cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

12 min
El perro gris
Drama |
14.09.21
  • 0
  • 0
  • 43
Sinopsis

Un lugar donde la noche no es virgen y el sol tiene resaca, un lugar donde las penas son bienvenidas y las alegrías son echadas con una copa de whisky

La noche de despechos y sueños inicia su jornada nocturna a partir de las 19:00 , los primeros dolientes y vírgenes del trago caminan hacia el bar que muchos consideran la meca de la perdición y la lujuria, en el barrio del dorado, donde las empinadas calles destrozan pulmones y corazones, se encuentra la recompensa por las largas caminatas y los robos a medio camino, “el perro gris”, un pequeño departamento de 90 m² con un escueto letrero en caligrafía horrorosa, el espacio de tragos caseros e historias de salón no cuenta con un moderno sistema de sonido más allá de un equipo prestado que toca canciones a todo volumen, hay bancas y sillas de plástico que se caen cuando el peso es excesivo y los vicios insostenibles.

En el barrio del dorado nadie ha presentado una queja en más de 15 años,  al parecer los octogenarios habitantes de pelo canoso y respiración profunda poseen los sueños más pesados al ignorar el ruido que la farra y las peleas a filo de vereda que aquel bar produce, los vecinos cuentan del buen corazón del dueño del “Perro gris”, las infinitas ocasiones cuando ayudo a don Eugenio a vender sus chocolates a los estudiantes de medicina, su disposición a pagar el arriendo de aquellos viejecitos que no tenían nada más que la ropa que llevaban puestos, aquel hombre responde al nombre de Don Sosa, un hombre gordo y de ojos color marrón claro que no trata de ocultar su calva sino que la exhibe como símbolo de orgullo, su andar es un vaivén de las lonjas que bailan en su estómago y sus piernas están a punto de explotar.

Don sosa suele salir de su bar de vez en vez para saludar a los que suele llamar “amigos de cerveza”, clientes habituales que conocen hasta la forma de respirar de aquel hombre cuya risa es la perfecta evidencia de un asmático. En la trayectoria del bar han pasado futbolistas y políticos, cantantes y pintores, vagabundos y hasta algunos cuentas príncipes de reinos lejanos.

Mateo Lasso es un hombre de 25 años que busca ingresar a aquel sitio para fotografiar evidencias de su paupérrimo estado y llevarlo a su jefe en la comisaria de salud del municipio, ha sido el único en ofrecerse al trabajo, muchos de sus colegas le habían contado que el que entra caminando al “perro gris” solo sale gateando, una afirmación que para Matero solo demuestra la imperante cultura alcohólica del país, pero el como hombre de fe no caería en el pecado.

Formado casi al final de una fila Mateo observa los rostros adelante y detrás suyo, colegiales en búsqueda de una primera experiencia, viejos nostálgicos de tiempos mejores, adultos de terno y ropa deportiva que se ríen vaticinando lo que será una aventura como ninguna otra.

- ¡Oye mi llave! – Dice un hombre detrás de Mateo con su acento guayaco - ¿tienes 2 “lucas?

- Lo siento – responde Mateo en un tono nervioso – solo tengo un billete de 10

- ¡MEJOR PUES MI PANA! – Grita el extraño mientras abraza a Mateo – pagas los de los 2 y de paso me invitas una bielita

Siendo un hombre de escritorio y de carácter algo torpe y cobarde, Mateo acepta con una falsa sonrisa y sus manos temblorosas, la fila comienza a avanzar y cada cliente paga su cuota sin revisar el cambio, Don Sosa da un fuerte apretón a cada persona y una palmadita en la espalda, los colegiales antes de enfrentarse con el guardia de 2 metros de altura repasan una y otra vez los datos falsos de sus identificaciones alteradas.

- ¡FUERA DE AQUÍ GUAMBRAS! – dice riendo Don Sosa en un gesto amable

- ¡no sea así! – Dicen en coro los colegiales – una bielita y nos vamos

- Aquí entran cuando les crezcan pelos en los huevos

Mateo se sorprende un poco por la decisión de no dejar ingresar a menores de edad pero sigue resuelto en su misión de clausurar aquel antro de mala muerte, cuando es su turno Mateo se para frente al guardia de músculos marcados y rostro serio, no hay jubilo en el semblante de aquel hombre, solo la determinación de cumplir su trabajo.

- 3.50 -  dice el guardia

- Aquí tiene – responde Mateo al dar un billete de 10

- ¡el paga por mí! – dice el hombre detrás de Mateo mientras entra muy campante

- ¡otro gil al que ese man le ve las huevas! – exclama don sosa cerca de la puerta

- ¿disculpe? – Pregunta  Mateo al dueño del bar - ¿se refiere a mí?

- ¡NOOO! – Dice don sosa en tono sarcástico – me refiero a otro pendejo con tu misma cara

La risa generalizada dentro y fuera del bar hace notar a Mateo que su experiencia en lugares de ese tipo es tan escasa que no sabe cómo responder más que con una mirada fija y el silencio de la vergüenza.

- ¡bromita no mas era! – Dice don sosa a Mateo  - estas de suerte queda solo una silla libre

- gracias

- ¡Los demás tendrán que esperar a que se desocupe el bar! – exclama a don sosa a las otras personas en la fila

Como un ser que entra al averno, Mateo ingresa a la meca de la perdición, un espacio no más grande que su departamento que sin embargo se cubre de una luz blanca de tres focos que titilan tres veces por minuto, las botellas chocan en una canción liquida y las notas tristes de los pasillos hacen derramar las primeras lágrimas de dolor.

- ¡POR AQUÍ PECHO DE CHIFLE! – grita el guayaco que había entrado por la generosidad o torpeza de Mateo

La mesa de la esquina cerca del baño es la única libre y en ella está el nuevo amigo de Mateo y un par de chicas que al verlo solo pueden reírse por su vestimenta tan de Lunes, al sentarse el joven trabajador de la salud nota los olores de un baño tan sucio que las enfermedades viajan por el aire.

- Soy Lola – dice la mujer de estatura alta y gorra hacia atrás - ¿Cómo te llamas?

- Mateo Lasso

- Que nombre tan sexi – dice su compañera de vestido azul profundo y cabello negro – pero tu carita es algo feíta

- Tranquila – dice el guayaco chocándose el pecho con el puño izquierdo – a usted le vasta y la sobra con este pechito

Mateo saca su libreta y empieza a notar todas las infracciones que puede observar, falta de higiene en los baños, en la cocina, en los pisos, ventanas cerradas, vasos sucios, su labor parece tan fácil que ya puede ver la cara de su supervisor al llegar con la evidencia fotográfica.

La música se detiene de golpe y don sosa se apresta a hablar a todos los clientes con su voz de camionero, caminando entre el poco espacio entre las mesas el regordete hombre de 50 años no dice nada y solo mira cada rostro, el bar tender le lanza una botella de su cerveza más cara y este apenas y alcanza a recogerla.

- ¡ES HORA DE LA PRIMICIA!

Esta frase desata el griterío de las personas, todos chocan con sus puños las mesas como tambores de guerra, era el llamamiento a empezar la locura que no se encuentra en otros sitios, Don sosa alza la cerveza y camina  buscando a un afortunado, se detiene en la mesa de  Mateo y le riega encima el alcohol que cae sobre su cabeza.

- ¡QUE MIERDA TE PASA! – dice mateo mientras se limpia la cabeza

- ¡sostengalo!

Varios extraños someten al joven funcionario y lo ponen encima de la barra, los sujetan de manos y pies mientras el dueño del bar se acerca con un barril de cerveza y una manguera, todos ríen y aplauden ante  tan extraña tradición

- ¡ESE ES MI PANA! – grita el guayaco con su pecho lleno de orgullo

- ¡suéltenme carajo! – dice Mateo al forcejear

-¡PRIMICIA! ¡PRIMICIA! ¡PRIMICIA!  - gritan los clientes

- ¡CIERREN LAS CORTINAS! – dice don sosa

El bar se oscurece y la luz blanca es reemplaza por un tono rojo, Mateo en esos momentos se da cuenta porque nadie de sus compañeros de trabajo quiso tomar el trabajo , podría haber sido la mala fortuna de ser el elegido o alguien había avisado de su presencia con antelación

- ¡QUE COMIENSE ESTA MIERDA! – grita el dueño del bar mientras introduce la manguera en la boca de Mateo

El alcohol viaja por su garganta de forma brutal, su cuerpo se aligera y su mente pierde algunas neuronas, las risas de los hijos del pecado se incrustan en su oído y su pecho se tiñe del color dorado de la cerveza, a los pocos segundos el alcohol de aquel barril es bañado en su rostro y en su ropa, al ser liberado deja de ser el mismo para convertirse en una recuerdo de su antigua conciencia, los parlantes emiten a todo volumen la música que resquiebra las paredes y la puerta, en algunas mesas el sexo es natural y las drogas son bienvenidas, la luz roja del sitio cubre con su manto los deseos oscuros, los besos entre amigos, las manoseadas rápidas y los golpes guardados, como un fantasma Mateo camina entre las mesas con sus ojos abiertos y su andar desbalanceado, una mano se posa en su hombro que le dice en voz dulce.

- ¡ahora comienza lo rico!

Es la mujer de vestido azul y cuerpo despampanante que lo lleva como una ninfa hacia el lago de los sueños, Lola con sus ojos lo seduce y sus manos se preparan, los siguiente en la memoria de Mateo son retazos, pequeños pedazos de una película cortada, una pelea con el guayaco a puño limpio, un beso a Lola con su cara llena de sangre, una orgia en el suelo del bar con varias personas de distinto tamaño, un grito de euforia encima de una mesa, y un desmayo al filo de la vereda.

- ¡DESPIERTE BORRACHO DESGRACIADO! – grita una viejecita

Mateo con moretones y la nariz destrozada se levanta con la peor de las jaquecas, la noche de copas parece haber sido hace eones pero apenas han pasado horas, el bar del perro gris está cerrado y don sosa camina como si nada por el barrio saludando a los vecinos.

- ¿qué pasa doña Susi? – pregunta el dueño al bar a la iracunda viejecita

- Otros de sus clientes que no se sabe medir

- A si es la gente

- Claro que usted no tiene la culpa que lleguen esta clase de tipos a su negocio

- Me siento en parte responsable – dice Don sosa

- ¡para nada! – Responde la viejecita – usted es un santo

- Favor que me hace

La conversación tan cómplice entre aquel gordo calvo y la anciana termina tan pronto Mateo vomita en la calle, el peso de algo que nunca quiso somete su cuerpo y mancha su alma puritana, al revisar sus bolsillos se da cuenta que su billetera llena de su sueldo recién cobrado había desaparecido al igual que su celular y su libreta, ya no tenía evidencias en contra del bar o la dignidad para presentarse frente a su jefe.

- Lo tiene Calabera – dice Don sosa

- ¿Quién?- pregunta Mateo

- Tu amigo guayaco de anoche, le regalaste todo antes de desmayarte, ese man se fue con las dos peladas

- ¡carajo!

- Deberías irte pana, si quieres te llamo un taxi

- no gracias, yo mismo me voy caminando

Antes de irse y como si fuera una confirmación  de una advertencia pasada, Don sosa se acerca a Mateo y le da un apretón de manos, sus mirada se cruzan como un instante que se congela en el tiempo.

- Te lo advirtieron ¿verdad? – exclama Don sosa

- ¿qué cosa? – pregunta Mateo

- Si entras al perro gris caminando, sales gateando

No hace falta una expresión de sorpresa en el joven funcionario, solo la vergüenza de haber sido derrotado y humillado, cabizbajo y sosteniendo su costado Mateo se marcha del sitio hacia un futuro donde será comisario de salud, clausurando  bares ilegales, con la fama de un estandarte de la moralidad, pero cada vez que entra al barrio el dorado observara aquel bar de mala muerte y volteara la mirada, como toda una víctima de aquel espacio de mala muerte.

 

 

 

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 9
  • 4.56
  • -

soy un aspirante a escritor, constantemente en busqueda de la herramienta que me permita graduarme en el arte de contar historias sobre distintas cosas, mi mayor anhelo es que alguna de mis creaciones llegue al corazón de una persona

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta