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9 min
El seguimiento (Sexta parte)
Terror |
05.04.13
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Sinopsis

Déjà vú: Anomalía de la memoria. Experiencia de sentir que se ha sido testigo o se ha experimentado previamente una situación nueva.

            Jaime pensaba en lo ocurrido la noche anterior en Montserrat mientras conducía su bandit. La ciudad parecía desierta a esas horas. Al pasar por General Mitre siempre aminoraba la marcha, recordó el accidente que tuvo de adolsecente. Siempre que pasaba por allí sentía escalofríos. Una vez en Lesseps torció a la izquierda bajando por Torrent de l´olla, arteria principal del barrio de Gràcia, donde residía el profesor Picoll. Número veinticinco. Aquél barrio tenía un encanto especial los sábados aunque a esas horas reinaba la siesta. Se preguntaba cómo estaba acudiendo allí, pero la verdad es que Pep le había dado respuestas. Extrañas pero respuestas, se quedó con eso.

Una vez aparcada la moto, Jaime sacó de su bolsillo la tarjeta que le había entregado el profesor y pudo leer Josep Manel Picoll, calle Torrent de l´olla 25 sobreático Barcelona, junto a un número de teléfono. Cruzó la calle y se dirigió al portal. Miró a través del cristal y pensó no hay ascensor, siempre igual en este barrio. Picó al interfono mientras leía las plaquitas de bronce. Encontró la que buscaba, J.M. Picoll y A.L. Nilsson, estudio mercantil y psicoterapia. Sonó la voz de una mujer con  acento extraño, abrió la puerta y Jaime comenzó a subir escaleras.

Siete duros pisos, los peldaños castigados por el tiempo no seguían ningún tipo de similitud. Jaime estaba acostumbrado a subir escaleras pero aquellas viejas porterías estaban hechas con poca profesionalidad y cuando un peldaño es más alto que los otros, la sensación de cansancio es peor. Al llegar al último tramo, ya sin aire, vio a una mujer rubia de mediana edad esperándole. Le pareció muy guapa, a primera impresión dedujo que no era española.

— Hola ¿eres Jaime verdad? — preguntó la guapa sueca dándole dos besos — pasa porfavor, estás en tu casa — Angelika dominaba el castellano a la perfección pero no podía evitar el fuerte acento sueco. Jaime la analizó rápidamente. Vestía una especie de extraño pareo de colores y tenía la melena rubia recogida de cualquier manera por una goma de pelo. Se le notaban los años, pero conservaba un buen tipo y aquellos ojos azules le impactaron. El piso era precioso, parecía más bien un gran loft de gente adinerada. Nada más entrar se topó con dos dobermans de mármol y un cuadro de un demonio agarrando su cabeza con unas largas uñas.

Antes de entrar al salón vio venir al profesor. Vestía un chandal y deportivas. Llevaba unas gafas de pasta negra y sostenía un libro mientras acudía a recibir a Jaime.

— Jaime gracias por venir ¿cómo estás? — preguntó Pep mientras le daba la mano.

— Bien gracias, un poco confuso la verdad — Angelika le cogió la chaqueta y le invitó a sentarse en el sofá que estaba cubierto por una lona marrón como de pana. Vio al gato persa y lo comprendió. Se sentó a charlar con el profesor y Angelika fue a preparar unos cafés. Aquél salón era precioso. Una gran chimenea de piedra reinaba en el centro y toda la pared estaba cubierta por libros, no pudo ver hueco alguno. Tenía razón, si que lee, pensó.

— Pep ¿me puedes explicar qué es un seguimiento? — Preguntó yendo al grano.

— A ver, cómo te lo explico ... — dijo mientras se quitaba las gafas — supongámonos por un momento que te han abducido, lo sé, cuesta creer. Supongámonos también que te han llevado algún lugar y que allí te han realizado algún tipo de prueba ¿me sigues? —

— Supongámonos que sí — contestó Jaime incrédulo.

— Bien. Una vez realizada las pruebas, mandan a uno de ellos para analizar tus reacciones y así poder estudiarlas posteriormente — dijo mirándole seriamente.

— ¿Cómo una especie de explorador? — Jaime ya se había metido en la película.

— Más o menos. Pues tienes todos los síntomas de que estés siendo acompañado por uno de ellos. El dolor de ombligo y sienes. Todos los casos que me ido encontrando por el camino, coinciden. Tantos retrocesos seguidos y sobretodo cómo te teletransportas inconscienteme a los lugares no son fruto de algo casual. Conozco el fenómeno Secutus Sum, he leído sobre ello, pero ésta es la primera vez que tengo a alguien tan cercano. Es un regalo para mí — explicó Pep.

— Y para mí, no seas egoísta — interrumpió Angelika con los cafés — ¿qué te dijeron en el hospital Jaime? ¿estrés verdad? — preguntó la guapa sueca.

