cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
El seguimiento (Segunda parte)
Terror |
02.04.13
  • 4
  • 3
  • 1660
Sinopsis

Déjà vú: Anomalía de la memoria. Experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación nueva.

         La bandit azulada de Jaime rugía al salir del parking del hospital. Paró antes de incorporarse a la calzada mientras observaba el accidente de tráfico que había doblemente presenciado. La ambulancia ya estaba en el lugar del siniestro y no parecía de gravedad. Jaime golpeó el pedal y salió a toda velocidad. Por el camino iba pensando en aquellas extrañas sensaciones que sentía. Hacía dos semanas que las sufría y cada vez eran más agudas. Jaime y Mar vivían cerca de la avenida tibidabo, en un piso de renta antigua. Pensaba en lo bien que se estaba comportando su novia, despechada y engañada y es ella la que se va. Un detalle por su parte. Ambos se querían pero el affaire de Jaime había quebrantado los pilares de la relación.

Llevaba viviendo solo cerca de un mes y la relación no mejoraba. Había aflorado la amistad pero el cariño iba desapareciendo lentamente. Hablaban a menudo para contarse el día a día, la costumbre se dijo Jaime, el día que se pierda eso se perderá todo. Aparcó la moto en el garaje descubierto de la comunidad y subió las escaleras hacia su ático. Las subía a toda velocidad, peldaño sí peldaño no, se fijó en el cartel. Entresuelo. Siguió subiendo y de reojo volvió a fijarse. Entresuelo. Esta vez se detuvo. Se frotó los ojos, cansados por la agonía del hospital y volvió a mirar. Entresuelo. Retrocedió asomándose por la escalera y podía ver su motocicleta. Se puso la mano en el corazón y notó las fuertes palpitaciones. Llevaba dos pisos.

Extrañamente subió los cinco pisos sin dejar de mirar los cartelitos luminosos de los rellanos. Entró con temor a la vivienda, dejó el casco en el perchero del recibidor y se sentó en el sofá. Aquello no era normal. Los déjà vús que estaba sufriendo iban a más. Será el cansancio, intentó justificarse mientras se preparaba una tila. Aún no había amanecido y no tenía ganas de dormir. Sintió la necesidad de averiguar qué era aquello que le estaba sucediendo, cogió el portátil y trató de buscar el significado a sus premoniciones. A parte de su significado, todas las vertientes conducían a un mismo lugar, el estrés. Pero Jaime vestía su propia piel y sabía que no estaba sufriendo nada de eso. Sentía pena por Mar y decepción por no encontrar trabajo, pero salía adelante. Le pudo el cansancio y al final se quedó dormido.

Otra vez esos grandes ojos mirándome fíjamente. No puedo ver nada más. No puedo moverme, a penas puedo pensar. Esos ojos no, no quiero mirarlos. No puedo cerrar los míos. Se mueven. Parece un perro inclinando su cabeza a ambos lados ¿qué vas a hacer? ¡No eso no!  Jaime pudo ver una especie de lanza que sostenía aquél extraño ser, levantándola al vuelo y justo al clavársela en el ombligo gritó incorporándose, despertando de la pesadilla. Jaime puso sus dos manos en el ombligo respirando a bocanadas. Se quitó la camiseta nerviosamente y fue al lavabo a mirarse. Todo estaba bien.

Una vez relajado sintió la necesidad de hablar con su amigo Joan, el único que sabía la historia de los repentinos déjà vús. Joan era amigo de la infancia, habían crecido juntos. Compartían la afición de la escalada. En buenos tiempos viajaron bastante para subir las mejores paredes, pero ambos escaseaban económicamente. Lo llamaré, plega a las dos, se dijo ya tranquilo. Había tentado marcar el número de Mar varias veces pero al final desistió. Esto la confundirá más si cabe. Llamó a su amigo y aceptó la invitación a comer.

Mientras esperaba a su amigo, Jaime pensó en el inicio de su trastorno. Recordaba acontecimientos vividos esas dos semanas y se puso a temblar. Todo comenzó en la calçotada que se celebró en casa de Júlia y Andreu, unos amigos comunes. Cada año se celebraban un par y el escenario siempre era la casa de la pareja situada en una urbanización de Sant Cugat. Se atiporraban de calçots y carne a la brasa en buena compañía. Allí estaba Mar. Hablaron poco pero hubo complicidad. Jaime recordó lo que le sucedió en la carretera de l´arrabassada. Llegó tarde a la casa de sus amigos. Se excusó sin querer explicar lo que le había ocurrido.

Era de noche, Jaime disfrutaba en aquella famosa carretera de motoristas. La bandit se agarraba al asfalto como con pega. A sus espaldas contemplaba la hermosa ciudad de Barcelona a esas horas. Miraba de reojo la Sagrada Familia, la torre Agbar iluminada de blaugrana, el puerto, drassanes, cuando de repente la moto se apagó. Se frenó de golpe y casi le costó un accidente. Eso fue lo último que recordó. No llegó a bajarse de la moto. Al rato se vio de pie, en medio del bosque sin saber por qué. Totalmente desorientado empezó a mirar alrededor y allí no había nada. Sintió un fuerte mareo y pudo escuchar el ruido de su moto al ralentí. No la veía pero la sentía. Corrió carretera arriba y al girar la curva a unos cien metros estaba la moto, encendida, en el arcén iluminando la gran recta...

Joan estaba al llegar y mientras se encendía un cigarro, Jaime decidió pedir una pizza. ¿Qué me ocurrió allí? se preguntaba una y otra vez. Fue allí donde empezó todo. El primer déjà vú lo tuvo en casa de Andreu. Era capaz de adivinar lo que iban a decir. Un sentimiento de esto ya lo he vivido lo abrazó profundamente. No podía interactuar, cuando le ocurría se quedaba perplejo como esperando a que el tiempo le colocara en su lugar. Todas las premoniciones, como él las llamaba, no eran modificables. Siempre lo mismo, presencia y me quedo mudo hasta que ocurre, pensó. En aquél preciso momento llegó Joan.

— ¿Qué pasa tío? Tienes mala cara — dijo Joan mientras se abrazaban. Jaime notó como le clavaba la parte posterior de la gorra de los nicks que llevaba. Joan siempre vestía ropa deportiva, ambos eran corpulentos y para ser treintañeros no lo llevaban mal. Joan era el guapo de los dos, el mujeriego, el melenas que se las llevaba a todas, le decía.

— Hola Joan ¿qué tal? he estado en urgencias esta noche — le explicaba mientras entraba al salón.

— ¿Por lo de los mareos? Joder tío me estás preocupando — dijo Joan mientras se autoservía una cerveza. Esa actitud cambió desde que Mar se marchó. Joan la respetaba mucho y durante ese mes era como su segunda residencia.

— No hay nada grave tío, me hiciero escáners y demás. Dicen que tengo que ir al loquero — explicó seriamente Jaime.

— Joder, si al final tendré razón ¡Estás tarado lo sabía! — gritó Joan bromeando —  ¿lo sabe Mar?  — preguntó.

— No, no, ahora eso no ayuda. Tío, me pasa algo. Estoy teniendo sueños muy heavys y los déjà vús van a más. Me duele un montón el ombligo y hoy he soñado que un bicho me clavaba una especie de estaca. Me estoy volviendo loco — Joan trató de calmarlo. Su compañía era lo único que lo calmaba, nadie más conocía lo que le ocurría.

— ¿Cuando tienes visita? — se interesó Joan. — El lunes por la mañana. Me queda todo un fin de semana para acabar loco de remate así cuando llegue ya me podrán encerrar — bromeó Jaime.

Jaime notó cada una de las palabras que nacían en la boca de su amigo. Era capaz de parar el tiempo y saber lo que iba a decir. Podía adivinarlo en todo momento, pero contra su voluntad no podía pronunciarse. Se acostumbró a los efectos de esa desconocida droga.

 

Continuará ...

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 54
  • 4.38
  • 524

Soy alguien que compone canciones e intenta escribir.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta