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7 min
El ojo de cristal
Suspense |
22.03.20
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Sinopsis

Una pequeña historia para perder el tiempo en cuarentena

 EL OJO DE CRISTAL

Vivo acá desde que tengo conciencia, sin un lugar a dónde volver las calles se volvieron mi sala, las plantas mi almohada y las estrellas mi manto que arropa cada noche de sueño. Pero estoy bien sin culpa ni perjuicio, no siento nada. Pero a pesar de todo hay un lugar en especial que me gusta siempre visitar, un parque de rosas donde congregan las flores y las personas.

 

A veces suelo jugar con las personas, en especial con los niños. Los viejos hablan de mí como si fuera un fantasma diciendo que hay un niño que camina cerca al parque molestando a los animales; por curiosidad los más jóvenes siempre vienen en la noche a buscarme con intención inocente de jugar conmigo; yo, siguiéndoles la corriente, me oculto entre las plantas y árboles como ente maligno y muevo las rocas y arbustos para asustar a los niños, tengo una buena fama y me gustaría que sea así. Después de que se iban me acomodaba en la cima de un árbol y ahí descansaba mirando lo bello que era mi manto que me cubre todas las noches.

 

Un día mientras caminaba por el parque ocurrió un accidente de tránsito que involucró una persona, pensé en acercarme pero decidí mejor mirar desde lejos, “ojalá esté bien esa persona” pensé con la boca; “está bien hijito no te preocupes, o al menos lo estará” respondió una débil y arrugada voz, yo asustado me volteo sin pensarlo espantando a las palomas que estaban junto a mí. “Oye muchacho asustaste a mis amigas” me dijo una tierna anciana.

 

“Lo siento no me di cuenta señora” le respondo a la anciana. Ella tenía una ropa bastante descuidada donde predominaba el negro y el gris, pero lo que me sorprendió de ella fue que de su ojo derecho salía un brillo muy particular. Perdido en mis pensamientos,  la anciana me despierta diciendo “¿Qué pasa hijito?, puede que este vieja pero no es para tanto”; me sentí algo mal por ella por lo que solo me limité a disculparme, posteriormente me invitó a sentarme junto a ella justificando tal invitación de que ya estaba vieja y que en cualquier momento moriría, no pude decirle que no.

Estuvimos charlando un buen rato acerca de nuestros gustos, pasatiempos y preguntas típicas de toda conversación pero con todo eso, no pude quitar mi vista de ese ojo tan brillante que me exigía atención. Ya cuando la anciana decidió irse a su hogar no pude evitar hacerle la pregunta: “¿Disculpe, ¿Por qué su ojo brilla?”, la anciana no me respondió por unos segundo pero al final habló: “Es de cristal hijo, es mejor que tener un hoyo en la cara”, la anciana me dio una respuesta clara pero decidí abrir mi bocota con una pregunta innecesaria: “Pero si no le sirve para ver, un parche no es tan mal idea” la anciana se rió y me dijo: “ Tienes razón hijito, pero es especial para mí, si vienes mañana te contaré su historia, ¿está bien?”. Me sorprendió esa respuesta y acepte la solicitud de la tierna anciana. Ya solo en el parque, me acomodé en un suave arbusto que me hizo sentir como si flotara, eso me ayudó a descansar dado que me encontraba intrigado con la historia de ese ojo.

A la mañana siguiente, me levanté muy temprano, de hecho demasiado; no veía a la anciana en ningún lado por lo que me decidí a pasear por las calles. Pasado ya una hora escuche una triste noticia, el hombre que se encontró en un accidente murió, esa noticia si me sorprendió, por lo que decidí regresar al parque corriendo y ver el lugar del accidente y de paso contárselo a la anciana.

Ya en el parque, vi a la anciana sentada en la misma banca de ayer por lo que me acerqué y procedí a contarle la nefasta noticia.

“Me mintió, la persona del accidente murió”, la anciana con una actitud tranquila me dijo: “Muchachito me sorprendiste, es una pena lo del señor pero va estar bien te lo aseguro, vamos cal mate”; tenía razón no era su culpa, ella dijo eso para que no me preocupara, me senté a su lado y me puse a ayudarla a alimentar a las palomas mientras hablábamos de estas sin interrupción alguna. Pasado un rato quería preguntarle sobre su ojo de cristal a fin de cuentas me debía una historia, pero algo me detenía. Ya cuando se estaba haciendo tarde, no habíamos tocado en ningún momento el tema, pensé que se le había olvidado, es una lástima.

 

Pero por casualidad, vi que la señora llevaba dos zapatos distintos, “Sus zapatos son diferentes” esas palabras las escucho la anciana por lo que decidió responderme:” ¿Así?, jajaja, que tonta que soy, perdón apenas puedo ver con mi ojo bueno y no puedo hacer nada”. Me arrepentí de lo que dije, me sentí muy mal, pero eso me dio valentía para preguntarle por su ojo derecho: “Y el ojo de cristal, ¿no le sirve?”, la anciana me dijo casi de forma inmediata: “no, lastimosamente no”, me sentí decepcionado, con esa respuesta la historia de eso ojo debería ser aburrida.

Ya cuando era muy de noche, la anciana se despidió de mí diciendo que quería encontrarse conmigo mañana, yo acepte más por pena que por interés. Esa noche decidí dormir en esa banca donde nos sentamos.

 

Al día siguiente un fuerte sonido me despertó, un poste de luz se había caído y una persona se encontraba justo debajo de él, la sangre en el suelo adornaba su cuerpo, fue una escena horrible.

Decidí levantarme, y de sorpresa me encontré con la anciana que estaba sentado al lado de mí.

 

“Ya te despertaste que bueno, escuche un fuerte golpe ¿Qué fue?”. No tuve fuerza para decirle.

“¿Murió alguien verdad?, que pena, puedo ver a esa persona desde acá”, me sorprendió esa respuesta, pensé que la anciana era ciega; “Un poste aplastó a un señor, fue una muerte dolorosa” le dije a la anciana y ella me responde: “¿Fue un poste? Que muerte más lamentable”.

 

“¿Viste a la persona pero no al poste? Pero más aún ¿Pensé que apenas podías ver” tenía que decir esa pregunta. La anciana con un voz tranquila y con mucha lástima dijo: “Es verdad hijo, no puedo ver el mundo con este ojo que me queda, pero con el derecho puedo ver lo que otros no pueden”. Esa respuesta me sorprendió nunca la esperé por lo que dije: “¿Entonces me estás diciendo que tu ojo de cristal te permite ver a los muertos?”, la anciana con una voz firme pero siempre dulce me responde: “Si hijito, las almas que no están listas para irse”, esa respuesta le dio más intriga a la conversación;

 

“Entonces ¿porque no viste al primer muerto y a este si?” le pregunto ansioso a la anciana y esta responde: “El primero buscaba morir, estaba listo, en cambio este señor no quería; en términos simple la primera persona se suicidó utilizando como medio un accidente de tránsito”.

La conversación se estaba haciendo oscura, muy oscura pero me encontraba tranquilo sin sentir nada. Por lo que decidí soltar mi última pregunta:”Jajaja que buena historia, pero tú me ves perfectamente, ¿Vas a decir entonces que yo también estoy muerto?.

 

La anciana no respondió la pregunta, solo guardó silencio. Una sensación fría apareció en mi cuerpo por primera vez

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