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15 min
El Puente
Terror |
31.12.16
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Sinopsis

Quizás si parece que encuentras a la mujer indicada, puede ser que no sea lo que aparenta.

I

Ya había olvidado como lucía su escuela después de tantos años. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había estado ahí? ¿Diez años o más?
Una imponente estructura se alzaba frente a sus ojos. La arquitectura de ese edificio databa del siglo XIX, sus deslumbrantes puertas color negro brillaban con su magnificente esplendor. Sus paredes estaban pintadas de un encaramelado color crema; paredes abatidas por el paso de los años que hacían de aquella edificación una lúgubre estructura cuando uno solía recorrerla de noche.
En ese horario, luego de la caída del sol, había sido citado Brandon al reencuentro con un pedazo de su infancia, y por más que la mitad de su adolescencia había transcurrido en ese establecimiento escolar, todavía le generaba ciertas sensaciones raras y de escalofríos cuando ingresaba en él.
Su novia, Lois, había llamado a su casa la noche anterior y le había comentado que necesitaba verlo a la salida de su trabajo al día siguiente, es decir, aquel día en el que Brandon ya se encontraba esperando a su compañera de vida. Brandon había prometido llegar puntual a la cita, y ahí estaba. Todavía faltaban quince minutos para que Lois saliera de su empleo cuando de repente apareció con su rostro tapado por un flequillo color negro, mostraba su cara con un asegurado cansancio y sus muecas no mostraban felicidad alguna, lo cual era raro ya que ella solía sonreír todo el tiempo.

- Llegué temprano, ¿viste? Brandon intentó besar en los labios a Lois pero ella se rehusó y esquivó su beso con un cierto dejo de dureza.

- Tenemos que hablar… Fue lo primero que dijo ella, y luego todo se volvió terriblemente triste.

A partir de ese momento su vida cambiaría rotundamente y no volvería a ser el mismo.
Sin mediar tantas palabras, lo que a él también le molesto porque prácticamente no le había dado muchas explicaciones acerca del tema, Lois había decidido cortar con él. Se había excusado en la maldita frase muy común de “no sos vos, soy yo” y repitiendo constantemente que “no te merezco, ya vas a encontrar a alguien mejor”. Completas mierdas, y ella, una increíble idiota. Seguramente estaba saliendo con otro flaco y no podía contarle la puta verdad… Sin dudarlo salió corriendo de la escuela, tomó Baker Street y comenzó su camino hacia donde lo llevara el viento.
Caminaba mientras la tristeza azotaba su tranquilo rostro, y pensaba que podría haber hecho mal. Una profunda soledad se inmiscuía dentro de su ser, y al mismo tiempo un sentimiento de desesperación y depresión  tocaban la puerta de su alma. Pero todo eso quedó en el olvido cuando al pasar por el puente Linsington, que se enaltecía sobre el lago que llevaba el mismo nombre, una joven de pelos dorados se lo quedaba mirando con sus enormes ojos azules, fijamente y sin realizar movimiento alguno. Al tiempo que él seguía su camino mientras miraba a esa hermosa mujer, ella le devolvió una enorme sonrisa.
Se prometió volver a pasar por ahí al día siguiente.

II

Era una mañana hermosa, el sol estaba deslumbrante y la noche anterior había llovido así que el calor era agradable al contacto con la piel. Brandon se levantó pasadas las diez y observó el teléfono; tenía dos llamadas perdidas de Lois… Su día no iba a volver a amargarse así que se cambió, salió de su casa dejando su celular atrás y se dirigió hacia el centro de la ciudad para comprar algunos repuestos que necesitaba para reparar su bicicleta. Seguramente tardaría un poco más en llegar a su destino, necesitaba pasar por aquel puente otra vez.
Una nueva sensación de depresión y desolación volvieron a atacarlo. Parecía ser solo en ese lugar, el imponente puente color rojo, construido exactamente hacía tres años.
Miró a su alrededor pero no estaba allí, esa hermosa joven no se encontraba en el puente aquella mañana. ¿Qué pensaba? ¿Qué telepáticamente iba a aparecerse frente a él porque así lo imaginaba?
Brandon estaba dando media vuelta para seguir por el camino que lo llevaría a su destino cuando de repente un rostro angelical lo escudriñaba a tan sólo cuatro pasos de él.
Se sobresaltó.
Por supuesto, se había llevado una gran sorpresa. Pero no tuvo miedo, solo le pareció raro que ella estuviera parada detrás de él, con ese tierno rostro y su dulce aroma. Hasta pensó que en aquél momento había muerto porque tuvo una sensación de paz dejando atrás esos sentimientos de depresión y ella se presentaba como una guardiana de los cielos que había llegado para llevárselo.
Sus ojos se posaron sobre su cara, comenzó a observar todos los rasgos de aquél ángel caído del cielo; su dorada melena se movía con el soplar del viento, su rostro mostraba los dos enormes ojos azules viéndolos con absoluta perplejidad, sus labios estaban pintados de un fuerte color rojizo, también llevaba puesto un hermoso vestido color celeste y unos zapatos marrones. Brandon no pudo evitar posar sus ojos sobre sus dos pechos que no eran tan grandes pero que destacaban en su vestido.

Con los ojos del joven mirando el escote, ella decidió ser la primera en hablar.

- Hola. ¿Por casualidad estas mirando mis tetas?

La cara de Brandon se enrojeció y lo único que quería en ese instante era salir corriendo de ahí. Pero no lo hizo.
Unos segundos después la joven estalló en carcajadas, y Brandon no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo.

- Era un chiste. Sabía que estabas mirando mi escote, con este vestido hasta yo misma me miraría si fuera hombre.

Otra vez estallaba en risas y Brandon comenzaba a sentirse menos incómodo.

- Empecemos de nuevo… Hola. Me llamo Anna, ¿y tú?

- Hola. Soy Brandon y te pido disculpas por la situación de recién…

- No tienes porque disculparte, no hay problema. Te reconozco, ayer pasaste por acá, parecías triste…

Brandon no pudo evitar soltar algunas lágrimas, se había olvidado por completo de esa sensación hasta que una simple pero bella desconocida se lo había recordado. Sin embargo no dudó ni un solo segundo y aunque no conocía a la joven, decidió contarle todo acerca de su antigua relación.

- ¿Te rompieron el corazón, no? Tal como a mí, parecía como si me lo hubiesen arrancado de mi cuerpo. El amor no existe, prefiero más las relaciones de una noche… Ya sabes, esas que acaban siendo las mejores. En ese momento, Anna, le lanzaba un guiño cómplice a Brandon y luego de hablar alrededor de una hora, luego de intercambiar miradas picantes y besos apasionados, ella invitó al muchacho a su departamento.

Aquel lugar era acogedor y perfecto para una persona que viviera sola; a penas ingresabas en la casa un pequeño living te daba la bienvenida. La cocina estaba pegada al mismo, pero separada por lo que parecía ser un desayunador. Las paredes estaban pintadas con un fuerte e intenso color rojo, y mientras Brandon se quedaba deslumbrado por las obras de arte colgadas en la pared, Anna volvía a hacer su aparición, pero esta vez un poco más cómoda de ropa… Se había puesto un short cortito, y tan sólo un sostén color violeta tapaba sus pechos.
Impulsado por una enmarañada conjunción de nerviosismo y la dureza que había entre sus piernas, pensó en decir algo… Pero no pudo.
Anna se lanzó contra él y comenzó a besarlo. Se metieron en su habitación y mientras tocaba su endurecido miembro, el quitaba sin problemas su sostén.
Arrodillada en el piso no tuvo mejor idea que meter en su boca ese enorme regalo que le había sido otorgado como premio por parte de alguna deidad de universos infinitos.
Entre algunos gemidos, Brandon levantó con fuerza el cuerpo esbelto de aquella mujer y lo lanzó sobre la cama para desnudarla por completo. Torció su cuerpo y comenzó a besar el sexo de esa joven que cada vez gritaba más fuerte.
La espalda de Brandon era arañada con furia y placer. Inmersos en una locura lujuriosa, él metió su miembro dentro de aquella cavidad sexualmente inmortalizada, mojada a más no poder, y comenzó con movimientos lentos.
Al poner en cuatro a la rubia de los senos hermosos, el sexo se tornó más duro y salvaje, y en el momento en el cual acababa ese acto sexual, ella se estremecía y gemía de placer, a sabiendas de que ambos habían tenido el mejor sexo de toda su vida.
Luego de hacer el amor se unieron en un profundo beso y ambos se durmieron.
Entre sueños y la realidad, un sonido familiar despertó al chico. Llaves y el sonido de la puerta comenzaban a desconcertar al joven Brandon.

III

La puerta del departamento se había abierto, y dos segundos después se había cerrado fuertemente. Alguien había entrado y se encontraba en el living de paredes rojas. Brandon miró a su izquierda para llamar a Anna y lo que vio, o mejor dicho no vio, lo descolocó aún más. Anna no estaba en la cama, ni siquiera estaba en la habitación.
Atinó a escuchar hacia el living a ver si la voz de aquella mujer se oía en algún tipo de charla que pudiera estar manteniendo con aquel personaje que había ingresado; pero no hubo caso. Estaba solo con esa persona, sea hombre o mujer.
No tuvo mejor idea que acercarse a la puerta, abrir tan sólo un poco la puerta de la habitación y observar sin levantar sospechas quien había llegado a ese hogar. Se llevo una gran sorpresa cuando distinguió a un hombre sentado en un sillón mirando la televisión.
Cerró calmadamente la puerta y sin pensarlo dos veces comenzó a cambiarse.

El hombre se había levantado del sillón y se dirigía hacia el cuarto. Los pasos comenzaban a oírse cada vez más cerca, y en el momento en el cual el mismo ingresaba a la habitación, Brandon ya había logrado escapar por la ventana justo a tiempo.
Caminaba directo a su casa mientras miles de cosas acudían en ese instante a su cabeza. ¿Qué había ocurrido? ¿Quién era ese hombre? ¿Sería la pareja de Anna? Y lo más importante y extraño que resonaba en su mente era: ¿dónde estaba Anna? ¿Simplemente había decidido irse dejándolo solo en ese lugar? Con lo peligroso que todo eso podía haber sido.
Miles de preguntas más quemaban su cabeza. Se encontraba tan concentrado pensando que no se dio cuenta de que en ese momento se ubicaba cruzando el puente donde todo había iniciado. Nuevamente extrañas sensaciones azotaron su pesar, pero muy pronto fueron olvidadas porque frente a él estaba ella otra vez… Anna…

El sol empezaba a esconderse demostrando el final de lo que había sido una tarde de locos. La noche hacía su aparición mientras ambos seres se miraban en la nimiedad del paraje donde se encontraban reunidos. Él no tenía nada que decir. Ella era la que debía darle explicaciones de lo que había ocurrido hace tan solo un tiempo atrás.
Finalmente luego de un largo rato en silencio, ella decidió vociferar algo.

- Perdóname. Te juro que no significa nada para mí. Entre en pánico y me fui de ahí corriendo.

Su humor no había cambiado, algo en la historia de Anna no concordaba, ¿por dónde había salido ella si al escaparse Brandon del departamento la única ventana que daba a la calle estaba cerrada? Era imposible que ella hubiera cerrado ese vidrio desde afuera.
Anna siguió hablando y repitió algo que ya había dicho en otras ocasiones, pero en ese momento una rara sensación golpeó al muchacho.

- Te juro que no significa nada para mí. Él me arranco el corazón del cuerpo.

Era la segunda vez que decía eso. ¿Era coincidencia? No. Sabía que no. Sabía que no era casualidad lo que decía porque en ese pequeño tiempo en el que se estaban dando las cosas empezó a sentirse raro, una sensación de vacío se coló por los poros de su cuerpo. Una presión en el pecho lo azoto con tremenda fuerza, y cuando logro incorporarse nuevamente y retomar el equilibrio, otra vez estaba solo…

Miró a todos lados, Anna había vuelto a desaparecer, no estaba por ningún lugar y por enésima vez sentía esa desafortunada sensación de depresión y desolación en su ser.
La desesperación comenzó a ingresar por todo su cuerpo, en especial por sus oídos. La voz de Anna sonaba nuevamente en su cabeza, parecía provenir del lago… Al girarse hacia ese lugar no vio absolutamente nada, pero su voz seguía hablando en su cabeza. ¿Se estaría volviendo loco?
Te juro que no significa nada para mí”. Eso repetía incansables veces la voz. “Me arrancó el corazón del cuerpo”. Y lo que escuchó a continuación le heló la sangre… “Abrió mi pecho con un cuchillo, y luego de introducirlo, tomo mi corazón con su enorme mano”. Los pelos de su cuerpo se le erizaron al mismo tiempo que sus músculos se contraían. No podía tragar nada de saliva pero Anna seguía hablando.
Después de asesinarme tomo mi cuerpo, quebró los huesos más frágiles y me metió en una bolsa. Luego me arrojo al lago que estas mirando ahora”.
Su cuerpo comenzó a temblar, quiso salir corriendo pero sus piernas no respondían. Quedo inmóvil viendo el lago, observando como desde las profundidades un cadáver de una mujer rubia ascendía hacia la superficie con un brillante vestido celeste.
Su respiración se sentía entrecortada, sus ojos estaban desorbitados, no podía gritar y tampoco se podía mover. No se podía mover, hasta que detrás de él sintió la respiración pedante de alguien. Un olor cuproso, fétido, flotó en el aire. La podredumbre se apoderó de él. Quería vomitar pero no podía. Dio media vuelta y ahí estaba ella, Anna, con su bonito vestido celeste mirándolo con una falsa sonrisa. Pero no era esa Anna que él había conocido el día anterior. Esa Anna, la que estaba parada frente a él, tenía los pelos color blanco manchados de sangre. Su rostro estaba pintado de un color violeta no muy fuerte, como si la hubiesen asfixiado, y a lo largo de su vestido se podían ver grandes manchones de sangre que descendían y recorrían su ropa hasta una enorme herida por donde había sido extirpado de manera violenta su corazón, y donde sus vísceras no lograban quedarse en su lugar.
Me dijo que era una puta. Te juro que no significa nada para mí. Me arrancó el corazón del cuerpo. Al fin y al cabo era él el que se acostaba con tu novia… Y me decía puta a mí… Con vos tuve el mejor sexo, el mejor desde que estoy sin vida. No sos vos, soy yo… Perdón”.
En ese instante se esfumó. ¿Con quién había estado hablando? ¿Era una especie de… de fantasma? ¿Había tenido relaciones con una persona muerta?
Otra vez sintió increíbles ganas de vomitar. Esta vez si pudo. Por última vez sintió desesperación, golpeado por la mirada de mil demonios tuvo la necesidad de arrojarse por el puente y acabar con su vida. Pero otra vez no podía moverse… Náuseas nuevamente estremecieron el cuerpo de Brandon. La voz de Anna habló por última vez…

Te espero del otro lado”.

Una intensa puntada en la zona de su corazón lo hizo gritar de dolor. Sumado al sentimiento de depresión y soledad, un gran calor subía a través de su tráquea, viajaba por el cuello y repentinamente un sabor metálico invadía su boca… La sangre comenzó a salir a borbotones de su interior.
Brandon se agarraba el pecho tratando de calmar el intenso dolor, mientras miraba el suelo cubierto de su sangre. De a poco empezó a ahogarse. La sangre ya había ingresado en sus pulmones y no le permitían respirar.
Finalmente cerro los ojos y todo comenzó a apagarse, entre la minuciosa oscuridad divisó una luz y lo último que escucho del mundo de los vivos fue su cuerpo cayendo y chapoteando en el lago.

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    Quizás si parece que encuentras a la mujer indicada, puede ser que no sea lo que aparenta.

Estudiante de psicología. Lector de comics y novelas. Mi favoritismo está en novelas policiales, fantásticas, ciencia ficción y terror. Agatha Cristie, John Katzenbach, Lovecraft y Stephen King son de mis autores favoritos.

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