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10 min
El nahual. Capítulo I
Fantasía |
05.02.20
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Sinopsis

Este relato está basado en su totalidad en cultura y mitología mexica, por lo cual, quizá algunas personas puedan no entender nombres y conceptos, sin embargo espero les pueda gustar.

Malinalxochitl, joven y bella mujer, hija de Tlilcuetpalin, un notable guerrero quien ostentaba el cargo de Tlacateccatl de las fuerzas militares mexicas. Y de Atotoztli, mujer perteneciente a la nobleza quien, lastimosamente había muerto al dar a luz a su hija. A su vez, se encontraba comprometida con Ipalnemohuani, caudillo que cumplía con su formación como ocelopilli. Malinalxochitl, como toda mujer de la época, era educada e instruida para cumplir con las labores hogareñas y preparada para, en un futuro educar a sus hijos, sin embargo el ser hija única de un importante líder tenía algunas ventajas. Desde muy pequeña, su padre le había dado educación militar, más concretamente la preparó para usar diversas armas. Tlilcuetpalin consideró que su vástago requería está formación, puesto que en los alrededores de Cuauhmixtitlan existían muchas amenazas para una mujer sin preparación. Esto quedó demostrado cuando, aún siendo una niña Malinalxochitl fue capaz de matar ella sola a un coyote que se disponía a atacarla. Esta respetable hazaña la había logrado con la ayuda de un tecpatl que su padre había elaborado para ella. Cierto día, se alistaba para ir a orillas del río Tlamanalco y disponerse a lavar sus prendas y las de su progenitor, quien como todos los días se encontraba en el Tlacatecco, un cuartel militar en el que se educaba a quienes aspiraban a convertirse en fieros guerreros. Justo después de preparar la comida, Malinalxochitl tomó un par de cestos, en los que introdujo la ropa y su tecpatl el cual nunca olvidaba y se encaminó al ya citado río. Mientras caminaba, pensó en cómo sería su vida al lado de Ipalnemohuani de quien estaba perdidamente enamorada. La unión estaba cerca, a su prometido solo le restaban pocos meses de entrenamiento para reclamar sus votos como ocelopilli y unirse en matrimonio con su amada. La emoción de la chica al pensar esto era tan inmensa que el trayecto lo noto sumamente corto y cuando se dio cuenta ya estaba parada frente al río. Rápidamente se poso frente a una gran roca y comenzó a sacar las prendas de los cestos, tomó el tecpatl y lo coloco a su derecha por si algo se suscitaba. Mientras realizaba su labor, su mente divagaba en multitud de pensamientos, imaginaba a su padre, a su madre a quien nunca pudo conocer y claro a Ipalnemohuani. Todas estas ideas provocaron que no se enfocará por completo en la tarea que realizaba y cuando se dio cuenta la noche estaba próxima a caer y aun tenía una buena cantidad de prendas que la aguardaban. Así pues, dejo atrás sus pensamientos y se dispuso a lavar con mayor ahínco. Para su mala fortuna, todo ese esfuerzo no fue capaz de liberarla de ser presa del crepúsculo; sin embargo esto no fue impedimento para que terminará por cumplir su loable trabajo. La luz de la luna y las estrellas le hacían compañía y le ayudaban a alumbrar, aunque fuera tan solo un poco, aquella fría noche. Cerca de que cayera la madrugada, finalmente pudo concluir su ardua tarea, doblo la ropa, aún húmeda, la guardo en sus cestos, tomo su tecpatl y se dispuso a ir de vuelta a su hogar para terminar de secar la ropa y después disponerse a descansar. Apenas daba unos cuantos pasos, cuando de pronto y a lo lejos, escucho el llanto de un bebé. En primera instancia creyó que no era más que el fruto de su cansancio y del sueño de los cuales era presa, por lo cual no se detuvo y prosiguió con su andanza. Avanzo unos cuantos metros, cuando de nuevo fue sorprendida por el mismo chillido desconsolado. Se desconcertó y de inmediato desecho la idea de que ese llanto fuera solo su imaginación, por unos segundos permaneció quieta sin saber que hacer, mientras intentaba dilucidar el origen de ese gimoteo. Sólo reacciono hasta que, de nuevo escucho al bebé llorar, pero esta vez había algo siniestro, dicho sonido reflejaba dolor, como si esa indefensa criatura estuviera siendo víctima del más hórrido de los actos. Finalmente puedo reaccionar, sin soltar los cestos, camino de regreso al río con la intención de descubrir el origen y el motivo por el cual lloraba el bebé, apresuró el paso y rápidamente regreso a la orilla. Estando ahí movía la cabeza de un lado y otro intentando ver algo sin obtener resultado alguno. Supuso que el desafortunado bebé había corrido con el peor de los destinos, debido a que ya no volvió a escuchar su llanto y mucho menos pudo ver nada. Pensó que en cuanto regresara a su casa le contaría a su padre lo que había pasado, para que regresaran a la mañana siguiente a buscar algún indicio de lo sucedido. Estaba por abandonar el lugar cuando, repentinamente y aparentemente muy cerca escucho un sollozo e inmediatamente soltó sus cestos, no sin antes tomar fuertemente su tecpatl y se apresuró buscando al infortunado bebé. Para su dicha el sonido no disminuía, al contrario, lo escuchaba más y más cerca. En sus pasos reflejaba el miedo que la había invadido debido a que no sabía con qué se iba a encontrar, al punto de creer que una persona sin escrúpulos estaba golpeando o incluso intentando acabar con la vida de esa pobre criatura, no obstante no podía simplemente ignorar a un bebé que parecía necesitar su ayuda. Siguió caminando hasta un punto en el cual la luna se posaba e iluminaba brillantemente el camino, esto apacigüó un poco su miedo ya que no se encontraba en completa penumbra y ahora contaba con un poco de luz. Caminaba por el borde del río y a la par movía el cuello intentado encontrar al bebé quien no dejaba de emitir esbozos. Quedó estupefacta al darse cuenta que el origen de los mismos se encontraba dentro de las aguas del río, no podía explicar como era esto posible. Se preguntó como era viable que un bebé o cualquier persona pudiera emitir sonidos tan claros y fuertes estando debajo del agua. Los latidos de su corazón aumentaron estrepitosamente, sabía que algo extraño y muy malo estaba pasando y que seguramente aquello era cualquier cosa menos un bebé. Estaba dispuesta a huir del lugar, pero terriblemente para ella, la criatura que asechaba tenía otros planes. Justo cuando se giró para emprender su huida, fue bruscamente tomada por la cintura por lo que parecía ser una cuerda enorme, pero con una extraña terminación que daba la impresión de ser una mano gigantesca. Los gritos pidiendo ayuda no se hicieron esperar por parte de la desdichada, quien empleaba toda su fuerza para intentar librarse sin obtener resultado favorable. Sentía como la supuesta cuerda la apretaba tanto que parecía la iba a partir por la mitad, la estrujaba tan fuerte que cada vez le era más difícil respirar. Justo cuando su fuerza se agotaba y parecía se había resignado al destino que la aguardaba puedo acomodar su mano de tal forma que hundió su tecpatl en la cosa que la sujetaba. Esto provocó un alarido tétrico y de intenso dolor que provenía de las aguas. Tal herida ocasionó que un horrible ser emergiera y se posará frente a ella. Este ente parecía un perro, poseía un enorme hocico lleno de pequeños, pero muy filosos dientes, en su cabeza reposaban un par de pequeñas y puntiagudos orejas, los ojos eran de un color intenso y anormalmente rojo , sus extremidades asemejaban manos y pies, pero mas que parecer humanos parecían los de un mono. Esta personificación del horror estaba recubierta de un corto pelaje grisáceo y aquello que parecía ser una cuerda no era más que su inmensa cola que, efectivamente la terminación de la misma era una deforme mano humana. En medio de los demenciales gritos de Malinalxochitl, esta bestia jadeaba a la par que, de sus enormes fauces brotaba un vomitivo líquido negro que llevaba de repulsiva humedad a su tétrico pelaje. Al mismo tiempo se acercaba lentamente a la pobre chica a la cual, a pesar de la herida seguía sujetado con su cola. Una vez frente a ella, este ser emitió un lúgubre y siniestro grito gutural como anunciando lo peor, seguidamente levantó uno de sus largos y asquerosos brazos, tomó la cara de Malinalxochitl y con el otro comenzó a sacarle los dientes, uno a uno. El dolor experimentado era intenso e indescriptible, en medio de esta agonía, la mujer, como podía imploraba piedad, pero esta horrida aparición no cesaba en su tortura. La boca de Malinalxochitl expulsaba chorros de sangre, manchando su impecable y blanco vestido, sus súplicas disminuyeron en intensidad debido al tormento al que estaba sujeta, ya no le quedaban más fuerzas para seguir suplicando por su vida, ya solo le restaba esperar la muerte, pero la bestia aún no culminaba su dantesca obra. Después de terminar por arrancarle hasta el último de los dientes, dejó de sujetarla con su cola, tomó el tecpatl que le había quedado incrustado y lo dejó caer justo a un costado de donde yacían los dientes de la malaventurada joven. Se acercó a ella que reposaba en el suelo, poso su repugnante cuerpo sobre el ella y sin más comenzó a sacarle los ojos. Esto, como cabría esperar provocó de nuevo los gritos desconsolados de Malinalxochitl, quien no podía hacer más que manotear y patalear como única defensa. Una vez logró extirpale los globos oculares, este animal, bestia o cualquier cosa que fuere, se apresuró a abrir el vientre de la mujer para comenzar a devorar sus entrañas. Uno por uno tomaba sus órganos y de un solo bocado los engullía. Una vez que terminó con su banquete, tomó un poco de la sangre que aún se encontraba en el desmembrado cuerpo y se dio un pavoroso baño con ella. Por si todo lo anterior relatado no fuese lo suficientemente siniestro, el ser se paro sobre el torso destruido de Malinalxochitl y con la mano que había en la terminación de su cola le arranco la cabeza y la llevó consigo al fondo del río.
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