cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
El río y la montaña
Infantiles |
10.09.07
  • 4
  • 24
  • 8311
Sinopsis

Primer premio (ex aequo) en el VI concurso de cuentos "Valentina Ventura" de Tauste, Zaragoza.
Esta nota es condición impuesta por la organización para poder publicar el relato y he pedido el correspondiente permiso en el foro para incluir una nota ajena al propio relato.




El río y la montaña




Levanté el río y pasé por debajo.
Así hice.
Lo podría haber cruzado a nado, pero me pareció la primera decisión que hubiese tomado cualquiera que allí llegase, aunque dudaba que existiera quien allí pudiese llegar. Yo no quería sentirme igual que la mayor parte de quienes pudieran llegar algún día a ese río y, además, no quería mojarme. Por eso no lo hice. También me planteé cruzarlo andando por arriba. No me habría mojado, pero me pareció que también esa opción se le podría ocurrir a otro y yo quería ser único. Por eso tampoco lo hice. De modo que lo levanté como si hubiese levantado una gran serpiente del suelo y pasé a esta orilla por debajo del río.
Pero cuando lo deposité de nuevo sobre su lecho, vi que el río montaba en cólera. Lo noté porque sus aguas bajaron turbias y turbulentas. Me gustan esas palabras, pero al río no, porque con esas palabras expresaba su ira contra mí. Me senté a contemplarlo, por ver si se calmaba, pero no lo hizo. Aguardé horas y sus aguas seguían turbias y turbulentas. Pasaron días y semanas sin que nada cambiase. Corrieron los meses, veloces como sus aguas, sin que el río dejase de mostrarme su inquebrantable terquedad. Y como al cabo de un año el río seguía enojado, me bañé en sus aguas turbias y turbulentas y me mojé, como quizás hubiese debido hacer en un principio. El río interpretó bien mi gesto como un arrepentimiento por mi osadía y concedió disculparme. Sus aguas se clarificaron de inmediato, hasta que pude ver el lecho por el que había caminado. Calmó sus aguas y su superficie quedó lisa como un espejo, tanto que en la otra orilla crecieron árboles para que yo pudiera verlos reflejados en el agua. Y mientras miraba los árboles invertidos, el agua se quebró en mil ondas de peces que habían saltado para darme las gracias por permitir que la paz regresase a su hogar. Yo me despedí de todos ellos y con ese agradecimiento en mi memoria continué feliz mi camino.
Después de mucho caminar llegué a los pies de la montaña y quise ver qué había detrás. Pude haberla rodeado, pero también me pareció que podría ser la primera decisión que hubiese tomado cualquiera que allí llegase, aunque seguía convencido que no existía quien allí pudiera llegar. Yo no quería sentirme igual que la mayor parte de quienes pudiesen llegar algún día a esa montaña y, además, el rodeo era largo y yo no quería caminar tanto, pues ya había caminado mucho. Por eso no lo hice. También deseché la idea de escalarla y cruzar al otro lado por arriba, pues me pareció que también esa opción se le podría ocurrir a cualquier otro y yo quería ser único. Además, estaba seguro de que arriba haría frío y yo no quería pasar frío. Por eso tampoco lo hice. De modo que pensé en levantarla para pasar por debajo. Pero recordé las consecuencias de mi ofensa al río. Yo no quería ofender a la montaña, pues me daba miedo lo que pudiese llegar a hacer una montaña furiosa. Por eso tampoco lo hice. No se me ocurrió solución y mientras pensaba pasó el tiempo; tanto que me pareció apropiado hacer mi casa a los pies de la montaña, para poder seguir pensando tanto tiempo como hiciese falta.
Y así hice.
Pasó mucho tiempo sin que nadie perturbase mis pensamientos, pero luego apareció quien de mí se enamoró y ella me pidió la Luna. Yo le habría traído la Luna, pues me pareció que sólo yo podría hacer aquello, pero pensé que si traía la Luna podría aplastar a la montaña y bloquear el río, pues la Luna es más grande de lo que parece a primera vista. Pero yo vivía en paz con la montaña y el río y no quería molestarles, además quizás tampoco fuera del agrado de la Luna y no me imagino lo que una luna iracunda puede llegar a hacer, por lo que tampoco lo hice. Entonces la tomé de la mano y volé con ella hacia la Luna. Ella tuvo su Luna y yo mi felicidad por ver su deseo cumplido, pero hacía más frío que el que no había querido soportar en la cumbre de la montaña y regresamos pronto.
Luego me pidió el Sol, pero me negué a traerlo y también a llevarla. Era algo que sólo yo podría haber hecho, pero una cosa es el mucho frío y otra bien distinta es el demasiado calor. Entonces ella, disgustada, decidió envejecer y morir.
Yo quedé solo mucho tiempo y la echaba de menos, por lo que decidí mi propia muerte, por ver si podía traerla de nuevo conmigo. Pero en todo el tiempo que estuve muerto, ella y su obstinación se negaron a devolverme la palabra, y tras muchos años de espera, me rendí y regresé solo a la vida, pues estar muerto es muy aburrido.
El caso es que después de haberla conocido, volver a estar solo también era muy aburrido, pues nunca nadie más como ella pasó por allí. Y en mi aburrimiento pensé en crear la humanidad.
Y así hice.
Creé a los hombres mortales para aprender de ellos cuanto pudiese acerca de la vida y de la muerte, pues con mi propia experiencia no había llegado a conclusiones satisfactorias, pero nada aprendí de ellos.
Pedí a los hombres que respetaran al río, a la montaña, a la Luna y al Sol. Y pensando en ella, que respetasen también a los muertos. Pero sólo el Sol se libró de ser profanado, creo que porque les daba tanto miedo como a mí. Pude reprender a los hombres, pero se habían reproducido de tal manera, que me infundía más temor provocar la ira de toda la humanidad, que la del río, la de la montaña y la de la Luna juntos, por lo que no lo hice.
Mientras, yo seguía pensando en cómo pasar al otro lado de la montaña, sin que nada se me ocurriera. Hasta que un día, los hombres cavaron un túnel que atravesaba la montaña y tal herida causó su ira. La montaña puso un huevo en la ciudad de los hombres y de él nació su hijo vengador, que mientras crecía escupía fuego y quemó la ciudad donde vivían los hombres. Luego la montaña que daba sombra a mi casa pareció morir también y se secaron los bosques que la adornaban y yo aproveché para pasar en silencio al otro lado por el túnel que habían perforado los hombres. Dentro de la montaña reinaba el silencio y no escuché ningún corazón que latiese, por lo que la montaña estaba definitivamente muerta y no se enfadó conmigo. Así pasé al otro lado.
Pero al otro lado descubrí que había más ríos. A lo lejos, más montañas. Sobre ellos, una Luna y un Sol. Y bajo éstos, una plaga de hombres.
Entonces me rendí y decidí irme de allí.
Y así hice.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Si se premió a la originalidad, enhorabuena compañero, porque no había leido nada así nunca, me ha parecido un relato estremecedor, y precioso a la vez, te seguiré leyendo...
    Hola. Duro y tierno al mismo tiempo. Muy original.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
    Mis más sinceras disculpas. La verdad es que el hecho de que te premien yo particularmente no te lo valoro. Cuando te valoré como sergio g. fuí sincero. Hice una primera lectura y la comparé con agunos de mis escritos y eran muy diferentes en su forma pero igual en su contenido. Por tanto te aseguro que cuando leo lo que escribo deseo dejar de escribir porque siento que no sirve de nada, para nada. Te valoré igual que me valoro a mí. Un grano de aena es parte de una montaña, pero es sólo eso: un grano de arena. Supongo que habrás leido el libro de arena de borges; Cuando todo está dicho ¿que queda por decir?. Si el corazón se va derritiendo las palabras dejan de tener sentido. Toda la humanidad se ha puesto de acuerdo en ser absolutamente destructiva. A veces me uno a la mayoría para ver que sesiente. Soy un psicoanalista retirado porque me di cuenta de que en la base de toda enfermedad, es la persona la que ha deseado el mal. Somos autodestructivos y quise probar también dicha autodestrucción. Ya no me vale nada, estimado colega. Sí, pensarás en mi gran desamor y estás en lo cierto. Cuando te taiciona el amor ¿que te queda?, pues eso la muerte; Y en eso estoy. Analizo la muerte para llegar a la vida. Analizo mis sombras para llegar a mi luz, esa que aún espero desde hace mucho, pero que mucho timpo. Reitero mis disculpas sinceramente, pues soy un cabrón con mala lengua, pero también sé cuando me equivoco. Contigo me equívoqué. Es evidente que eres un gran escritor y por tu educación una gran persona. Se me suele malinterpretar muchas veces por mis provocaciones y es que sólo hablo con el corazón cuando me dirijo a mi principal meta. Me he vuelto un egoista de mi mismo. Lo dejo ya porque sino vas a convertirte en mi psicoanalista y ya me cansé hasta de mis pensamientos. Buena suerte Manuel. Sergio G.
  • Y ya que discutimos sobre adjetivos, ahí va un pecaminoso asíndeton de tres adjetivos juntos ;)

    Dedicado a los que se empeñan en seguir vivos. Por cierto, lo de mataros a todos queda para más adelante, que ahora se acercan las vacaiones. Después, aceptaré voluntarios que me ayuden a asesinar, que sois demasiada gente.

    ¡Que lo disfrutéis!

    NO DEJÉIS DE LEER EL PRÓXIMO. OS CONVIENE.

    A Lázaro, ese gran maestro de los finales frescos y sorprendentes que tanto se han de valorar un en un relato y que a todos se nos suele olvidar aplicar a los nuestros. ACLARO: Las admiraciones del título son porque no me deja poner un título de tan sólo 4 caracateres.

    Perdón por pasar poco por aquí últimamente, pero estoy como el personaje de este relato. No tengo tiempo "pa ná", pero no os he abandonado, jejejej.

    A mi héroe, el Dr. House, a quien me parezco increiblemente, excepto en sus virtudes.

    Hola de nuevo, tras una breve pausa. Ando excesivamente liado últimamente, que tengo varios frentes abiertos. Mi salud me exige que los cierre absolutamente todos, pero mi carácter me los impide. Ya no es día 23, ya pasa bastante de las 24h, pero acabo de llegar de esta magnífica oportunidad que me ha brindado la Librería Carmen y lo menos que podía hacer era publicar este humilde homenaje que les he dedicado. Un saludo y espero poder contar de nuevo con tiempo para volver a leeros y meterme con vosotros (por la cuenta que me tiene, jejeje).

    Algo que quiero compartir con vosotros.

    Esto no es un relato más. Es una confesión. Sólo os ruego un poco de comprensión, que por un instante hagáis el esfuerzo de poneros en mi lugar.

  • 22
  • 4.54
  • 178

Lectura y escritura. Ambas complementan en la vida irreal lo que no puedo vivir en la real, que intento exprimir a tope con toda actividad posible y deportes de riesgo. No soy maestro de nada, pero me enorgullezco de ser aprendiz de todo, como buen renacentista. Una pincelada de saber en cada ciencia permite hablar con infinidad de maestros.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta