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3 min
El reino de la eterna noche #3
Fantasía |
19.08.20
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Sinopsis

Particularmente siempre he creído que mi debilidad son las batallas. Eso no evita que escriba al respecto, es la parte favorita de mi escritura. Deseo algún día poder describir una batalla, un duelo que no me haga sentir que fue un parpadeo. Un anexo sutil que pasa por debajo de cuerdas. Sobre la selección de enemigos mi inspiración es Dark Souls aunque no el tono medieval. Antes, James desnudo se enfrentaba a cuervos deforme y a trolls. No desestimo que pase en esta entrega rebooteada por quinta vez, pero no ilusionaré ni a mi ni a nadie, pues mi meta siempre ha sido llegar al bloque de reinas y de cinco veces, solo una tenia una de las reinas y quedó paralizada para siempre. Al unisono de mi deseo por escribir. El reino es enorme, basto y complejo. De un poesía que no sigue reglas, es mi interior, sufrimiento, dolor, heridas… pero al mismo tiempo lo que petrifica una sonrisa en mi. La oscuridad me abraza y ama, porque ambos no podemos ser amados ni amar.

Los ecos de los pasos vibraron en su diafragma hueco mientras que la larga y delgada espada oxidada descansaba su filo en uno de sus hombros. El pálido hombre, James, presenciaba como personas de piel marrón, seca con ropajes pegados y desteñidos, se movilizaban hacia él en una agresiva horda que coreaba llamados guturales. Rugidos envueltos en la presencia de la muerte. Eran mas que personas, cadáveres que se había liberado de su tumba y en expresiones martirizadas venían hacia su persona.

Apretó el mango de mandoble mientras un silbido procedente de su pecho, como si el viento pasase por un túnel extremadamente largo, se incrementó. Opacaba el temor de su mente, disminuia la natural defensiva de correr de aquellos muertos vivientes.

Los escupidos por la tierra que les maldecía ocupaban sus huecas miradas hacia él, con sus rostros descompuestos que mostraban el marfil de los huesos amarillos. Instintivamente y sin perder de vista la horda, se colocó de lado.  Sus pies se separaron formando una posición de combate.

En un golpe metálico, la punta de la espada beso la tierra. El filo oxidado se desprendió en un aroma dulce, rememorativo que recitaba odas heroicas que entremezclaba el arte de la muerte, con el de la vida.

El cuero del mango crujió en la fuerza de sus delgados dedos. La reacción explosiva del abanicar del mandoble desencadenó la sorpresa de las criaturas sin descanso. El mas cercano fue cercenado, partido en dos de un solo golpe.

Sorprendido pero centrado, James adelantó un paso mientras que ahora concientes del peligro acudieron urgidos hacia su presa, antes que sin duda se volviese su cazador. La marea quiso aprovechar la ventaja numérica, como si quedase inteligencia en aquellas carcasas de cuero seco y pútrido. Error, puesto que la espada se abanicaba de lado a lado en golpes que cortaba sus fragiles cuerpos limpiamente. Robaba sus partes, brazos y piernas, todo aquello que quedase a merced de su alcance. La urgencia se trasformó en la de escapar de aquel pálido guerrero, que se detuvo a ver a la multitud huyendo, pero que entre el escape quedaba algo mas, algo que se resistía a ir en oposición con la marea.

Rugió el ser… gritaba un poderío de llamas verdes que expelía por sus cuencas abisales de su rostro. Apuntaba las garras en medias lunas al interior de sus propias palmas.
Una carrerilla intensa...  En un parpadeo estaban frente a frente. James se había protegido en una designación primitiva de mover la espada y bloquear. El forcejeo había iniciado con las puntas de las uñas en el filo del oxidado mandoble que empezaba a desquebrajarse.

Estaba a punto de romperse…
 

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