cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

6 min
El Saldo Cero ( 2ª Parte)
Reflexiones |
19.06.17
  • 0
  • 0
  • 79
Sinopsis

Reflexiones y recuerdos de un viejo y solitario multimillonario.

 

 

En fin. Aparte de eso durante algún tiempo más seguimos con la rutina. Mucho trabajo en los días entresemana, escasas horas de sueño, reuniones, visitas, actos… Un no parar. Un estrés continuo. Y cuando llegaba el fin de semana, como ya le he explicado, las horas de sueño eran aún más escasas.

¿Qué cómo me mantenía? Vaya. No pensé que alguien joven como usted pudiera plantearse eso. No lo digo con orgullo, que conste; pero determinadas sustancias no se inventaron en su generación, aunque ahora vayan muy de listillos. Y cómo bien le he explicado yo tenía mucho dinero, y acceso fácil a cualquier cosa que deseara.

Mi hermano también era así al principio. Fue a causa de Ángela que dejó nuestras costumbres y aficiones por así decir. Lo que no esperaba en esos días, ni en el más oscuro de mis sueños, es que se planteara ir más allá.

Recuerdo que fue un martes. Entró en mi despacho temprano por la mañana, pero no venía trajeado, listo para otra jornada, sino con un simple pantalón vaquero y una camiseta de algodón.

-Lo dejo hermano. Me voy a marchar. – Me dijo de sopetón.

-¿Qué dejas qué? – Le pregunté sin siquiera levantar la vista de la pantalla del PC.

- Voy a retirar el 1 % del valor de mis acciones. Será más que suficiente para empezar. El 49% lo voy a donar, y no podrás oponerte a ello. Y el 50% restante es tuyo hermano. Creo que es lo justo. Tú has construido todo esto junto a mí. Así que te lo lego.- Me soltó con naturalidad.

Se puede usted imaginar la cara de idiota que se me quedó al principio, y mi enfado a continuación, cuando vi que hablaba muy en serio.

-¿Acaso crees que con el 1% podrás vivir más de seis meses? – Le pregunté inquisitivamente.

-No a este ritmo, desde luego. Pero no es esa mi intención. – Me respondió.

-¿Y cuál es entonces? – Le pregunté.

- Viajar, sentir, experimentar… Vivir, hermano. – Me dijo tan tranquilo.

- ¿Y de qué vas a vivir cuando se te acabe el dinero? – Me burlé.

- Sabes que soy muy trabajador. Tanto como cualquiera. Esta compañía es la prueba. Pero ya no puede ofrecer nada a mi vida que no sea sólo dinero. Trabajaré cuando sea necesario y trataré de hacer una diferencia allí donde pueda.- Me dijo con tono soñador.

Para qué aburrirle más con la discusión. Se zanjó con mi hermano marchándose con el rostro triste al oír mis reproches, pero se marchó claramente decidido.

¿Qué pensé? Pues que su novia era una “yuppie”  estúpida, que él era un calzonazos, y que no tardaría en regresar con el rabo entre las piernas, y rogarme que le devolviera su parte de la compañía. Al menos el 50% que me dejó. La parte que iba a donar ya estaba perdida. Sí. Eso pensé. Volvería y me lo pediría. Al fin y al cabo quién era tan estúpido de renunciar a millones por irse a cumplir no sé qué propósitos vitales. Cuando volviera me haría el duro, pero acabaría devolviéndole su parte, y yo tendría razón…

¿Cuánto tiempo pasó? Pues la siguiente vez que lo vi habían pasado diez largos años, sin saber nada de él. Me escribió. Pero nunca abrí ni una sola de sus cartas.

Pasó a mi despacho con cita, como cualquier comercial o representante. Yo aguardaba como un depredador paciente, de esos que esperan a su presa inmóvil e inalterable. Ya iba a caer en mis garras. En el hombre que entró por la puerta apenas pude reconocer a mi hermano. Pelo alborotado, barba poblada, ropa simplona y poco sofisticada. Llamaba la atención en aquel ambiente. Algunos de los empleados más antiguos que lo conocían no daban crédito. Entonces se despertó en mí una mezcla de suficiencia y lo que yo creía que era compasión hacia él. Menuda charla le di, sin ni siquiera esperar a que me saludase. En aquel momento estaba dando por sentado que al fin venía a pedirme ayuda, Y me enfrasqué en una larga soflama sobre el error que él había cometido, sobre la necesidad de que volviera a labrarse un prestigio y un gran patrimonio… En fin. Así un largo etcétera.

¿Qué hizo él? Eso es quizá lo que más me avergüenza ahora. Escuchó pacientemente mi discurso, sin abrir la boca ni una sola vez, consciente de que no le dejaría expresarse hasta que yo quedara satisfecho y terminara. Una vez que terminé se limitó a decirme:

-Hola hermano. He venido a verte. Me alegro mucho de verte tan bien como siempre. Pero no vengo a buscar tu ayuda. No necesito ninguna ayuda a decir verdad, no estoy en ningún apuro.- Me dijo mientras alzaba la mano para evitar que yo volviera a hablar. Entonces fue él el que se explayó. Me recordó las cartas que me había escrito. Le mentí. Le dije que no había recibido carta alguna. Que quizá me las habían extraviado. Me habló de su vida junto a Ángela, de la felicidad plena que sentía, de los viajes que había realizado. Al contrario que él yo no le hice el menor caso. Le oía, pero no le escuchaba. Todo me parecía palabrería y tonterías. Despreciaba todo lo que me contaba. Fue una situación muy desagradable. Ahora me doy cuenta que realmente lo tuvo que ser para él.

La conversación se zanjó cuando fui plenamente consciente de que no volvería ya al rol que una vez tuvo junto a mí. Lo llamé fracasado. Lo comparé con nuestros padres. Ojalá no hubiera hecho muchas cosas de las que hice en mi vida, pero ésa especialmente ojalá no hubiera sucedido.

Por segunda y última vez mi hermano se iba de mi despacho con el rostro triste, pero deseándome suerte.

¿Cuántas veces más volví a verlo? Sólo una vez más. Una última vez. Sólo que esta última vez sería yo quién le visitase, allí donde pasó sus últimos días. ¿Por qué sólo una vez más? Como le dije siempre he sido un cabezota, y mis logros empresariales han aumentado exponencialmente mi orgullo durante todos estos años. Seguía enviándome, a pesar de todo, cartas que yo no abría, pero jamás regresó a mi terreno, donde no encontraría más que reproches, y no se equivocó al pensar así pues eso era lo único que podría obtener de mí en aquellos días.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Escritor aficionado en prácticas...Abran paso!!!

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta