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17 min
El rosario de madera
Amor |
01.01.17
  • 5
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  • 247
Sinopsis

Ella no conoce a sus captores que la han tenido aprisionada desde hace tiempo, en esta extraña prisión, y para salir, va a necesitar de un verdadero milagro...

El rosario de madera

Rococo69

Estoy en un cuarto sentada esperando, no sé que, creo que un milagro. Recargada en la pared, estoy viendo como entra el sol por las ventanas. Afuera parece ser un día tranquilo, pacifico, pero en este momento los rayos del sol son como lancetas filosas que rasgan mi piel y su calor va quemando poco a poco mis deseos de vivir.

¿Por qué estoy aquí? ¿Qué mal he hecho? Si toda mi vida se la he entregado a él y todo lo que hacía era para él. Yo solo procuraba seguir sus mandatos. Pero mis captores no lo entienden así, no comprenden que todo lo que he hecho ha sido por amor a él, hasta el punto de negarme a mí misma todo tipo de placer para hacer solo su voluntad.

Ahora, he sido acusada y juzgada injustamente. Ellos me han encerrado en esta prisión. ¿Acaso no ven que están en un error? No se dan cuenta que si ellos se entregaran tal y como lo he hecho yo, todas sus penas acabarían y sus vidas fueran muy diferentes. No, ellos están ciegos y su ignorancia los ha perdido, no conocen la verdad.

Camino de un lado a otro, pensando en que será de mí ahora. Ya no podre hacer más su trabajo y habré fracasado en la misión que me encomendó. Qué extraña prisión en la que me han metido; pues más que nada parece una sala de espera. De las paredes cuelgan algunas plantas, pero están tan altas que no las puedo ni tocar. El color verde de las hojas junto con el amarillo mostaza de las paredes y los marcos blancos, me hacen pensar que estoy en una hacienda.

A mi derecha solo hay una banca pegada a la pared, con una colchoneta de color miel que parece hecha de piel. Es cómoda pero no lo suficiente como para permanecer mucho tiempo ahí, ni sentada ni acostada, ya lo he comprobado. A mi lado izquierdo están esas tres ventanas enormes, instaladas como jueces.

 No soporto su mirada, parecieran observarme a cada momento y parecieran burlarse de mí. Siento como si me estuvieran gritando a la cara ¡A donde está tu protector ahora! ¡Tú, la elegida, la protegida! ¡El te ha abandonado! ¡No eres nadie para él! ¿Quién escucha tus oraciones? Ríndete y acepta tu culpa, tu culpa, tu culpa….!

Camino más aprisa, y a cada paso que doy escucho el sonido que hace mi habito al moverse, siento como el calor de mis manos sudorosas va aumentando y por mis dedos temblorosos van pasando una a una las pequeñas cuentas de mi rosario, estoy orando, estoy suplicando, estoy pidiendo un milagro. ¡Padre, escúchame!

Silencio….solo escucho el silencio.

 

Las fuerzas se me escapan y ya no puedo más, mis lágrimas caen al piso y me detengo en seco llorando  descontroladamente. La luz que entra por las ventanas lastima mi alma y quebranta mi espíritu.

¡Que hice mal Padre mío, en que te he fallado! ¡Que hice para merecer esto! ¡Dame una señal, algo! Algo que me haga sentir que esto, tiene un propósito….

Silencio otra vez.

Volteo hacia atrás y ahí está ella, también burlándose de mí. Es una puerta enorme hecha de madera de caoba, tallada finamente; su aspecto es fuerte, y su presencia es altiva y retadora.

 Ella me dice suavemente: Ábreme si puedes, vamos inténtalo. Vamos a ver que tanto sabes. Aquí estoy, yo soy tu salida. Puedes ser libre, solo tienes que abrirme. ¡Atrévete!

Recorro nuevamente, con la vista, uno a uno los distintos candados y los observo detalladamente. Cada uno es muy diferente  y a diferencia de la puerta que parece nueva, me da la impresión de que estos candados, son muy antiguos. Todos son hechos de acero, pero cada uno de distinto tamaño y forma, como si hubieran sido construidos en diferentes épocas.  

Mecánicamente se ven muy complicados, parecen haber estado diseñados mágicamente, pues cada uno tiene una combinación muy especial y diferente. Una combinación que funcionara únicamente si se abren en el orden y en el tiempo correcto; ya que todos están conectados entre sí. No sé quien fue quien diseño esto, pero quien haya sido, o era un loco o era un genio, o quizás era las dos cosas.

Por mi mente pasan un millar de pensamientos, pero muy dentro de mí, yo sé que no tengo el conocimiento ni la preparación para semejante hazaña.  Nada de lo que he estudiado me sirve, nada de lo que he leído me ayuda a salir de este predicamento.

 ¿De qué me servirían los sueños, las visiones o las señales aquí? Todo es inútil. Estoy condenada a estar en esta prisión por el tiempo que mis captores decidan. ¡Estoy en sus manos!

Agotada, me siento en la banca, con el rosario entrelazado entre mis manos, haciendo una última plegaria, me quedo profundamente dormida. Un ruido me hace despertar, la puerta se acaba de cerrar. Como pude quedarme dormida, he perdido mi oportunidad para por lo menos intentar salir de aquí. Aunque a empujones y jalones.

Mi pecho se constriñe nuevamente pero casi inmediatamente, noto la presencia de alguien más ahí conmigo. Me doy cuenta de que es un hombre, y al instante me incorporo y pongo distancia entre él y yo, que dada nuestra situación, no era mucha.

¿Quién es él? ¿Por qué lo han traído aquí conmigo? El no habla mucho, pero inmediatamente se ve que tampoco quiere estar aquí. Mi intuición sale al frente y me dice que él ha estado huyendo, y siento que ha sido perseguido casi toda su vida. Debo mantener mi distancia.

Su aspecto no es el mejor, se ve maltrecho, sucio y en su rostro se pinta el paisaje del dolor, de la desconfianza y de la rudeza con la que lo ha tratado la vida. Quizás por eso parece estar preparado para cualquier ataque, como un animal salvaje. Tiene tatuajes y varias cicatrices en los brazos.

No, su vida no ha sido fácil, pues su cuerpo habla de los muchos momentos que ha tenido que usar la fuerza física para trabajar y sobrevivir o defenderse. Su piel da muestras de haber sido víctima de las inclemencias del tiempo  y los elementos naturales, sobre todo del sol.

Pero en su mirada hay algo, algo que grita, sobrepasa y trasciende a todo lo demás. Es algo que me llama, pero ahora no hay tiempo de escucharlo, ni ponerle atención.

 

El, como yo, ha tenido la desgracia de caer en esta prisión, porque el mundo allá afuera no comprende nuestra forma de vivir. Nos temen porque somos una amenaza para el sistema ya establecido. Quizás en diferente forma pero los dos hemos roto con el status quo de la sociedad.

 Ambos sabemos el riesgo que corremos al tratar de escapar de esta prisión, pero mil veces es preferible la muerte que vivir sin libertad. Ya no hay más tiempo para oraciones, ni contemplaciones, ni ruegos, ni suplicas.

El observa el entorno, estudiándolo cuidadosamente. La verdad, no hay mucho que ver ni que estudiar, pienso, pero no le digo.  Las ventanas tienen barrotes por fuera y están hechas de un material inquebrantable, pero en caso de que las pudiera romper, no habría espacio suficiente entre los barrotes para poder salir.

Después de un momento, voltea a ver la puerta y todos sus candados, se queda quieto por un momento, inmóvil, pensando. Yo solo le veo la espalda, estoy parada atrás de el. Yo también estoy pensando y  mi angustia crece. ¿Sera esta la respuesta a mi plegaria? ¿Es esto lo que estaba esperando?

 Después de un largo rato, el me voltea a ver y me dice con una voz tranquila y segura: “Yo puedo sacarte de aquí, podemos salir, pero tenemos que hacerlo juntos”.

Entre la emoción, la angustia, la alegría y el miedo, ya no se qué hacer. Quedo inmóvil como una estatua.  Al darse cuenta de mi no tan disimulada contrariedad, me toma de la mano y me dice que no tengo otra alternativa si quiero ser libre. Su mirada me seguía inquietando.

En cuanto gire el primer candado, me dice, ellos se darán cuenta y vendrán presurosos a buscarnos, no tenemos tiempo que perder. Debemos actuar rápido.

¡Decídete! Yo no puedo salir de aquí solo, te necesito a ti y tú me necesitas a mí, lo sabes. Solo debes caminar muy cerca de mí, ¿Entiendes? Juntos no nos detectaran. Debes ser valiente. ¡Sígueme!

Me arme de valor y accedí a seguirlo. Rápidamente se acerca a la puerta e igual de rápido, no sé cómo, empieza a abrir todos y cada uno de los candados, gira la manecilla y se abre la puerta.

El me jala con fuerza hacia él, y yo le abrazo la cintura. Así caminamos juntos como una sola persona entre la gente. Para entonces, como el había pronosticado, ya escuchábamos varias voces a lo lejos y el sonido de los helicópteros acercándose.

Pero afuera, nadie nos vio, nadie se dio cuenta. Yo no entendía bien todo lo que estaba pasando, ¿Cómo es que nadie nos veía? Parecía como si nuestra cercanía hubiera creado algún tipo de capa invisible alrededor. No era el tiempo de hacer preguntas.

