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10 min
El señor charles
Suspense |
02.01.17
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Sinopsis

seguir al lado de una persona y ya no quererlo mas. invadido por el miedo, querer cambiar de vida. sentir que el juego llego a su fin, pero el fin del mismo puede ser la muerte. entonces como escapar de haber sido cómplice de algo no querido. sin embargo nadie lo obligo a dicha complicidad. el dilema es como escapar de todo lo hecho, como huir del pasado que se encuentra tan presente.

Fumando su cigarro, bebiendo su vaso de alcohol pretencioso y barato. Se estimula a través de la presión. Me mira sin mirar y yo me pongo cada vez más nervioso. Él espera y yo me arto de esperar. Tenemos que largarnos, no sé qué hacemos todavía en aquel bar de mala muerte. Corremos peligro,  y el señor charles lo sabe. Pero es así, siempre peleando contra su alter ego, pero la puta madre, yo ya no distingo a  su yo y a  su otro yo. Creo que él tampoco ya lo distingue, tal vez ni le interesa, lo más probable es que no sepa que lo tiene. Pero lo cierto es que corremos peligro y no me animo a decirle: “viejo levántate y rajemos de este lugar antes que terminemos con la yugular abierta”. Pero no me animo, tal vez porque tema a que si abro mi estúpida boca el viejo charles me abra sin suspirar mi maldita garganta…

Enciendo un cigarro, bebo un sorbo de mi baso que contiene aquella bebida alcohólica que no se bien que mierda es pero que el viejo parece disfrutar mucho. Charles parece tranquilizarse, y yo me pongo aun más nervioso. ¿Porque ese tipo tiene esa personalidad que llega a desesperarme? Y aun peor. ¿Por qué sigo trabajando con él, porque sigo dejándome envolver en sus locuras que terminaran por hacer de mí un cadáver tenso e infeliz?

-Por qué tienes miedo -El viejo charles hablo.

No podía creerlo, el viejo había leído mis pensamientos y estaba respondiendo a mi pregunta en voz alta. Tal vez  yo había hecho un soliloquio, pero el viejo no lo había interpretado de dicha forma y había decidido escucharme. Pero no, para mi suerte mental nada de eso había sucedido. El: “por qué tienes miedo” no era tal, sino que era un “¿Por qué tienes miedo?”, una pregunta al estado actual de mi ánimo. El maldito viejo unos segundos atrás estaba hecho una bola de nervios; no podría decir que con miedo, pero si muy nervioso, y ahora me preguntaba que porque tenía miedo. ¿Acaso no era obvio?

-¡Porque estamos solo a cinco cuadras de donde matamos a la mujer, porque tú me pones nervioso con tu forma de ser, porque sabes bien que nos vendrán a buscar aquí, porque saben quiénes somos, tú me lo dijiste. Una vez que matamos a la mujer me dijiste que el marido te conocía y que no trabajabas para él, y que sabría de inmediato que tú la habías matado. Eres un viejo de miera, porque no me dijiste que era una venganza personal!

-¡Ya cállate!, tienes tu dinero no. Además nunca te dije que era una venganza personal porque no lo es. Yo no hago esas cosas por placer o venganza, soy un simple asesino a sueldo, mato por dinero. Y bien sabes que no siempre lo he hecho, en estos últimos tiempos tuve la maldita costumbre de andar aceptando dinero por matar gente. Pero es un vicio que quiero sacarme, de lo que realmente me arrepiento es de haberte metido a ti en esta suciedad. Aunque solo me acompañes y no te ensucies las manos, yo hago el trabajo sucio. Pero igual estábamos mejor cuando éramos ladrones de guante blanco y yo un alcohólico fracasado. Quise ponerle un poco de pimienta a mi vida y me fui de mambo, no estoy para esto, soy un viejo. Y por otro lado, porque no te marchas si quieres. Acaso estoy apuntando con un arma tu cabeza para que no muevas  tu culo de esa maldita silla.

El viejo tenia razón, él no me estaba obligando a quedarme, y sin embargo yo seguía sin mover mi sucio culo de aquella silla que venía a ser como una suerte de lotería para mi vida.

Cuatro sujetos entraron en aquel roñoso bar y supe que todo estaba perdido. Puse mi mano derecha sobre el revólver que llevaba en la cintura y el viejo charles me dijo: “ni se te ocurra, no seas boludo, de esta salimos vivos sin tirar un tiro”…

Insoslayablemente desconcertado me tenía la actitud de charles, aunque siempre se comportara de la misma manera yo no podía superarlo. No podía adaptarme a su forma de ser, ese ir y venir del nerviosismo a la tranquilidad, sus cambios de ánimos abruptos. Todo el tiempo lo sentía pelear consigo mismo tratando de ganarle quien sabe a qué parte de su endemoniado ser. El viejo no se ponía nervioso porque tuviera miedo, simplemente era un arranque de su personalidad, y quizás tampoco se pusiera nerviosa, tal vez era solo la perspectiva de mi mirada sobre él; y no poder descifrarlo me enloquecía.

