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5 min
EL PASAJERO
Terror |
28.01.13
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Sinopsis

El auto se deslizaba veloz por la espaciosa carretera. Tras su estela vertiginosa, se arremolinaban la últimas hojas del Otoño, que flotaban un momento en el aire, para caer de nuevo, quietas y muertas...

El auto se deslizaba veloz por la espaciosa carretera. Pilotado por experta mano, trazaba las curvas con maestría y devoraba ávidamente las rectas, desplazándose con suavidad y seguridad sobre el asfalto. Tras su estela vertiginosa, se arremolinaban las últimas hojas del Otoño, que flotaban un momento en el aire, para caer de nuevo, quietas y muertas.

Los potentes faros rasgaban la oscuridad de la noche. Noche negra de Luna Nueva y el cielo velado por negros nubarrones , barruntando tormenta. Frías ráfagas de viento soplaban por momentos, agitando los toxos y las xestas que poblaban los márgenes de la carretera y sacudiendo las copas de los robles, abedules y pinos que, cual guardianes silenciosos, flanqueaban la marcha del vehículo.

Aferrando con fuerza el volante, Paloma Martín sonreía meneando la cabeza, mientras escuchaba las declaraciones de Jesús Gil sobre el árbitro de turno. Aficionada al fútbol desde pequeña, seguía con interés todo lo relacionado con este deporte.

Además de joven, guapa y morena, Paloma es profesora de EGB en un colegio de los Oscos y este viernes de finales de Noviembre del año 1993, regresa a su domicilio, tras una tediosa reunión del claustro de profesores, más larga de lo previsto.

Moviendo con habilidad la palanca de cambios, Paloma remontó una cerrada curva en cuesta que bordeaba un bosquecillo de robles. La fuerza del viento había aumentado y las furiosas ráfagas doblaban violentamente las ramas de los árboles, amenazando con partirlas. La joven las miró intranquila y apretó el acelerador para alejarse de la zona boscosa. El vehículo, potente y fiel, superó con facilidad la pendiente y alcanzó el campo abierto. Aquí la carretera discurría en llano, por la cima de una colina, entre grandes extensiones de pastizal, algunos matorrales y esporádicos grupos de pinos.

Nada de esto veía, sin embargo, Paloma, cercada por el espeso manto de oscuridad, roto sólo por una estrecha franja, delante del automóvil. En la radio había finalizado el programa deportivo y daban el parte informativo: otro atentado de ETA, un par de manifestaciones, varias declaraciones de políticos atacándose mutuamente, las últimas acciones de servios y croatas...en fin...lo de siempre.

Paloma deseaba que un día ocurriera algo emocionante y diferente, algo sorprendente que rompiera la monotonía de la vida del mundo: una visita de marcianos, un enorme meteorito acercándose a la Tierra, el monstruo del Lago Ness, El Hombre de las Nieves, el hombre lobo paseándose por Nueva York. ...La joven entornó los ojos, soñadora, evocando todas estas cosas. Luego, los abrió de golpe, al divisar la forma blanca en mitad de la carretera.

Reprimiendo un grito, clavó los frenos. El coche se detuvo con un chirrido de neumáticos a escasos centímetros del inesperado obstáculo. Los perfiles del mismo, en un principio confusos y nebulosos, se habían definido con inquietante nitidez: un hombre, tocado con gorra y luciendo un impermeable de color claro, estaba plantado en mitad de la carretera. Tenía los brazos extendidos hacia delante, abiertas las palmas de las manos, como queriendo protegerse del golpe o detener el vehículo.

