.13
  • 3
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Sinopsis

Tenía miedo a volar y caerse. Pero quería salir e irse. Un susurro penetrante no se lo permitía, insistía en que se quedase. Quedarse así, tranquilo y a la vez inquieto por naturaleza.

Pasaron 4 días y al despertar, antes de que el susurro hablase, se habló a sí mismo: sal sin pensarlo. Así fue, alzó sus alas temblorosas y se lanzó a las montañas. Se cayó en el primer intento y el susurro volvió con sarcasmo: “te avisé”. Agachó la cabeza, dio media vuelta y volvió a su casa. Se envolvió con un manto gris de tristeza absoluta y apagó la luz.

Pasaron otros 4 días, seguía inquieto, con la misma idea de cambio. Pero se había camuflado entre la sombras. Ni la luz del sol podía empujarlo a salir.

Empezó a llover y el gris se volvió más gris y el agua más húmeda. Hacía mucho frío. Tenía que irse, ahora ya no había susurro que convenciese a quedarse. Con rabia en los ojos y con los puños cerrados… se fue. Ahora sí, pero por necesidad. No estaba orgulloso de sí mismo. No tenía que haberse dejado influenciar por el susurro, ni por el manto gris, ni por la tristeza. Tenía que haber sido ÉL sin nadie más. Le apenaba ver que él sólo no podía, había necesitado a la lluvia para poder salir.

Entre tanto pensamiento se vio ahí arriba, en lo alto, volando y volando, dejándose llevar por el viento. Parecía el día con más viento que nunca. Se movía sin esfuerzo…veía los árboles, los arbustos y el mar, todo parecía más pequeño. Las hojas de los árboles se oían a lo lejos, allí abajo. El viento cantaba, el viento calmaba…respiró hondo. No había grises. Los tonos eran cálidos, sentía la calma. Disfrutaba: se había escapado. Había tenido el valor de cambiar. Fue él y no la lluvia. Fue él.

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