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7 min
El mercader de cuero. Parte 2 - Final
Fantasía |
04.12.18
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Sinopsis

El mercader y el viajero se enfrentan al día decisivo, la última esperanza.

El mercader de cuero

Durante los siguientes días el viajero le enseño a compactar el cuero, unirlo en capas y convertirlos en chalecos elegantes de un color vivo. El mercader sintió que el resultado final estaba a la altura de los mejores productos de la región -Con estos chalecos podré ir el viernes al mercado y venderlos todos -sonreía esperanzado.

-Claro que sí amigo mío, de algo tenía servirme haber sido ser militar.

-¿Estuviste en batalla? -le pregunto el mercader mientras lustraba un chaleco.

-Esta herida en mi pierna no es gratis, una lanza me atravesó la rodilla, creo que no volveré a bailar igual que antes. Ahora que saber el procedimiento vamos a hacer diferentes tallas, necesitamos ofrecer más opciones.

-Eso estaba pensando, piensas en todo, gracias por la ayuda.

-No agradezcas todavía falta que llegue el viernes y ver cómo nos va.

 

Es el día de comercio en la ciudad de los puentes, amanece y el mercader se dirige a su puesto habitual pero esta vez lleva algo diferente a lo usual. Dispuso los nuevos productos y la gente que pasaba se asombraba al verlos, se interesaban y preguntaban, pero no compraban nada, simplemente satisfacían su curiosidad.

-Debemos saberlos ofrecer esa es la clave de una buena venta- dijo el viajero, tomó un par de chalecos y caminó por los alrededores ofreciéndolos.

Algunos al oír el precio decidían no comprarlos, otros prometían volver o comprar el siguiente viernes. Pero ninguna venta se concretaba. El mercader nuevamente se decepcionaba y poco a poco iba perdiendo el ánimo. El viajero daba vueltas y volvía a ofrecer, garantizaba protección, calidad, elegancia; sin embargo, parecía que para aquellos transeúntes no era suficiente o eran incrédulos.

-¿Qué voy a hacer si no logramos vender nada? -se sentó desconcertado el mercader- Mañana es el último plazo para pagar la deuda sino la única opción que se me ocurre es entregar mi casa.

-No te des por vencido tan pronto. Es un producto nuevo debemos darle tiempo a la gente para que lo conozca y se vuelvan clientes. -el viajero hizo una pausa para meditar- Debemos demostrar que realmente funciona, debemos pensar en cómo. Tal vez una demostración.

-Estás loco yo no me voy a prestar para una artimaña.

-No es un engaño, vamos a demostrar que es útil. No hay que perder la fe, no podemos rendirnos sin intentarlo.

La tarde estaba próxima a terminar, junto con la paciencia y la noche cercana venía llena de zozobra. En los alrededores los soldados de la ciudad recorrían lo callejones, patrullaban, al no ver nada inusual se retiraron.

 

El viajero se probó uno de los chalecos de tallas más grandes -Para ser un objeto tan resistente es bastante cómodo, hicimos un buen trabajo, aprendes rápido.

-De nada sirve, ya está por terminar el día y sólo vinieron curiosos y tacaños.

-Voy a dar una ronda más -tomó dos chalecos y se los llevó- Ya vuelvo amigo mío.

El mercader siguió sentado impotente, esperando la hora de recoger para ir a casa.

No obstante, nunca se sabe los cambios que depara el destino. Sin soldados vigilando la zona, algunos bribones decidieron salir a buscar un botín. La noche cubría las calles, la iluminación provenía de las ventanas de las casas y de algunos candeleros de aceite de los comerciantes más prósperos. Entre aquellas sombras que se generaban, deambulaban estos personajes al acecho.

El viajero conversaba con dos hombres interesados, quería convencerlos de comprar los chalecos que llevaba. La charla fue interrumpida por un grito de una mujer, el viajero no dudó en ir a socorrerla, corrió como pudo con sus pasos torpes hasta donde estaba ella, un callejón donde había sido emboscada por uno de los tanos ladrones de la ciudad y le grita -Devuélvele sus cosas, miserable.

-Ja un cojo exigiéndome que haga algo ilógico -respondió el bribón- Soy más ágil que tú, no me alcanzarías, además tengo una daga y tú los puños desnudos. Mejor vete, debo ir a celebrar.

-Un momento, yo puedo defenderme, no necesito armas ni piernas ágiles.

-Veo, me estás retando… -mientras el ladrón hablaba, el viajero se acercó rápidamente para golpearlo. Le dirigió un puño, que su rival esquivó fácilmente- Te lo advertí soy más ágil, debiste haberte ido.

El maleante salto y le cayó con las piernas juntas sobre la rodilla defectuosa del viajero quien cayó al piso -Ahora vas a sentir el dolor de una puñalada y pensarás que era mejor no haber salido de casa hoy.

Al oír el escándalo la gente que estaba cerca empezó a llegar, para ver el espectáculo. Estupefactos, todos observaban, incluidos los dos hombres con los que conversaba, nadie sabía cómo ayudar. El viajero yacía en el piso y su atacante se disponía a clavarle su arma. La empuñó con fuerza, y se la clavó en el pecho, gritos de horror se oyeron, la gente iracunda empezó a insultar el ladrón. Quien creía que su victoria de la noche estaba completa.

-Algo no salió bien para ti esta noche -dijo el viajero desde el piso- ahora te tengo donde quería- paso sus piernas alrededor de la cintura del maleante y le hizo un agarre para que no pudiera escapar. Este intentó volver a apuñalarlo, pero la daga estaba clavada en el chaleco y no podía sacarla- Ahora el indefenso eres tú.

Lo golpeó en la cara un par de veces y lo noqueó. Se levantó, extrajo la daga del chaleco y se dirigió a la mujer -Señora puede tomar las cosas que le hurtó este sujeto -toda la gente que estaba en el lugar empezó a aplaudir y a victorear al viajero. Pronto llegaron soldados para llevarse preso al ladrón. La gente estaba atónita, querían saber como se había salvado de una muerte segura- Es el chaleco, protege de cualquier ataque, los vende mi amigo del otro callejón. Los dos hombres convencidos le compraron los que les estaba ofreciendo.

Esa noche el mercader vendió más de la mitad de los productos. Hasta un soldado le dijo que pasara por el castillo el sábado para que le hicieran un pedido de un gran número.

Por primera vez en mucho tiempo el mercader llegó a casa tranquilo, tenía una sensación que no podía describir -No se cómo agradecerte, me has salvado de mis problemas, eres un buen amigo.

-Te dije no hay que perder la fe, todo es cuestión de saber vender, aunque, no pensaba arriesgar mi vida para lograrlo.

-Tuvimos mucha suerte esta noche.

-No es suerte, es trabajo y el destino lo quería así.

-Sí entiendo, ahora todo será diferente, podré pagar mis deudas. Necesitaré ayuda, ¿Vas a quedarte? Seremos socios.

-Es cierto vas a necesitar ayuda con los nuevos pedidos que lleguen, contratar empleados. Por mi parte no me puedo quedar, soy un viajero, tal vez por el camino pueda ayudar más gente.

Al día siguiente el viajero se levanto con el sonido de los pájaros -Es hora de irme.

-Mereces una parte de las ganancias -le ofreció el mercader.

-No es necesario, ya me pagaste con el hospedaje, la comida y tu amistad, de vez en cuando es bueno encontrar gente que sepa que es la humildad -tomó sus cosas, salió de la casa y le dijo- Hasta pronto amigo mío.

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Diseñador gráfico, profesor de diseño y aficionado a los cuentos medievales.

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