Había decidido que aquella sería la última vez que trabajaría junto a el viejo charles, huiría para nunca más volver a verlo, si es que salíamos vivos de aquella situación. Como yo soy el narrador, es obvio que salimos vivos. Tal vez algún día les cuente como conocí al viejo charles, es una historia más que interesante, pero hoy no será el caso. El punto en esta historia es que yo estaba muerto de miedo y no apartaba la mano de mi arma. Uno de los cuatro sujetos di un paso hacia mí y casi imperceptiblemente deposito su revólver sobre mi sien. El viejo charles hablo con tranquilidad:

-Saca esa arma de la cabeza del chico, el pobre está asustado. Y tú, pon tus dos manos sobre la mesa. –Ambos obedecimos sin contradecir a charles. Mientras que otro de los cuatro sujetos arrimaba sillas a nuestra mesa.

-Mataste a mi esposa. –Un sujeto viejo, de pelo entre cano que parecía ser el jefe fue quien hablo.

-Lo siento, pero debía hacerlo, me pagan por ello.

-Nunca pensé que tuvieras las agallas para hacerlo.

-¿Por qué? ¿Puesto a que es tu mujer, o debido a que es mi joven media hermana?

-No lo sé, tal vez por miedo a que yo te mate.

-No te la agarrarías con migo, se perfectamente que iras directo al generador, y no al ejecutador. Por otro lado esto fue muy conveniente para ti, querías matarla pero tú si no tenías las agallas. Y te comprendo, no es fácil matar a la persona que uno ama. Para mí no fue más difícil que matar a una persona cualquiera. Para mí no era nadie, y sabes que esa hija de puta me estafo y me dejo en la ruina. Pero ese no era motivo para que yo la matase, no soy un desquiciado rencoroso. Solo un asesino a sueldo. Pero tú si tenías motivo, al igual que el que me ordeno matarla. La perra era bígama, que bien se las hiso, además de estafarlos por mucho dinero. Pero lo peor de todo es que ambos siguen enamorado de ella por más que disfruten que esta muerta, agrádeseme cuñado, hice lo que nunca te animarías a hacer

Aquel relato hecho por el viejo me descolocaba una vez más, simplemente no podía concebirlo como cierto. El viejo una vez más volvía a sorprenderme, encendí nuevamente un cigarro y pedí otra copa. Ya no podía imaginar cómo mierda terminaría todo aquello. Tal vez todo era un sueño, como esos sueños de coma, yo era el paciente moribundo y ni siquiera conocía al maldito charles. Me estaba muriendo y delirando en la cama de un hospital mugriento y repleto de gérmenes asesinos. Pero decidí que lo mejor sería no estar al borde de la muerte y tomar aquella realidad y aceptarla. Como si en verdad yo pudiese decidir mi destino ante la muerte.

Lo que teníamos era que el viejo charles me había utilizado para acecinar a su media hermana. En verdad la palabra correcta no sería utilizar, puesto que yo cobraba por mi trabajo, lo correcto sería decir que me había ocultado información. Y que además le había hecho un favor a su cuñado o ex cuñado, daba igual. Pero además tenía otro cuñado, el tipo que le había pagado para matarla, el tipo del cual el cuñado de charles que teníamos sentado junto a nosotros se encargaría de acecinar, al menos era lo que yo venía entendiendo de aquella charla tan rebuscada para mi mente y realidad. Charles había asesinado a su hermana sin que le temblase el pulso y además había cobrado por hacerlo, como un verdadero profesional. Ahora le daba explicaciones al damnificado, pero no con la intención de no ser liquidado por el sujeto, sino como un acto de mera cortesía. Charles sabía que su cuñado no lo asesinaría, porque al parecer le estaba haciendo un favor sin que este se lo pidiese. Y por más que al sujeto le doliese en el alma la muerte de su esposa, sabía que era algo necesario y que charles se lo había resuelto. Entonces no lo mataría, sino que se lo agradecería dejándolo vivo y desquitaría toda su ira con el otro esposo de su difunta mujer. Hasta ahora no le había hecho daño porque sabía que dicho hombre había sido engañado al igual que él, entonces se compadecía y no encontraba motivo para matarlo. Hasta aquel momento que había decidió quedarse con la vida de su mujer. Era una cuestión de orgullo machista y criminal. El acecino intelectual de la hermana de charles tenia los mismos sentimientos para con su rival a quien no conocía pero sabía que existía. La diferencia fue que este se animo a ejecutar sus más bajos instintos encargándole el asesinato al hermano de su mujer sin saber que estos dos fuesen parientes; y claro, charles jamás se lo aclaro ¿Pero como supo el cuñado de charles que el viejo había ejecutado el asesinato? Sin dudas charles se lo había avisado de alguna manera, minutos antes de matarla, quizás. El viejo le había advertido como para que este interviniese y detuviese aquella ejecución. Pero sin embargo había dejado actuar aprobando el accionar de charles. Y ahora se juntaban para dejar las cuentas completamente claras. Esto es lo que yo deduzco, porque en verdad no lo sé a ciencia cierta. No me moleste en averiguarlo, estaba agotado de toda aquella vida y quería cortarla definitivamente. Aquel era asunto de ellos y no mío, cuanto menos supiera mejor.

No se dijo mucho más en aquella insólita reunión, los sujetos se marcharon, y el viejo charles se despidió de mi diciéndome: “NOS VEREMOS EN EL INFIERNO”. Pero yo no concebía al infierno como mi lugar en la eternidad. Charles estaba viejo para cambiar y tampoco quería hacerlo. Pero yo estaba dispuesto a hacer hasta lo imposible para redimirme y encontrar la paz en mi lecho de muerte.

 

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