cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
El Marqués de Montalza
Amor |
22.06.06
  • 0
  • 0
  • 1124
Sinopsis

Una leve intuición tenia yo antes de recibir la noticia sobre la real cara del marqués de Montalza. Fue un siervo de las Cortes de Castilla quien me lo hizo saber.
Mi vida en casa del marqués empezó a los 12 años. Mis padres, él labriego y ella asistenta, me enviaron a un centro de desamparados a los 11 años, al no querer ni poder mantenerme. Solo se quedaron con mi hermano, que heredó los genes de trabajo de mi padre en la agricultura. A mí lo que realmente me gustaba era la escritura. El juntar palabras e intentar que rimen, a la vez que intentas dar forma a un verso. Pero en el centro de desamparados, no se podía escribir. Es más. No podías hacer nada, porque los demás niños te robaban cualquier cosa que tuvieses en los bolsillos y en las manos. Lo último que me dijo mi padre fue que si no podía vencer al enemigo, me uniese a él. Y así lo hice. La primera vez que salí con ellos, vi como robaban una alforja a la mula de una señora. Lo que contenía aquella alforja, nos lo repartimos entre todos. Pronto empecé a comportarme como ellos, robando cestas, empujando a otros niños, y otras muchas cosas que se consideran de mal gusto.
Una mañana de cielo oscuro, oí pasos por los pasillos. Me acerqué a la diminuta ventana de la puerta y vi a un señor de pelo oscuro, hablando con la rectora delante de mi habitación. Unos minutos más tarde, se abrió la puerta y apareció el hombre y la rectora delante de mi cama. Llevaba una túnica azul verdoso y un capote morado. De pelo oscuro y bigote recortado. Al lado, la rectora parecía una niña que vivía como yo. Ese pensamiento me hizo enseñar una pequeña sonrisa, a la que la “bruja” de la rectora respondió con un cachete en la nuca. El señor le criticó la acción de corregir mi mala educación con los tortazos en la nuca. Después, se agachó, cogió mi mano y la zarandeó de arriba abajo. Se agachó también la rectora y me dijo que me iba a ir con aquel hombre a su casa. No me explicaron por qué ni para qué iba a su casa. Solo me dijo que hiciese el baúl. Más tarde aparecí por el pasillo con el baúl arrastrando, debido al gran peso del equipaje. Los dos estaban esperando en la sala de espera, hablando de cosas que no entendía y por eso le llamaba “cosas de mayores”. El hombre se levantó al verme. Me cogió de la mano y se dirigió hacia la puerta, arrastrándome como yo arrastraba el baúl. Fuera, había una diligencia delante de la verja. Al lado, el cochero esperando para subir maletas o abrir puertas. Suponía que la carroza era del señor, y que era bastante rico, puesto que pocos eran los que tenían aquel tipo de carruajes. El mayoral me ayudó a subir, al igual que al individuo, que estaba un poco entrado en carnes. Inmediatamente después, colocó en el techo las maletas y de un brinco, subió a la parte delantera del carromato. Empezamos a avanzar y me sorprendí al saber que no se cumplía aquel sueño que tuve hacía dos años, cuando yo me iba de aquel antro y la rectora se quedaba mirando como me iba, agitando el pañuelo blanco en señal de despedida. Pero eso solo era una ilusión. Un sueño que jamás se cumpliría, conociendo el carácter de aquella persona.
Seguimos avanzando. Aquel tipo me miraba, y yo le miraba a él. Ninguno de los dos hablaba, ni silbaba, ni golpeaba con los dedos en ningún lado. Pero aquel silencio lo rompió el señor. Me dijo que se llamaba Diego Sial y que era el Marqués de

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Escuchar música, leer, y escribir relatos, poemas, y todo aquello que se deje escribir.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta