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5 min
EL PISOTÓN
Reales |
22.11.20
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Sinopsis

En la vida como en el baile hay que llevar el compás con tu pareja, porque si no, en el camino te dejan.

Una novia que yo tenía, para un baile de cumpleaños me invitó. Ese día saqué del closet el único traje que poseía y que desempolvaba para ocasiones especiales de aquel tiempo.

La fiesta comenzó a la ocho de la noche y estuvo amenizada por la música de la época: guaracha cubana, vallenato colombiano y merengue dominicano. La bebida para las damas era la tradicional tizana, que consistía en un preparado de trozos pequeños de frutas mezclado con jugo de naranja o piña y muchas veces, le añadían jarabe de granadina. Para los jóvenes, la tradicional “Guarapita” una bebida preparada con jugo de parchita o piña, azúcar, un toque de canela y licor; con dos tragos de ese cóctel hasta el gato bailaba.

Había transcurrido una hora de iniciada la fiesta y el ambiente se notaba muy animado. Los invitados bailaban alegremente, otros tomaban o comían. La chica se mantuvo a mi lado, quizás esperando bailar conmigo, pero bailar yo no sabía. En muchas oportunidades traté de aprender con la ayuda de mis hermanas, pero la música iba por un lado y mis pies por otro.

La chica me obsequió un trago de guarapita y lo acepté con agrado, luego vino el otro. Con el tercero sentí las orejas calientes, estaba eufórico. Perdí el miedo y sentía ganas de bailar. Invité a mi novia al salón de baile y ella aceptó gustosamente. Pienso que los tragos que me ofreció fue una manera muy disimulada de romper el aburrimiento. Le expliqué que bailaba muy poco y le pedí ayuda para el aprendizaje. Ella aceptó y comenzó a darme las primeras lecciones. La primera pieza estuvo muy bien, aprendí la lección y pude terminar el baile sin contratiempo.

Como ya los tragos me habían exaltados los ánimos, quise continuar el baile. Invité nuevamente a mi novia a bailar y ella me correspondió amablemente, pero no gustosamente, lo vi en la expresión de su cara, pero mis ánimos estaban al máximo. estaba alegre y quería seguir la fiesta. En ese momento, la música que se escuchó fue un vallenato colombiano, “Cabeza de hacha” de ritmo muy rápido. Cuando inicié el baile y adelanté el pie derecho le monté un pisotón sobre dedo gordo del pie izquierdo. La primera reacción de la chica fue darme un empujón y salir corriendo, ante tal reacción me quedé en el medio del salón como «pajarito en rama», mirando a todas partes. No supe que hacer, busqué un sitio donde sentarme y esperé que ella saliera de su habitación para disculparme por el pisotón.

Media hora después la chica salió de la habitación manifestando dolor en el pie y el dedo gordo estaba como una bombilla encendida. Le ofrecí disculpas, le pedí perdón, no hallaba que hacer para reparar aquel momento tan desagradable. Ella aceptó mis disculpas, pero no pude aliviar su dolor ni su disgusto.

Repentinamente, la música se detuvo y se escuchó la entonación de una canción mexicana, “Las mañanitas”, en honor a la cumpleañera. El joven que la interpretaba, también tocaba la guitarra. Todas las personas se agolparon a su alrededor para escucharlo. A mi novia le brillaron los ojos de entusiasmo, el dolor desapareció, esbozó una amplia sonrisa, se levantó de la silla y se unió al grupo de oyentes.

Esa noche el joven cantante interpretó varias canciones y todas las chicas, entre ellas, la mía, rodeaban al cantante. Durante el tiempo que estuvo el cantante en la fiesta, todas las chicas estaban a su alrededor. Los jóvenes, entre ellos me encontraba yo, quedamos como novio de pueblo “vestido y alborotado”. Desde ese momento se acabaron las bebidas, las palabras bonitas y las atenciones para mí, como dice un dicho en mi pueblo “Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros”

En vista de la situación y algo molesto decidí retirarme de la fiesta, la excusa «ya era muy tarde». Fui en busca de mi novia y me despedí de ella y su familia. Noté cierta frialdad en aquella despedida, no me acompañó hasta la puerta como era su costumbre, se quedó en el sitio donde estaba el grupo rodeando al joven cantante, solo un «hasta luego» fueron sus palabras.

Tres meses después de aquel pisotón, un amigo se acercó a mí y me comunicó, que mi chica estaba en un lugar cercano agarrada de la mano con el cantor de las mañanitas.

Aquella información generó en mi cierta angustia. Al principio no quería creerlo, porque temía fuese realidad aquella noticia, pero quise comprobar por mis propios ojos lo que estaba sucediendo. Me dirigí al sitio donde ellos se encontraban. Durante el trayecto mis deseos era no encontrarlos juntos. Deseaba que todo fuera mentira, que mi amigo quería jugarme una broma. En todo momento mi pensamiento se negaban a creerlo.

Al llegar al sitio señalado, ambos estaban abrazados. Allí comprendí, que en la vida como en el baile hay que llevar el compás con tu pareja, porque si no, en el camino te dejan.

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  • Pues así es Ramon. Sucede también que muchas mujeres se sienten realizadas a través del baile y de la música, y buscan a la pareja que sincronice con ellas. Si en el ritual del baile su acompañante no las sigue, se desentienden de él. Lo he visto en muchas ocasiones. La protagonista de mi relato LOS INADAPTADOS... era un ser muy anodino, con un único fin. Huir de su familia a través del matrimonio. He conocido a mujeres así.
    En la juventud, te sueles llevar muchas decepciones , pero siempre hay alguna que no le importe no sepas bailar
    Ana , gracias por tu comentarios anécdotas de ayer
    Una historia de jóvenes divertida y aleccionadora, que muestran las costumbres en las fiestas de otrora. Sin embargo, la decepción, es una sorpresa negativa, que en oportunidades llega sin ser invitada . Saludos Dr. Ramón.
  • La vida es lo único que te pertenece, lo demás son vínculos afectivos que llenan tus espacios vacíos.

    Andar, andar sin tener claro donde llegar o qué buscar es correr el riesgo de caminar sin rumbo cierto pero, ceder al corazón la dirección de tus pasos, quizás es terminar en un lugar muy distinto al que hubiésemos querido y a veces incluso, sin posibilidad de regreso.

    La vivencia de un acontecimiento vital estresante puede provocar alteraciones emocionales de tal magnitud, que dejen como secuelas trastornos psíquicos y orgánicos.

    El miedo a la soledad se convierte en tu peor enemigo, porque domina los pensamientos, agobia con sus mentiras y falsos presentimientos.

    No hay enfermedad, sino enfermo, porque cada quien sufre o padece la enfermedad en forma diferente, según sea la razón o actitud que asume ante la vida.

    Cuando el sentimiento duerme la enfermedad despierta.

    La muerte de un ser querido representa un acontecimiento vital estresante, la no adaptación al hecho repercute en forma negativa en la persona pudiendo ocasionar trastornos psíquicos u orgánicos.

    Cuando persigues objetivos en la vida y se presentan acontecimientos, que interfieren con tus propósitos puede originar cambios emocionales.

    Los acontecimientos vitales estresantes son sucesos relevantes en la vida de las personas que lo perciben como un hecho negativo o no deseable. La vivencia de un acontecimiento vital produce cambios a lo largo de la vida de los seres humanos. La inadaptación ante estos acontecimientos ocasiona cambios en la salud de las personas con aparición de enfermedades o empeoramiento de las ya existentes. Ningún ser humano está exento de vivir un acontecimiento vital estresante y de padecer las secuelas que este le genera.

    La ausencia de los hijos crea un vacío en el hogar, un tiempo difícil de ocupar. Un triste silencio baña el ambiente familiar. Cuando los hijos se van y el hogar queda vacío, una profunda herida se abre en el corazón de los padres.

Escribir, es dejar una huella de existencia en el tiempo, Es abrir una ventana al mundo para comunicar pensamientos y sentimientos. Cuando escribo soy yo, como un libro abierto, donde cada palabra escrita expresa mi manera personal de entender e interpretar la vida.

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