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9 min
El Planeta Rojo
Ciencia Ficción |
19.02.14
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Sinopsis

John Kallester, uno de los mayores genios en ciencia ficción, fue escritor de "El Planeta Azul". En mi historia, intento dar un toque al estilo Kallester explicando como es que nuestro planeta sobrevivió a uno de los mayores eventos catastróficos gracias a un Imperio que hasta la fecha sigue perdido.

“Doctor Talfor…creo… ¡Creo que lo hemos logrado!” gritó con emoción Astrak Lukatori. El Doctor Talfor, jefe de investigación y tecnología de Dimiak, solo asintió la cabeza mientras observaba con admiración su nuevo invento. Los veintidós científicos e ingenieros que se encontraban en la sala de experimentación comenzaron a lanzar gritos de júbilo, aplaudían y se abrazaban entre ellos. El Dr. Talfor tomó su celular, buscó un contacto y esperó a que contestaran la llamada. “Presidente Akrion, lo hemos logrado, el proyecto Reconstrucción ha sido un gran éxito”. “Excelente trabajo doctor, sabía que lo lograríamos si usted se encargaba de esto. Por fin le pondremos término a esta guerra, Fobimpiak se arrepentirá de darnos la espalda,” dijo el presidente con un tono de alegría siniestra, “mandaré a los militares a recoger el artefacto para seguir con el plan.” “¡Pero señor! ¡Aún no hemos realizado las pruebas para analizar su poder! ¿No prefiere esperar un poco? Le daré los resultados en una semana.” contestó Talfor. “No tenemos una semana doctor, las fuerzas enemigas están avanzando muy rápido, si no es por su invento en unos días nos acabarían” dijo Akrion. “Lo entiendo señor presidente” respondió el Dr. Talfor. “El país está endeudado contigo Talfor,” terminó diciendo el presidente y colgó.

            “Preparen el artefacto para que el ejército lo recoja” ordenó Talfor. Los ingenieros en la sala comenzaron a arreglar el objeto para su destino. Al cabo de una hora unos cuantos helicópteros llegaron al lugar y la sala se empezó a llenar de militares. El soldado de apariencia más vieja saludó al doctor y dijo, “General Klebs a su servicio, tengo la orden de recoger el artefacto Regeneración.” “Es un placer, general,” respondió cortésmente Talfor, “creo que usted ya sabe quién soy. En cuanto al artefacto, sí, está listo para que se lo lleven y lo usen. Pero por favor tenga mucho cuidado, desconozco el poder de esta arma.” “Esa información es de mínima importancia,” respondió Klebs, “solo dígame, ¿su poder es suficientemente fuerte para derrotar Fobimpiak?” “Estoy completamente seguro de eso General,” respondió con certeza Talfor, “es mucho más potente que un Scissioniks, en vez de dividir átomos, esta bomba los fusiona creando una mayor descarga de energía.” El General Klebs mostró una ligera sonrisa y dijo, “Excelente. Por cierto, el presidente me pidió que nos reuniéramos en la capital. El helicóptero está listo afuera del edificio, tiene una hora para irse.”

            El Dr. Talfor y el General Klebs llegaron al edificio capital y fueron guiados hasta llegar a una sala donde se encontraban políticos y personas importantes del estado y hasta el fondo de la mesa el presidente Akrion. “Finalmente todos reunidos,” dijo Akrion mientras Klebs y Talfor tomaban asiento, “los hombres más importantes de Dimiak se encuentran en esta mesa para celebrar nuestra cercana victoria contra Fobimpiak. Quiero brindar por el Dr. Talfor quien gracias a él obtuvimos el arma más poderosa que cualquier ejército soñaría con conseguir.” Todos en la mesa alzaron sus copas y brindaron por Talfor. “Después de cuatro años de guerra por fin destruiremos Fobimpiak por traicionarnos” dijo Klebs con alegría cuando de pronto se abrió la puerta y entró un sujeto y gritó, “¡Destruiremos Fobimpiak, Dimiak, todo el planeta y parte del planeta vecino!” “¡Astrak!” dijo Talfor bastante sorprendido, “¿Qué haces aquí?” “Mi nombre verdadero no es Astrak, sino Isaac, y vengo a evitar que su raza elimine la nuestra.” “¿Su raza?” preguntó Klebs, “No tiene ningún sentido lo que dices.” “No soy originario de Argok,” respondió Isaac, “o como en mi planeta le decimos, Marte.” “¿De qué planeta vienes entonces?” preguntó Klebs. “Aún no comprenden ¿cierto?” dijo Isaac, “Vengo de la Tierra, mejor conocido por ustedes como Humaniark.” La mayoría de los hombres de la mesa comenzaron a reírse hasta que Talfor se le acercó a Isaac y dijo, “Astrak Lukatori, mi mejor ingeniero y asistente, ¿quieres que crea que vienes de un planeta en donde apenas se descubrieron los metales y la escritura? ¿Quieres que crea que vienes de un planeta en donde nadie se imagina que hay vida en este mundo? En Humaniark, lo que llaman tecnología nosotros lo llamamos juegos infantiles. Astrak, creo que estás muy cansado, has trabajado arduamente en este proyecto y tengo que confesar que sin ti este éxito se vería muy atrasado. Tus desvelos han sido largos con este proyecto y no estás razonando bien las cosas. Ve a casa a descansar, tómate unas vacaciones, regresa un tiempo con tu familia.” Isaac comenzó a reír a carcajadas y cuando se detuvo dijo en voz alta, “Marcianos estúpidos, no lo entienden así que me tomaré la molestia de explicarles. Dentro de dos días ustedes lanzarán esta bomba en la capital de Fobimpiak y sí, será destruida. El problema es que aún no conocen el daño que provocará esta explosión. No solo será Fobimpiak, también Dimiak y los otros siete países. Argok será reducida en cenizas, y a diferencia de un fénix, este no renacerá. Lo peor es que esto no es todo, por mí que Argok, su planeta, sea destruido. La explosión seguirá hasta alcanzar parte de mi planeta. Humaniark, mi mundo, no será destruida completamente, sin embargo, se cubrirá de humo y ceniza con lo que se extinguirá la mayor parte de la raza humana y seres vivos poco a poco. Ustedes creen que toda la raza humana es incivilizada, pero hay una cultura que ha alcanzado niveles de conocimiento parecidos a los de ustedes. Esta cultura se ha ocultado de ustedes para evitar conflictos. Esta cultura se encuentra en un continente llamado Atlantis. En caso de que ustedes descubrieran este poderoso imperio generaron un plan de escape el cual consiste en hundir todo el continente y mudarnos a la intratierra. Los atlantes, al ver que su explosión causaba la muerte a toda la raza humana, decidieron llevar este plan de escape en acción y se escondieron para así sobrevivir. Pasaron miles y miles de años y Atlantis seguía subsitiendo a duras penas. Los científicos atlantes buscaron una solución durante mucho tiempo hasta que un día descubrieron la forma de enviar a una persona al pasado. Esta persona se infiltraría entre los habitantes de Argok y se aseguraría de detener su catástrofe. Ese viajero en el tiempo es conocido por ustedes como Astrak Lukatori.”

            Hubo un gran silencio en la sala hasta que el presidente comenzó a reír y exclamó, “¡Interesante historia nos has contado muchacho! La única razón por la cual no te enviaré a un manicomio es porque me has hecho reír. Ahora te pido que te largues de mi vista ya que tengo una guerra que ganar ó tendré que mandar a que te saquen.” Isaac no se movió y terminó diciendo, “He dedicado mi tiempo desde hace siete años en los cuales logré colocar nueve satélites que están orbitando ahora mismo los cuales dispararán ondas de calor que evaporarán ríos, mares, lagos y toda fuente de agua. Toda la vida de este planeta desparecerá lentamente a menos de que usted aborte su plan de activar esa bomba a Fobimpiak y olvidar esta estúpida guerra. Decida ahora mismo.”

            En la sala hubo un gran escándalo hasta que el presidente Akrion enfurecido gritó, “¡Eres un maldito traidor! ¡Estoy seguro que eres un espía de Fobimpiak intentando detener nuestra victoria sobre ese país repugnante! ¡Nada me detendrá de destruir esa mierda de país y hacerle un favor a todo Argok! ¡No me asustarás con cuentos absurdos! ¡¡Seguridad!! ¡Llévense a esta sabandija pestilenta de aquí y enséñenle a no meterse con Dimiak!” Cuatro hombres armados entraron corriendo a la sala cuando de pronto Isaac cubrió sus oídos con un cubre orejas y sacó un extraño objeto parecido a un celular. Un terrible sonido llenó la sala y todos los hombres quedaron paralizados (aunque conscientes). El sonido cesó e Isaac retiró su cubre orejas. Hizo una llamada en su aparato y dijo, “Isaac reportándose, los marcianos se han negado a desactivar su bomba, yo mismo la recogeré. Activen los satélites. Estoy seguro que buscarán guerra contra nosotros así que hundan Atlantis y prepárense.”

            Isaac se acercó con el presidente, el cual seguía paralizado pero estaba consciente de lo que Isaac decía, “Me gustaba este planeta, Akrion, en serio me gustaba. Es una lástima que tu arrogancia y deseo incontrolable de poder lo lleven a su fin. Tú mismo iniciaste esta guerra queriendo imponer tu forma de gobierno en otros países con excusa de luchar por la “libertad” de la gente cuando tu único motivo es quedarte con sus recursos. Me gustaría solo tener que destruir este país, pero el problema es que los otros estados son iguales, buscan la paz haciendo la guerra.” Una lágrima salió del ojo del presidente.

            Isaac se dirigió a Talfor y le dijo, “Talfor, usted en serio me agrada y es un hombre bueno influenciado por hombres perversos. Si usted quiere se puede ir conmigo, en Atlantis será muy bienvenido un hombre de ciencia como usted.” Talfor seguía paralizado pero con mucho esfuerzo pudo decir en una voz seca y muy débil, “Mi… familia…” “Entiendo perfectamente lo que es perder a la familia,” le dijo Isaac, “yo mismo perdí la mía, ellos están a miles de años en el futuro de nacer pero estoy feliz porque saldrán a la superficie de la Tierra, mirarán al espacio y dirán, ‘Mira, que bonito planeta rojo.’”

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Tengo 18 años, desde pequeño me ha gustado escribir y prefiero relatar cuentos de ciencia ficción. Quisiera ser un exitoso escritor y tengo estas esperanzas en un libro que estoy haciendo. Mientras tanto compartiré cuentos cortos con ustedes.

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