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6 min
EL PASADO ME ENCUENTRA EN UN SUEÑO
Drama |
22.08.17
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Sinopsis

El pasado rememorado por un sueño corto e intenso...

Las lechuzas vuelan a mi alrededor y no puedo sentir otra cosa que nostalgia. No sé el porqué, pero así es. 

Me despierto y de ese sueño nace un sentimiento que nunca antes había sentido. Una especie de tristeza y melancolía que inhunda mi ser.

No tengo ni idea de cómo un sueño con unas cuantas lechuzas me ha hecho sentir todo eso. Pero ahí está y no parece separarse de mí.

Busco en un libro de simbología de animales que tengo por casa que es lo que quiere decir la lechuza y me encuentro en que es un símbolo de la sabiduría y protector de la ignorancia.

Veo en un apartado que en Babilonia usaban talismanes con figuras de lechuzas para proteger a las mujeres en el parto. 

Es ahí cuando recuerdo. Recuerdo el hecho de que mi mujer murió tras dar a luz y que nació mi hija Selena a la cual no le di el cariño que ella necesitaba. El cariño suplementario de alguien más que no fuera yo nunca lo tuvo.

Ahora Selena está lejos y no sé ni siquiera donde para. Es una joven viajera, cómo yo y su madre habíamos sido. Cómo Juan Salvador Gaviota, Selena nunca se dejó embaucar por las adversidades y las limitaciones y dejó una estela en el camino de cada persona que conocía, sin llegar a entrar dentro de sus vidas. 

Ahora la recuerdo en cada faceta de su vida, tan risueña y malcarada, tan sensible y reservada, llena de vida pero también de pena. Una pena que nunca le vi pero que ahora aparece en sus berrinches, en sus gritos, en sus ausentes idas y venidas, en sus pocas palabras.

No puedo creer que haya pasado tanto tiempo y sólo hoy haya podido rememorar tantos recuerdos olvidados junto a la mesilla de noche donde está la foto de Selena cuando era niña y de mi mujer el día que nos casamos.

Me siento en la cama y miro sus rostros sin pestañear. No puedo evitarlo y un sollozo sale de mi garganta junto con las lágrimas rebosantes en mis mejillas mientras hundo mi rostro entre mis brazos. 

Siempre había querido sacar ese dolor de alguna manera y lloro y lloro sin parar, cómo un torrente de agua que baja por la cascada. 

Cada vez las ansias de verter fuera de mí lo que sentía tras tanto tiempo cubrido por la monotonía, se hacen más ligeras y como si no hubiera pasado nada y todo a la vez, encuentro un sentimiento radiante dentro de mí. Puro y tranquilo. 

Me siento liberado y soy capaz de pensar con claridad todo cuanto necesito hacer en mi vida.

Mirar el pasado me ha hecho sentirme revuelto pero me ha servido para nutrir lo que quiero tener en mi futuro.

Tras lavarme la cara con las manos y sacarme los mocos con un pañuelo voy lentamente hacia mi escritorio donde tengo guardado el número de teléfono de mi hija.

Tecleo el número de Selena en el teléfono que tengo en casa y espero un instante que se me antoja eterno antes de que suene el primer pitido.

Estoy nervioso, muy nervioso. Da el primer tono. No sé que será de ella y qué explicarle. Otro tono. No puedo esperar más y al mismo tiempo siento que no puedo con esto. El siguiente tono. Estoy abrumado porque ya no sé si no quiere cogerlo o no está disponible.

- ¿Papá?

- ¡Hola hija! -digo con la voz entrecortada- Hace tiempo que no sabía de ti y quería saber cómo estabas.

No escucho nada en la otra línea y me siento desesperado. De nada ha servido que le llamara.

- Papá... -dice Selena compungida-. ¿Sabes cuánto tiempo esperaba esta llamada?

Mi cuerpo se destensa entero y me emociono al sentir que ya no tengo que dejar ninguna pluma en el tintero. Ya no. Siento que vuelvo a ser el padre que siempre he sido y al mismo tiempo nacer de nuevo para darle a mi hija todo el amor que nunca le supe dar.

- Te quiero Selena, no sabes cuánto y siento haber estado tan ausente durante tanto tiempo. Sabes que no soy hombre de muchas palabras pero no quiero que sientas que eso siempre será así. Lo siento tanto que de saber tiempo atrás que esto hubiera sido así no habría perdido el tiempo en otras cosas. 

- Lo sé papá. Siento que no hayas podido ser el padre que yo siempre había querido y que las circunstancias no fueran las más adecuadas, pero la vida sigue y cada uno tiene su camino. 

Siento una fuerte patada en el estómago de mi propio bloqueo y de esa reacción que tan poco esperaba y no puedo hace otra cosa más que decirle.

- Hija. Nunca en la vida había sentido esto y no quiero que nuestros caminos se separen de nuevo. Sé que puede sonar egoísta pero quiero seguir escuchándote y quiero que seas feliz cuando estemos juntos y cuando no lo estemos.

El silencio volvió a reinar en la otra línea.

- Papá. No sé qué decir. Deja que hablemos mañana y vamos mirando a ver cuándo nos podemos ver.

No quiero torturarla y menos ahora que sé que ella necesita tiempo para pensar todo cuánto le he dicho, que aunque poco ha sido intenso.

- De acuerdo Selena. Sólo quiero que sepas que te quiero y que quiero que vivas feliz.

- Gracias Papá. Ya hablamos. Adiós.

La comunicación se corta antes de que pueda decir nada más.

Siento un nudo en la garganta y sé que las cosas no han salido cómo yo había esperado. Pero eso se venía venir, aunque no lo he sabido prevenir.

Me levanto de la cama y sólo se me ocurre hacer una cosa. Empezar a escribir a Selena todas las cartas que nunca le escribí en el pasado.

"Querida Selena...

 

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