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4 min
El mundo sin Peppa Pig
Humor |
20.10.18
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Sinopsis

¿Te gusta el dibujito Peppa Pig?

En la ciudad de Rivera, los padres (generalmente del lado masculino), tenemos idea de lo que sería un mundo sin Peppa Pig.

La catástrofe más sub humana se precipitaría sobre nuestras cabezas y nuestra existencia se terminaría con la velocidad de un soslayo.

Al comenzar la musiquita y cuando el marrano rosado aparece en la pantalla haciendo peripecias, los “botijas” ya se van alienando.

Puede que se caguen, que coman sin saber que están comiendo carne y cosas nutritivas que de otra forma nos escupirían a nosotros, a la sillita en donde los ponemos presos para alimentarlos, a las paredes, al piso, a nuestras ropas y varios metros a la redonda.

Sin Peppa, el mundo es puro caos. Los llantos dominarían los mediodías y las madres y los padres, sobre todo los padres, fregaríamos el piso con nuestras canas verdosas.

De pronto, aparece Papá Pig. Un héroe, que además de estar en el mundo de Pepa y calmarnos a los proyectos de humanos, sufre bulling por parte de su propia familia.

En serio. El tipo es re bien y de repente Pepa sale con que la contraseña de la casa del árbol es “La barrigota de Papá Pig”. Su viejo, se muestra muy molesto, pero no cambian la puerca contraseña.

Sé que al final, todos se tiran en el piso a reírse y ahí es donde me entra la duda.

¿Será que se fuman alguna substancia que no se les revela a nosotros los telespectadores?

Sencillamente se dejan caer al mejor estilo “ataque de epilepsia” y se terminó el capítulo.

Maldita sea. El gurí nos mira y dice como cincuenta veces Peppa, Peppa, Peppa, Peppa, Peppa y nosotros rezamos para que no pasen Hi 5 y que la maldita chancha aparezca de nuevo.

A todo esto el pebete nos escupió, se cagó una caca diarreica que traspasó el pañal y el bodi y por lo tanto debemos cargarlos al baño todos embadurnados en puré de zapallos y en “popó” para fregar el malcriado que grita el nombre del marrano parlante en cuestión.

Al volver a la mesita, ya no quiere más el brócoli, ya no quiere más la lenteja, ni el jugo de papaya al cual le pusimos un jarabe para que se metiera de manera camuflada en su cuerpo, quiere…¿adivinen qué? Si…eso mismo…Peppa Pig.

Acomodamos la computadora frente a la mesa de la cocina y el todopoderoso youtube nos salva con horas y horas ininterrumpidas de chanchos bailando y remontando cometas, y para colmo de los colmos, el bicho maligno de color rosa y su mundo, no tienen volumen (o sea que no se ven en perspectiva con respecto a las ondulaciones del cabello, a marcas o detalles de una grafopeya) como si hubiera sido hecho en Paint por uno de los mocosos que van al jardín. ¡Esto es un complot!

Aparece Mamá Pig que es la voz de la razón en todo este embrollo, Jorge que debería haber nacido en el período jurásico, debido a que solo rompe las polainas con aquel bicho verde y cuando se lo quitan, llora como una Magdalena.

Nosotros aprovechamos para lavarnos los dientes, hacer pipí, y hasta podemos sestear un par de horas, porque el gurí está en la “dimensión desconocida” y muy probablemente vaya a emerger un día de la sillita al mejor estilo “Cien años de soledad” en el último capítulo.

Estamos en el medio de la siesta.  Soñábamos con el Indio Solari que nos decía “no lo soñé” y olemos que se corta la luz.

El botija berra y grita el nombre del chancho hasta que allá en el fondo de su garganta, bien allá en el fondo, un gruñido al mejor estilo oink, oink, sale de su boca.

 

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Me gusta la literatura, soy fanático de los libros y me gusta cocinar. En realidad me gano la vida como cocinero y me gusta leer. Soy licenciado en letras y me gusta Borges entre otros. Me gusta escribir y ser una persona que lee la vanguardia. Me gusta la literatura Uruguaya y la del Brasil.

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