Después de caminar así a lo largo de un patio, ambos entramos a un pasillo en donde podíamos ver varias puertas. Todo estaba pintado de blanco y el piso era de azulejos y los techos eran de teja. Era una hacienda hermosa, que antes había sido usada como  convento.

Yo seguía abrazada a su cintura, mientras el caminaba alerta procurando mantenernos a salvo, tratando de no toparnos con alguien.

Hace mucho tiempo, mi cuerpo había sido solo de un hombre que aprovechándose de mi inocencia, solo se burlo de mí y me dejo sola ya que habia  conseguido lo que quería, después de eso, nadie más volvió a tocarme. Yo vivía consagrada al Creador. Encontrando satisfacción únicamente en el servicio a los demás. Resignada a vivir en soledad, realizando la misión que me fue encomendada, encontraba paz y felicidad tratando de hacer el bien a mi prójimo, o por lo menos, no hacerles daño.

Todo lo contrario a la vida del hombre con el que ahora estaba, pues él ha poseído a más de mil mujeres, mujeres de todo tipo que se ha encontrado por su camino. Entregándose a todos los placeres de esta vida, rompiendo toda regla moral posible.

Estuvo en una prisión por no sé cuánto tiempo, y su cuerpo quiere saborear las mieles del deseo otra vez, tiene sed de besos y caricias. Sus manos tiemblan solo al recordar la piel tersa y suave de aquellas a quienes en otros tiempos acaricio.  El ha vaciado sus ganas entre todo tipo de muslos que siempre lo han atormentado.

 Lleva en su boca el recuerdo de todos esos sabores de mañana fresca y de otoño frio, besos salados y dulces. Su cuerpo está impregnado de los perfumes que en algún momento lo volvieron loco, pero ahora, como velas, todos esos amores se van apagando en su recuerdo, pero la llama del deseo sigue viva en el.

¿Cómo fue que Dios junto a dos personas con vidas tan diferentes, tan opuestas como las nuestras? Qué raro pero así son sus designios. Quizás en el fondo, la verdad es que no somos tan opuestos. Sea como sea, fue inevitable lo que sucedió entre nosotros.

Al escuchar unas pisadas que venían directamente hacia nosotros, ambos nos detuvimos y nos pegamos hacia la pared. Ambos quedamos ocultos en la penumbra de ese rincón. Esta vez, yo quede delante de él y ahora era él quien estaba abrazado a mí.

Y ahí, en ese momento y en ese lugar, nuestros cuerpos solo siguieron su instinto y nuestras almas su impulso natural. Yo, lleve mis manos a mi boca para que no escucharan mi respiración, cerré mis ojos y con una fe absoluta nuevamente eleve una oración por nuestra seguridad. El rosario aun colgaba entre mis manos, se balanceaba de un lado a otro.

El, se pego a mí con mucha más fuerza y así pude sentir el calor de su cuerpo y la firmeza de su miembro. Todo mi ser empezó a vibrar. Con una destreza inexplicable para mi, logro exponer mi femineidad, atrayéndome al centro de sus deseos. Sentí como poco a poco me iba penetrando y sus manos temblorosas, debajo de mi hábito, acariciaban mis senos. Sus dedos presionaron con la fuerza exacta mis pezones y sentí como si un rayo atravesara en ese momento todo mi ser.

Termino de penetrarme haciéndome sentir la intensidad perfecta entre el dolor y el placer. Entramos en un vórtice de energía, donde el tiempo dejo de existir y todo se hizo silencio. Pasamos por el cielo, la tierra y el infierno y llegamos al vacio. Un vacio lleno de todo.

En ese momento, algo dentro de nosotros se abrió como por arte de magia. Hubo un intercambio, un tipo de trueque divino, pues una parte de mi se integro a él y una parte de él se integro a mí. Pude sentir como su energía penetraba en mi alma y conocí todo de él.

 Sentí todo su sufrimiento y el vacio y la soledad que él ha sentido en su vida, a pesar de todo lo que había tenido. Ya que todas esas mujeres supieron amar su cuerpo, pero nunca habían amado su alma. Sin embargo, en este acto, el recibió de mi todo el amor y la paz que necesitaba.

Y él a su vez, me transfirió todo su deseo de vivir, sus ganas de descubrir y disfrutar cada momento. La alegría de tener un cuerpo físico y poder satisfacer todos sus deseos. Sentí como cada una de mis células se iba inflamando de pasión y éxtasis y mi sangre empezó a fluir rápidamente por mis venas, poniendo en movimiento todo mi sistema.

No sabía si nos estábamos elevando o nos estábamos hundiendo, lo cierto es que sentí como si todo el Universo se abriera y nos mostrara su secreto, el secreto del principio de la creación. Como un Aleph, fue la unión entre el espíritu divino y el mundo físico, manifestando así, el equilibrio entre lo divino y lo humano dentro de nosotros mismos. Esta unión que solo duro un par de minutos, fue suficiente para que sucediera el milagro de la vida, el Amor en acción.

Después de esto, seguimos caminando un poco hasta que llegamos a uno de los cuartos de la hacienda. Para mi sorpresa, ahí estaba ella, tan hermosa e inocente, me lo dijo mi corazón, era ella, mi hija. Voltee a verlo y el intuyo lo que pasaba, con la mirada me dijo que estaba bien, y se quedo esperándome en la puerta.

La niña jugaba con unas muñecas debajo de una mesa. Me miro y sonrió y su sonrisa ilumino todo el cuarto. Le pregunte que hacía y me contesto que esperaba a su madre, que no tardaría en llegar por ella. Sentí que mi corazón se encogió, pero comprendí lo que tenía que hacer.

La había perdido para siempre, ella no sabía, no le habían dicho la verdad. Para ella,  su madre era mi hermana. Tenía otra familia, y una vida a la que yo ya no pertenecía.

Ella fue producto de aquella unión, y me la quitaron cuando ella era apenas un bebe, porque yo era aun muy joven para cuidar de ella, pero nunca la olvide y solo Dios sabe cuánto sufrí por ella.

El seguía esperándome en la puerta, quería seguir conmigo para ayudarme. Voltee a ver por última vez a mi hija, no podía arrebatarle lo que tenia, ella era feliz así. Me despedí de ella y sentí como si mi alma se desgarrara. Que irónica es la vida, pues la acababa de encontrar y al mismo tiempo tenía que dejarla ir, mi amor por ella era más fuerte que el deseo de tenerla conmigo.

Ya no hay tiempo, me dijo, voltee a verlo y con su mirada me dijo que me amaba, que no me preocupara por él y que el siempre estará conmigo. Ya no podía esperar más, tenía que seguir moviéndose, me dejo ahí con mi hija y se fue. El ya llevaba una parte de mí, y mi amor lo acompañara por siempre. Algo en mi corazón me dijo que él estaría bien y que fuera donde fuera siempre estaríamos conectados.

Salí del cuarto sola, pero algo en mi había cambiado, sentí que algo era diferente. Recorrí nuevamente mis pasos para regresar a donde estaba, pase por el corredor y luego por el patio. El día era soleado, era aun temprano y empezaba a aglomerarse la gente, querían saber qué pasaba. No sé la razón pero empecé a caminar en dirección hacia mi antigua prisión.

¿Era la costumbre la que me guiaba? No lo sé. Pero a medio camino y sin saber cómo, sentí una energía dentro de mí, sentí una fuerza en mi pecho, y me detuve, proclamando rotundamente ¡No, no regresare ahí, nunca más! Todo lo que viví tuvo un propósito, un por qué, ahora lo sé.

Entonces empecé a caminar más aprisa que antes, luego empecé a correr y mientras corría, poco a poco me fui quitando y desgarrando  el hábito de monja que había llevado por casi toda mi vida. En este proceso, fue que cayó al suelo el rosario que llevaba en las manos y veo como van cayendo todas las cuentitas de madera, las veo rebotar en el piso, y una por una van rodando por mis pies junto con el crucifijo, pero ahora ya no me importa, pues ya no necesito ni mi hábito, ni mi rosario de madera.

Ahora tengo algo que contarle al mundo y me voy preparando. No será fácil, lo sé, pero es lo que debo hacer. He llegado a los escalones, que están justo frente a mi antigua prisión. Ya no puedo retroceder. Mis antiguos captores piensan que me voy a entregar y que todo seguirá igual, pero no será así.

Aunque mi vida no corra peligro en realidad, no tengo nada que perder, pero si he de morir de alguna manera, será siendo libre y compartiendo  mi verdad. Se que no estoy sola, pues la energía femenina me acompaña. Detrás de mí, hay gente que espera y quiere escuchar y yo me dispongo a compartir mi experiencia…..Todo esto es solo un sueño…

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  • Una obra muy completa. U. Saludo
  • Que te puedo dejar, si todo lo tienes; que te puedo decir, si todo lo sabes; y que te puedo pedir que no me hayas dado ya. ~NAMASTE~

    El proceso de la búsqueda espiritual...Porque estamos en la espiral de la evolución y en la linea del tiempo, todo se repite. Nota: Encontraras las ilustraciones para este articulo en mi cuenta de Instagram: orbe.azul

    Este relato lo escribí hace algún tiempo atrás, inspirado en un suenio que tuve, pero quizás, no fue solo un suenio......

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Soy el Ser mas desconocido para mi misma.

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