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10 min
EL MISTERIO DE LA VIDA
Terror |
02.04.19
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Sinopsis

Aunque este relato está en la sección TERROR, se debería de encuadrar en FANTASÍA o MISTERIO. Pues en él no hay ningún párrafo gore, o morboso. Un hombre va de vacaciones a un pueblo de la Costa y tiene una insólita experiencia.

Me llamo Rafael Peña, y soy un hombre de treinta años de edad con una gran vitalidad. Y actualmente trabajo en un importante Banco de Barcelona donde me siento como en mi casa. Pero como asimismo me encanta el sol y la playa aprovecho las vacaciones de verano para ir unos días a los pintorescos pueblos de la Costa Brava repletos de paradiacas calas con abundante vegetación, cuyo verdor se refleja en el mar prestándole una tonalidad azul-esmeralda, a recrearme en dichos parajes; y sobre todo a ligar sin ningún problema con las magníficas turistas de todas las nacionalidades que a diferencia de mis compatriotas desean pasarlo tan bien como yo.

Mas aquel verano del año 1970 decidí ir a pasar una semana en Sitges que es una ciudad costera de Cataluña, al sudeste de Barcelona que está rodeada por el montañoso parque natural del Garraf con su endiablada y tortuosa carretera de peligrosas curvas, que a su vez es conocida por sus hermosas playas mediterráneas y su paseo marítimo bordeado de majestuosas mansiones.

Tan pronto hube llegado a aquel lugar, y me hube aposentado en un bonito hotel fui a almorzar a un típico restaurante; pero por la noche me adentré en un espacioso PUB que estaba situado en una de las intrincadas calles de aquella localidad, en el que abundaban toda suerte de ninfas de todos los países europeos y de América.

Así que con toda la naturalidad del mundo me acomodé en una mesa redonda en la que había una estupenda mujer rubia, de ojos verdes llamada Mónica que era canadiense. Junto a ella había un hombre que tendría mi misma edad que iba acompañado de una silenciosa mujer morena, el cual respondía al nombre de Pablo y daba la impresión de ser bastante cordial.

Como es de imaginar empezamos a hablar entre todos de un modo informal de nimiedades, hasta que Pablo que según él era un periodista que trabajaba para un periódico de la comarca me dijo:

- Mi compañera y yo mañana nos vamos a Jafra que es un misterioso pueblo abandonado de esta misma zona, porque vamos a hacer una crónica de las cosas raras que suceden allí.

- ¿De veras? ¿Qué sucede en este pueblo? - inquirí curioso.

- Bueno. Se cuenta que hace casi un siglo que una familia de origen austriaco y con mucho dinero, se mudó a una Masía (caserío rural)  abandonada y alejada del pueblo - explicó Pablo-. La familia no era suociable por lo que no se relacionaba con nadie. Al parecer los hijos sufrían una rara enfermedad en la piel. Entonces la madre dió a luz una niña a la que le pusieron el nombre de Melinda, pero la madre murió en el parto. En suma. Cuando la niña cumplió seis años, y como el padre la maltrataba, ella huyó al jardín de la casa y se cayó a un pozo que había allí. Ahora se corre la voz que una niña se aparece en la carretera del Garraf para guiar a los conductores de los coches que circulan por aquel tramo.

-¡Huy, esto me suena a demasiada leyenda y nada más! - exclamé riendo con esceptismo.

-Claro. Parece una película de terror; y seguro que la gente exagera la historia - convino Pablo-. Pero no olvides que en toda leyenda siempre hay algo de verdad. Y mi compañera y yo estamos dispuestos a investigar y a descubrir lo que puede haber de cierto en este asunto.

-Pues muy bienj chicos. Espero que tengáis suerte.

Enseguida la canadiense y yo empezamos a intimar. La joven era una puericultora que había oído hablar del buen clima de mi país, de la gastronomía y de la simpatía de la gente, por lo que deseaba pasarlo en grande, y como no, yo se lo iba a facilitar.

Al día siguiente Mónica y un servidor nos pasamos la mañana en la playa, y jugábamos como niños en el agua. Luego la invité a almorzar en un restaurante del paseo marítimo que se había especializado en cocinar sabrosas paellas de arroz valenciano. Y a media tarde fuimos a dar una vuelta por las inmediaciones del pueblo mientras nos tomábamos un helado y nos contábamos nuestras vidas; yo con un deficiente inglés que había estudiado en una escuela de idiomas de mi ciudad.

Pero lo mejor de todo fue por la noche, ya que nos desplazamos a un rincón oculto de la playa, entre las rocas, donde hicimos el amor con pasión bajo la luna llena, la cual con su luz rielaba la superficie del mar abriendo un camino dorado que se perdía hacia un infinito en el que se intuía un sinfín de expectativas vitales, y un cielo tachonado de brillantes estrellas. Seguidamente nos bañamos desnudos y a continuación regresamos a nuestros respectivos hoteles, con la ilusión de volvernos a ver al día siguiente.

La verdad es que pasé una semana excepcional con Mónica hasta que no tuve más remedio que regresar a Barcelona para reincorporarme de nuevo a mi trabajo; no sin antes prometernos que nos escribiríamos para seguir manteniendo encendida la llama de nuestra relación. Y por supuesto en aquellos felices días junto a Mónica no me acordé en absoluto de la tenebrosa y fantástica historia  que me había contado el periodista Pablo en aquel PUB.

Sin embargo cuando al atardecer del feo domingo en el que iba con mi auto por la peligrosa carretera del Garraf con destino a mi ciudad, me ocurrió algo insólito que se me hace muy difícil de asimilar y que trastocó la educación tan material como hedonista en la que estaba inmerso.

No, no me topé con Melinda, aquella desgraciada niña de la casa maldita, como pueda pensar el amigo lector. En su lugar, en un ángulo determinado de la carretera vislumbré a un hombre de mediana edad; algo hierático que con toda seguridad hacía auto-stop.

Detuve el vehículo a pocos pasos de aquel sujeto, y desde la ventanilla le pregunté:

-¿Adónde va?

- Tengo que ir a Barcelona, porque tengo un asunto urgente que resolver - respondió el tipo escuetamente.

- Bueno... Suba. - le invité.

El hombre en cuestión era de cabello entrecano; y observé que llevaba un traje de color gris bastante pasado de moda.

Durante el trayecto el hombre lejos de establecer un diálogo y de darme las gracias por haberlo recogido en aquella inhóspita carretera, daba la impresión de estar ausente. Pues su mirada se perdía a lo lejos a la vez que estaba sumido en un espeso silencio.

- Me llamo Rafael Peña - le dije a modo de presentación; para romper el hielo.

-Ah. Tanto gusto. Yo me llamo Arturo Guillem.

-¿Es que  su coche ha tenido alguna avería - indagué.

- Algo parcido.

- Yo vengo de pasar una semana de vacaciones en Sitges. Siempre voy a lugares de la Costa a airearme un poco, fuera de la gran ciudad. Es que en mi vida siempre he trabajado como un burro. Estudiaba Económicas, y a la vez trabajaba. Y creo que me merezco pasármelo bien de vez en cuando. ¿No le parece? - le confié a mi acompañante.

- En este mundo para obtener el éxito hay que esforzarse mucho - dijo el hombre lacónicamente.

-Ya. ¿Y dice usted que tiene que resolver un asunto urgente?- insistí extrañado.

-Sí. Eso he dicho - expresó él impavido sin dirigirme ni una sola mirada. Por lo visto era un tipo altivo, antipático que no inspiraba confianza alguna.

- ¿Y por qué estaba a esas horas en la carretera? ¿Es que había tenido que hacer alguna gestión en Sitges, y por esta razón se le ha estropeado el coche? - quise saber ya un poco picado.

- Sí... Pero usted pregunta demasiado - dijo el hombre con voz queda.

Seguidamente tuve que virar el vehículo con prudencia porque se avecinaba una curva cerrada. Mas grande fue mi sorpresa cuando al querer volver a dirigirme a mi pasajero, éste había desaparecido misteriosamente del coche sin dejar rastro.

Alarmado y pensando que se trataba de un tío loco que había saltado del auto en marcha, aparqué al mismo junto a la cuneta, salí al exterior y oteé con la mirada en todas direcciones a ver si daba con aquel hombre. Pero fue en vano porque no había señales por ningún lado de él. ¿Qué había ocurrido? ¿Es que acaso yo estaba soñando y en cualquier momento me despertaría al lado de la canadiense?

Como pueda imaginar el lector quedé sumido en un profundo estupor, y volví a reemprender el viaje sin dejar de preguntarme qué había pasado. Tan asustado estaba que me dirigí a un bar que había en aquella zona del Garraf a tomar una copa de coñac.

Tan pronto como me adentré en el local y me hubieron servido dicha copa, tuve necesidad de contarle lo sucedido a alguien; por lo que hablé con el camarero que era a quien tenía más a mano.

Le expliqué con detalle lo que me había sucedido, pero éste me sonrió de un modo significativo.

-Quizás piense que me lo invento, o que estoy loco. Pero le juro que lo que le he contado es verdad - dije yo.

-No es usted el primero al que le ocurre ese caso tan curioso, ni será el último - respondió el camarero-. Hace cinco años que en el mismo lugar donde se ha encontrado con este tal Arturo Guillem hubo un fatal accidente de coche en el que murió el conductor cuya descripción física coincide con la que usted me ha dado, el cual al parecer era un importante hombre de negocios que viajaba con su amante que también murió. Lo que usted ha visto ha sido el espectro del negociante, que se ha quedado atrapado en este mundo.

- Pero esto que usted me dice es increíble, absurdo. La Ciencia no cree en estas cosas tan etéreas - arguí sin dar crédito a lo que me contaban.

-La Ciencia es muy cauta, señor - intervino uno de los clientes bastante joven que estaba tomando una taza de café-.Si mirásemos nuestro cuerpo con un microscopio electrónico, veríamos a las moléculas, luego a las células, a continuación a los átomos, y por último a las partículas elementales. Todos somos energía al igual que las estrellas del firmamento. Es posible que el "cuerpo" energético de ese tal Arturo Guillem; su fantasma si lo quiere ver así, todavía esté rondando por aquí y que le haya hecho una broma pesada.

Aquella noche no pude conciliar el sueño. Pero desde aquel día mi concepción de mis creencias cambiaron radicalmente. Pero al siguiente año decidì ir de vacaciones estivales a la Costa Brava, y no quise saber nada de Sitges por lo que puediera pasar.

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  • Me gustó mucho, muy interesante, descriptivo y fluido... siempre me interesaron este tipo de narraciones, en especial de España... aquí en Argentina sólo se narra sobre economía y finanzas... Saludos...
    No conozco esos lugares, pero los vi a través de tus palabras, un saludo
    ¡ Ostras, qué miedo me ha dado, con esa descripción tan pormenorizada!, menos mal que, a estas alturas, no tengo intención de renovar mi carné de conducir, porque no hay seguro que quiera cubrir a este semejante kamikaze de despistes y de peligro al volante en carretera. Una vez más, felicitaciones y gracias por estos momentos de intensa atención al leerte. k.f.
    Buen relato Francesc. Estupendo. El Garraf lo tengo a 5 m y Sitges a 10... Esperemos que Arturo Guillém se quede por esos parajes. Me ha gustado mucho tu comentario solidario a Flor de Loto en que se me nombraba. Ya te llamaré. Saludos
    Como siempre logras captar la atención del lector, con tu maestría, un abrazo amigo Francesc!!!!
    Buen relato. Capta la atención lentamente y va llevando al lector sin violencia y con naturalidad hasta el final. Y tienes razón, es sobrenatural; pero no de terror. Saludos.
    Me gusta mucho. No sé si en el fondo todos los humanos compartimos las mismas preocupaciones, pero al menos esas son las mías también. Ahora tengo que decir que también conozco a una Mónica que vive en Barcelona, pero ésta es cubana. Estudiamos juntos en el bachillerato. Era una bella niña, y luego una bella mujer. Ahora seguirá siendo bella.
    Interesante relato!. Me llama la atención cualquier cosa referida al Garraf, paso a menudo desde hace muchos años y siempre he pensado que es un pequeño paseo de lujo, en las alturas, con montañas llenas de pinos a un lado y el mar abajo, azul contra gris y verde. La autopista que está superpuesta no tiene ni la mitad de gracia. Pero sí que he visto bastantes accidentes en las curvas, por lo que podría pasar algo similar a lo que escribes. No te pierdas por ello el hermoso Sitges! Lo dicho, buen relato! Saludos, Francesc!
  • Hace escasos días que un conocido mío me explicó esta historia que le había sucedido, y a otros tantos como él, con algunas variantes.

    Nos vanagloriamos de la libertad de opinón, pero ésta está sujeta a otros intereses.

    Este relato me lo explicaron cuando era un niño, y yo lo he recuperado. Serena, no te asustes; pero cuando vayas a dormir mira antes debajo de la cama por si acaso.

    Como me preocupa la sociedad en la que vivo, hago una reflexión sobre la tolerancia a partir de un incidente ocurrido en la población en la que vivo.

    Una reflexión acerca de este género musical.

    La historia de un supuesto contactado con un habitante de otro planeta.

    Esta historia está inspirada en hechos reales como dicen los títulos de crédito de algunas películas; y está escrita a partir de los fundamentalismos intolerantes de algunos partidos políticos que resucitan hoy en día.

    Un hombre escéptico sobre la relación de pareja entre dos sexos, se ve atrapado en un inusitado sentimiento amoroso con una mujer singular.

    Continuación del anterior relato sobre los sueños, que me lo solicitó un amigo argentino psiquiatra.

    Los sueños son un reflejo de nuestro pálpito vital que tienen su significado.

He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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