Paloma respiró hondo, desplomándose en el asiento. Le temblaba todo el cuerpo y el corazón galopaba en su pecho. Las manos del hombre rozaban prácticamente el morro del coche: medio metro más y lo hubiera atropellado. Superada la terrible impresión de los primeros segundos, la chica recuperó un poco la presencia de ánimo y observó al extraño e imprudente personaje que tenía delante, sin atreverse, de momento, a abrir la puerta. A la luz amarillenta de los faros, estudió los rasgos faciales del individuo que aparecían deformados por una mueca de intenso terror: una alucinante mezcla de sorpresa y miedo que parecía haberse congelado en su rostro. Las ráfagas de viento hacían ondear los faldones de su impermeable, una especie de guardapolvo, y la lluvia, que había comenzado a caer, azotaba su cara. Paloma observó fascinada como las gruesas gotas rebotaban en la visera de la gorra negra. En el centro de la misma, la joven maestra acertó a distinguir un pequeño búmerang de color rojo que le resultó familiar y, por un momento, aquel dibujo asorbió toda su atención, porque añadía una nota de color al siniestro aspecto del individuo.

A todo esto, el hombre del impermeable y la gorra negra con anagrama rojo, parecía ignorar por completo las inclemencias meteorológicas. El tipo permanecía perfectamente inmóvil e impasible, las piernas separadas, los brazos tendidos y el gesto de profundo espanto reflejado en sus ojos, desmesuradamente abiertos.

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  • Disfrutando de tu lectura mientras espero en un Telepizza. Excelente narración, me leeré el día y el tres...:)
    Disfrutando de tu lectura mientras espero en un Telepizza. Excelente narración, me leeré el día y el tres...:)
    Compañero Castelao, emocionante y bellísima valoración la que has dedicado a MI AMOR PEQUEÑITO. Quisiera corresponder a tu amabilidad y me apena terriblemente no poder leer cuantos relatos se hallan en tu ficha (prolífica y extensísima) con la celeridad necesaria, debido, como siempre, y ya te comenté en otra ocasión, a la falta de tiempo. Lo mismo que me sucede con otros amigos de la web. Pero como "se hace camino al andar"... poco a poco, así te iré leyendo cada vez que pueda. Esta saga de tu PASAJERO dividida en 3 me viene al pelo. Leo esta 1ª. La narración me parece tan vertiginosa e inquietante como ese auto que traza curvas de muerte con maestría. Yo ya estoy viendo la peli de cine negro, jeje. Y he disfrutado adentrándome, merced a tu buena narrativa, tras esa frenada en seco frente a la siniestra imagen , en el misterio con que Paloma se enfrentará a la que probablemente puede ser una prolongada amenaza... Y ahí me quedo, pero seguiré en cuanto pueda. Un texto que maneja la palabra con acierto indiscutible, entre lo que podría ser una visualización de imagen casi cinematográfica... Y la historia ¡promete! Me gustó mucho, compañero. Hasta pronto, abrazo y buenas noches-stavros
    Me ha gustado esta primera parte. Nos dejas con las ganas de leer la continuación. Lo que más me gusta es que lo has narrado de manera muy visual, el lector puede verse allí mismo, en el asiento de al lado con tu protagonista. Puede sentir el frío, el viento, el susto... Por ponerte un pero, uno chiquito, te aconsejaría que no usaras tantos adjetivos, porque acaban adornando demasiado un texto al que no le hacen falta adornos. Siempre he pensado que los adjetivos que sobran, matan la fluidez natural de la lectura. Pese a este pequeñísimo detalle, más opinión personal que otra cosa, me ha encantado. Leeré los dos siguientes, por supuesto!
    estaré leyendo la parte 2 y 3, saludos!!!
    Interesante, voy por la segunda, saludos!
    Me equivoque al valorarte, sigo opinando lo mismo que el primer comentario que hice
    Escribe tus comentarios...Parece que dejas al lector los posibles desenlaces. La historia tiene una buena narración.
    Unos pequeños detalles de edición le hacen falta pero el relato está lleno de fuerza. Genial
    interesante, me gusto mucho, hay una pequeñas faltas de ortografia en la escritura, pero solo son detalles, genial.
  • Mi nombre es John McKane y ésta es mi historia. En pleno uso de mis facultades mentales, paso a relatarles los inquietantes acontecimientos que me tocó vivir la última Noche de Difuntos, hace hoy exactamente un año.

    Las guerras dejan muchas heridas; a veces, las peores son aquellas que no se ven...

    Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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