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4 min
El penúltimo vagón
Terror |
24.08.13
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Sinopsis

Este relato está inspirado en una experiencia personal, cuando salía de trabajar y cogía el metro para ir a mi casa.

Subió al último vagón que estaba vacío. Se dejó caer en una banqueta de plástico duro, y cerró los ojos. Pese al ruido de la máquina, tuvo que hacer un esfuerzo por no quedarse dormida allí mismo; no quería correr el riesgo de pasarse de estación, ya que aquel era el último tren.
La idea de permanecer el resto de la noche en un andén del metro desierto, o peor aún, de tener que regresar andando hasta su casa, no resultaba para nada atractiva.
Al pensar en esto vio su reflejo en el cristal que tenía frente a ella: necesitaba un corte de pelo, y adelgazar. Lo primero era más fácil; lo segundo parecía imposible: ninguna dieta funcionaba. Moriría gorda, «qué se le va a hacer».

En la parada siguiente vio con inquietud a tres jóvenes de aspecto descuidado que se acercaron al tren; por suerte entraron en el vagón de adelante.

Ella desde donde estaba ubicada, podía ver a través de la puerta acristalada el interior del vagón vecino.

Cerró los ojos un instante. Los abrió cuando creyó oír un grito por encima de aquel ruido infernal.
Estaban cruzando uno de los túneles negros que atravesaban el bajo vientre de la ciudad, y las luces del interior parpadearon, como solía ocurrir con frecuencia.
La mujer miró por el cristal de la puerta ubicada en el extremo del vagón, y vio que uno de los jóvenes intentaba abrir la puerta del suyo con un gesto desesperado. El chico levantó los ojos y al ver a la mujer comenzó a aporrear el cristal gritando algo.
Ella no sabía qué hacer. ¿Estaba drogado el chaval?
De repente el joven desapareció de su vista, y las luces volvieron a parpadear. «Lo que faltaba» pensó. Volvió a mirar hacia el vagón de adelante, y con un sobresalto descubrió que el cristal de la puerta tenía salpicaduras de un líquido color rojo.
Se incorporó asustada y en aquel instante apareció el rostro ensangrentado de otro joven, cuyos ojos desorbitados se clavaron en la mujer. Ella se estremeció: algo horrible estaba ocurriendo allí. Después se apagaron las luces.
Decidida, se levantó y a tientas buscó el botón de emergencias para detener el tren. No lo encontraba. Tropezó en la oscuridad y se golpeó una rodilla. ¿Cuándo volvería la luz?
En respuesta esta llegó, parpadeante y débil.
Fue hasta el botón y lo pulsó. No oyó nada. ¿Había sonado?
Algo atrajo su mirada hacia el vagón de adelante: este continuaba a oscuras.
Entonces se dio cuenta de que hacía tiempo que el tren no se detenía en ninguna estación. ¿Dónde se encontraban ahora?
Miró su reloj: habían pasado quince minutos. Cinco más y llegaría a su parada. Allí pensaba dar aviso al guarda de seguridad.
Con esta idea volvió a sentarse, un poco más tranquila.
Momentos después resonó un alarido por encima del ruido del tren, proveniente del vagón delantero, todavía a oscuras.
La mujer volvió a incorporarse, con la respiración entrecortada por el miedo, cuando se apagaron todas las luces.
Luego escuchó un ruido de cristales rotos; a continuación alguien estaba intentando abrir la puerta de su propio vagón.
Con la garganta cerrada por el pánico corrió hacia el otro extremo. Era inútil: estaba atrapada allí.
«¡Dios mío, Dios mío!»
Su grito se mezcló con el gemido de los motores del tren en marcha.
Una voz impersonal anunció la llegada a la estación final del recorrido.
 

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Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Fabiana te felicito por este relato
    Muy bien creada la tensión. Haces que el vagón de metro sea un lugar inquietante. Buen final abierto. Saludos.
    Me gustó mucho el final. Me dejaste en suspenso pero el final abierto siempre es mejor pues no decepciona a nadie. Gran historia, dudo volver a subirme al metro.
    La verdad que da miedo leerlo y nos dejas a oscuras con tu final... Felicidades. Slds, Rafa Núñez
    Creas una tensión y una angustia que queda en el aire con el final abierto. Me hubiera gustado saber que fue realmente lo que pasó. La próxima vez me lo pensaré dos veces antes de coger el metro.
  • Un microrrelato que tiene que ver con emociones vividas hace poco tiempo...

    Deseo aclarar que ya he recibido críticas por el tema del relato, y soy consciente de que podría no parecer "adecuado" esta historia al comenzar el año, pero en fin, son cosas de las "musas" y el inconsciente que alberga todo tipo de sombras espeluznantes, por lo menos el mío... En fin, no me gusta dar explicaciones sobre lo que escribo, de modo que lo dejo así. Un abrazo a todos y ¡feliz inicio de año!

    Relato breve.

    Relato corto.

    El desafío era escribir un diálogo; puro y simple diálogo. Me senté ante la luna llena, y escuché esta conversación.

    Las promesas siempre han sido un tema delicado para mí. En mi opinión, poseen un inmenso poder para amarrar con fuertes lazos tanto a quien promete algo, como a quien espera el cumplimiento de lo prometido. Una aclaración: en un principio había puesto este relato en "fantasía" porque no terminaba de verlo para "terror" -es previsible, y para mí el terror tiene que tener imprevisibilidad-; sin embargo como tenía dudas, ante la buena sugerencia de uno de los lectores, he cambiado la categoría. ¡Gracias, Sergio!

    Este relato está inspirado en un incidente que viví cuando era niña, en un zoológico, con un "depredador". Después de haberlo escrito, me dí cuenta de la semejanza y que había hecho "catarsis" una vez más de mis malos recuerdos, gracias a la escritura. (La historia real tuvo final feliz: mi "ángel de la guarda" me hizo escapar, y estoy viva para contarlo...)

    En realidad esto no es un relato de ficción. Escribo aquí lo que ocurrió el mes pasado durante tres días y dos noches. Fue real. Tiene que ver conmigo (una neófita en materia de aves) y con una golondrinita que no lo era tanto... Bueno, mejor los dejo para que lean la historia completa:

    Escribí esta historia inspirada en una visión que tuve cuando iba en autobús: el rostro de una mujer, de repente, se transformó en una calavera.

    Relato breve.

Disfruto leyendo y escribiendo historias. Me gustan los gatos y el mar. He publicado en Amazon tres novelas de suspense romántico, un libro de relatos, y varios cuentos infantiles.

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