— Eso creo, a ver el lunes qué dicen — contestó

— Ya te digo ahora que no hace falta que vayas. Ahora hablaremos un rato y lo sabré deseguida. El cuadro de estrés es algo fisiológico, es una defensa que uno mismo se crea, para nada es una patología y mucho menos provoca retrocesos en la memoria ni signos de pérdida — Angelika le pareció convincente. Vaya pareja pensó. No pudo evitar mirar cómo se cruzaban esas bonitas piernas. Jaime se sintió cada vez mejor en aquél encantador piso. Bolly, el gato persa gris, ya se había puesto en su regazo y ronroeaba mientras lo acariciaba.

— ¿Y cómo funciona la hipnosis Angelika? ¿me vas a dormir? — preguntó curioso.

— No tranquilo. Te llevaré a un lugar seguro dónde consiga que confíes plenamente en mí. Estarás en un estado de relajación, consciente, y me escucharás en todo momento. Cuesta un poco la primera vez, me tienes que facilitar las cosas. — explicó la psicoanalista.

— Haré lo que me pidas de verdad — Angelika lo creyó.

— Es muy importante que en estos momentos de preparación te sientas a gusto, que confíes en nosotros y que sobretodo creas en mi capacidad de hipnotizarte. Abre tu mente a todo — aquél tono sereno y aquél acento enamoró a Jaime. Sentía que si cerraba los ojos podía quedarse dormido en aquél sofá. El profesor se levantó y caminó hacia el equipo de música. Kharma, pudo leer, parecía un aparato caro. Comenzó a sonar una especie de chill out y el salón cobró un ambiente distinto. Puso un gran tronco en la chimenea moribunda y colocó una grabadora en la mesita de cristal.

— Lo voy a grabar ¿de acuerdo? — preguntó Pep.

— Sí, sí tranquilo ¿lo haremos aquí? — preguntó Jaime mirando a Angelika.

— Sí, mi despacho es muy frío para la hipnosis. Relájate — dijo mientras apartaba a Bolly de su regazo. El corazón de Jaime se aceleró. El profesor se había sentado en un gran sofá a su izquierda y Angelika se colocó a su espalda tocando la parte posterior del sofá con su vientre. Puso ambas manos en las sienes de Jaime y le pidió que cerrara los ojos. Notaba cómo sus dedos se movían lentamente. Le gustó.

— Jaime ahora quiero que sólo oigas mi voz. Imagina dos capas. Una muy grande donde descansa mi voz y otra inferior más fina donde flota la música. Inspira lentamente y piensa en las capas. Ahora espira y expulsa una de tus preocupaciones — Jaime espiró el engaño a Mar. Inspira. Espira. Jaime comenzó a recordar su aventura con la fotógrafa. Sentía arrepentimiento pero el placer que sintió fue tan grande que pudo con todo. La voz de la mujer del profesor le puso cachondo por momentos — Jaime abre los ojos — dijo Angelika que ya estaba frente a él.

— Vamos muy bien Jaime, no puedo creer que lo hayas cogido tan rápido — Jaime abrió los ojos y vio a Angelika sonriendo orgullosa y al profesor se le escapaba una sonrisa  de fascinación.

— ¿Qué ha pasado? si no he dicho nada — dijo sorprendido mirándolos a ambos.

— Cinco minutos hablando Jaime — dijo Pep mientras paraba la grabadora — sígamos porfavor —

Jaime no entendía nada y volvió a cerrar los ojos. No sentía nada y para él tan solo habían pasado unos dos minutos. Comenzó a pensar. No le venía nada a la mente, si se dejaba llevar acudía de nuevo al apartamento de Lucía a practicar el mejor sexo que jamás probó. Otra vez no por dios. Esta vez notó taquicardias, ya no escuchaba a Angelika. Le vinieron unas fuertes ganas de gritar a lo loco pero no podía, algo lo retenía ¡Quiero abrir los ojos! chillaba mentalmente. El dolor de ombligo regresó y aquél odioso zumbido que le recordaba a un espantoso didgeridoo. De repente pudo salir de allí, gritó y abrió los ojos.

El profesor estaba de pie, inundado por el asombro. Los ojos se le salían de las cuencas mientras tapaba su boca con las dos manos. Angelika tenía una cara de sorpresa, cual niño abriéndo su regalo más deseado. Ella le daba golpecitos al marido en el hombro. Jaime no entendía nada.

— ¿Qué ha pasado? ¿Qué os pasa? — preguntaba Jaime molesto. Aún notaba sus palpitaciones.

— Cariño lo has contado todo ¡qué fuerte! — dijo Angelika entre temor y alegría.

— Doce minutos Jaime, doce minutos contándonoslo todo. Mil gracias de verdad ¿Quieres escucharte? — preguntó el profesor totalmente emocionado. Jaime asintió lentamente con la cabeza aún con cara de poker. Se preguntó si le estaban tomando el pelo pero Pep ya ponía el play de su grabadora buscando el inicio de la conversación y se escuchó a sí mismo hablando...

 

Continuará ...

 

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