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9 min
El reflejo de Francis
Infantiles |
11.09.17
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Sinopsis

Francis un gusanito que un día al despertar descubre que es feo...

Esta es la historia de un pequeño amigo, su nombre es Francis y es un gusanito que un día por la mañana se vio al espejo y pensó “chispas… estoy más feo que una patada”.

Desanimado por su descubrimiento, se asomó por la ventana y vio muchos animalitos que eran bonitos, como Phillipe, que era un gatito regordete pero muy elegante, Lia, una ardillita a quien todos querían apachurrar los cachetitos cuando comía nueces. De pronto, frente a el pasó volando Larry, un petirrojo de muy bellos colores y se acercó a su ventana para saludar.

-Buen día Francis, ¿Cómo estás?-.

-No muy bien- respondió el gusanito, -descubrí que soy feo y eso me tiene algo triste-.

-¿feo? ¿Por qué piensas eso?- preguntó el ave.

-Hoy en la mañana, me desperté, me vi al espejo y pensé “que feo soy”, soy un gusanito feo. Es decir, no soy bonito como tú, mírate eres un hermoso petirrojo al que todos aman y quieren tomar fotos y escucharte cantar.

Larry se quedó pensando por unos segundos y le dice –quizás yo soy hermoso para algunas personas, pero para otros soy un ave horrible que solo hace ruidos, ¿no lo crees?, tal vez debas de buscar quien eres y cuál es tu lugar, un lugar donde hay más como tú y te vean tan bonito como eres, eso creo yo, pero ahora debo irme, se me hace tarde para cantar en el parque-.

El gusanito se quedó pensando en lo que su amigo le dijo, quizás tenía que salir, buscar su lugar, después de todo no sería tan bello como Larry o Phillipe el gatito regordete de enfrente.

Días después tenia lista su maletita para salir a buscar su nuevo hogar, uno donde esté lleno de animales como él y donde él puede ser visto como uno muy bonito. Se despidió de sus amigos Larry y Phillipe quien le pidió que se cuidara mucho ya que él es un gatito muy precavido y miedosito.

Francis tomo el tren rumbo a Valle Oruga que dicen es un lugar muy bonito para vivir. “Encontrare mi nuevo hogar ahí”, pensó nuestro amigo al momento que empezaba su viaje. El tren lo llevo por muchos lugares donde vio paisajes muy bonitos y pequeñas casitas que se encontraban en medio de la nada, mientras más cerca estaba de Valle Oruga más emocionado se sentía.

Al llegar a la estación, Francis no sabía ni por dónde empezar, el lugar estaba lleno de árboles enormes como de veinte o treinta pisos, con propaganda de “roca-cola” y programas de televisión como “Las arañas tienen talento”.

El aventurado gusanito se dirigió primero a un salón de belleza donde atendía un escarabajo de nombre Frank.

-Buen día amigo- saludo el amistoso escarabajo, -en que le puedo ayudar-.

-Hola, ¿cree usted que me pueda quitar lo feo?- pregunto el gusanito.

-¡Vaya!, pero que pregunta es esa amigo, veamos, podemos darte un estilo nuevo pero solo eso y te puedo dirigir con unos amigos para que también te ayuden, pero yo soy solo un escarabajo estilista, no sé realmente quien es bonito y quien no-.

Francis Se quedó a un corte de cabello y ajuste de antenitas. Frank lo dirigió con sus amigas las hormigas que saben mucho de moda según el escarabajito, por lo que fue su segunda parada.

Al llegar a la dirección que le dio Frank, pudo ver un letrero en grande que decía “Hormigucci”, el lugar era grande y lleno de detalles que lo hacían ver muy bonito. Al cruzar la puerta pudo ver a las hormiguitas todas vestidas con un traje muy fino y elegante.

-Hola- saludo el gusanito –Frank el escarabajo me dijo que ustedes tal vez podrían ayudarme, creo que soy feo y me gustaría dejar de serlo-.

Las hormiguitas lo voltearon a ver y platicaron entre ellas por algunos momentos.

-Hola amigo, nosotras solo hacemos ropa de moda, la mejor de todo el valle, pero en realidad no sabemos quién es feo y quien es bonito, de hecho, nosotras somos todas iguales, míranos-.

Francis las observo y efectivamente eran todas iguales.

-Nos vestimos bien, pero somos todas igualitas y trabajamos para la reina, pero no te desanimes sabemos quién te puede ayudar, pero tendrás que ir a un lugar un poco difícil de llegar, lejos del valle está el árbol del conocimiento, ahí encontraras a la señora Mantis, ella es una sabia, seguro ella puede ayudarte-.

Después recibir las indicaciones para llegar el lugar, nuestro amiguito salió emocionado a buscar a la señora Mantis, “ahora si sabré porque soy feo y como cambiarlo” pensó.

El árbol se encontraba en un claro, bastante lejos del Valle Oruga o de cualquier otro, no había nada alrededor y se percibía muchísima paz desde que bajabas del tren en una estación pequeña que era lo único cercano al sitio. Nuestro amiguito avanzo dando saltos de emoción.

Una vez en la base del árbol, pudo ver lo grande que era y lo difícil que sería subir, había miles de ramas y un letrero avisaba del peligro de subir. Pero esto no desanimo a Francis que decidió subir poco a poco, venciendo niveles del peligroso árbol, agarrándose de las ramitas a cómo podía fue subiendo. En algún punto pensó que no lograría subir, pero su determinación lo llevo hasta el punto más alto del árbol. Una vez ahí, pudo ver un salón muy grande, alfombrado y con muchos cuadros que adornaban el lugar, y ahí, en medio se encontraba la sabia señora Mantis.

-Oooooohm…. Oooooohm - decía la sabia mientras meditaba.

El gusanito se acercó a la Mantis que levanto la cara y le dijo.

–Buen día viajero, haz llegado muy lejos, de seguro estas lejos de casa-.

-Hola señora Mantis, descubrí que soy feo y eso me tiene muy triste- dijo el gusanito.

-Ya veo- respondió la Mantis, mientras estiraba sus patitas –tú no eres feo gusanito, ¿Por qué lo dices?-.

-Pues, mi amigo Larry es un petirrojo muy bonito y todos lo quieren ver y escuchar cantar y Phillipe es un gatito hermoso que todos acarician y juegan con él y yo solo soy un gusano y creo que todos quieren pisarme-.

Después de una pequeña risa tan elegante como lo es la Mantis, se le queda viendo al gusanito y después de meditarlo un poco le dice.

-Querido amiguito, tú no eres feo, creo que no has visto realmente quien eres, no se trata de que todos piensen que eres hermoso y quieran estar contigo por eso, después te sentirías vacío y no sabrías quienes realmente son tus amigos y quienes están contigo por ser bonito, ¿has pensado en eso?-.

Francis abrió sus ojos asombrado de la respuesta.

-Creo que no lo había pensado así-.

-Exacto- exclamo la Mantis –en cambio, ahora tienes amigos que aun siendo ellos muy bonitos te quieren y están contigo, eso significa que eres hermoso por dentro como lo serás por fuera-.

-¿lo seré por fuera también?- pregunto el gusanito.

-Claro, te digo que no has visto quien realmente eres, por lo que durante tu visita al árbol del conocimiento te ayudare a descubrirlo. Lo primero que tienes que hacer es, meditar un rato todos los días y pensar en lo bonito que eres y lo bonito que vas a ser-.

La señora Mantis le dio unas indicaciones al gusanito, tendría que pasar unos días de retiro en un pequeño capullo que le ayudo a crear para pensar y encontrar su belleza tanto interior como la exterior. El gusanito animoso se metió al capullito y pensó que saliendo ya sería un gusanito bonito.

Después de los días que la señora Mantis le indico, el gusanito sale de su capullo y lo primero que hace es verse al espejo.

-Pero si soy el mismo- dijo en voz baja.

-Sí y no, dijo la señora Mantis, eres el mismo gusanito tan bonito que llego hace unos días pero también ahora eres más que eso, toda tu belleza interior ha encontrado su lugar. Aléjate del espejo y mírate bien-.

El gusanito da unos pasos hacia atrás y de pronto pudo verlo, era el mismo gusanito pero ahora tenía unas hermosas alas de muchos colores.

-Soy… una-

-Mariposa claro está- le interrumpió la Mantis –estabas tan preocupado por verte bonito que ignoraste que realmente ya lo eres y que solo necesitabas verlo, eres una de las criaturas más bonitas que hay, todos quieren ver a las mariposas y sus alas multicolores, todas las flores quieren ser sus amigas y los otros animalitos las ven con emoción-.

El gusanito emocionado abrió sus alas y voló por primera vez.

-Esto es impresionando, soy muy bonito, de verdad lo soy-.

-Claro que lo eres, pero no debes de cambiar, tus amiguitos te quieren porque eres hermoso por dentro, eres bueno y educado, valiente y persistente. Ahora ve y regresa a casa-.

La mariposita feliz emprendió el vuelo de regreso, no sin antes agradecerle a la Mantis por todo lo que hizo por ella. Sabía que una vez llegara a su casa todos la verían hermosa y cuando le preguntaran como le hizo solo respondería.

-Aprendí que todos somos hermosos y no importa si eres un petirrojo o un gatito o incluso un gusanito, cuando te quieres y te sientes bonito, todos podrán verlo-. 

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