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4 min
El silencio de un pueblo
Reales |
09.07.18
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Sinopsis

En ocasiones no se tiene como describir el silencio, en cualquiera de sus formas, en cualquier lugar. El silencio es esa forma de descubrir

EL SILENCIO DE UN PUEBLO

 

     Muchas veces me he preguntado que es el silencio, y principalmente cuando se viene de una ciudad colmada de ruido, es imposible poder describir el silencio en todas sus formas.

     Yo venìa de una ciudad llena de esa algarabía, de bares y cantinas, mujeres que lloraban en las esquinas por un amor perdido, borrachos, cuyas platicas banales se 

encontraban siempre alrededor de los postes de luz, y mi vida siempre fue ese circo vacìo de una ciudad que gritaba sus penas. 

     Hasta que un dìa por aquellas razones del amor, me fui a vivir a un pueblo, en donde mis primeros intentos de adaptarme fueron inmensos, yo no podía comprender como se vivía sin el estrepitoso ruido de los buses, o las motocicletas con sus muflas destapadas para llamar la atención de las miradas adolescentes que saliendo del colegio sonreían al motociclista osado que levantaba su vehemente moto para hacer las piruetas que podrían conquistar la dueña de esas miradas. 

     Muy por el contrario, me encuentro en un pueblo en donde los cascos de los caballos se hacen presente porque vienen bajando y traen la leña en su lomo, al finalizar mi casa hay un riachuelo en donde el rocinante amigo se queda para saciar su sed, y si vuelve tu rostro puedes observar las vacas pastando y escuchar el canto del jilguero y muy allà el gallo que despierta. 

     Todo esto era nuevo para mí, pero aun asì el esfuerzo del dìa a dìa era grande, aun maravillado por el olor a la humedad de la tierra, extrañaba en mis adentros el smog de mi cuidad. 

     Paulatinamente fue cediendo la costumbre, bien lo decía mi abuelo Refugio…el ser humano se acostumbra a todo…, màs si ese todo estaba acompañado de una mirada càlida y una sonrisa amorosa que llenaba mis días.

     Los lugareños se reunian, ya no alrededor de los bares, aunque si existían no eran con las caraterìsticas citadinas, y contaban sus historias, de ese pueblo, en el cual vivian hoy, y que siempre fue mejor el ayer. Las campanas de la iglesia empezaban su repique avisando que ya el sacerdote se encontraba listo con la puerta abierta para poder recibir a los feligreses, y entre abrazos los invitaba a pasar para poder compartir una vez la paz que te otorga al unirte a tu hermano. 

Y asì ya una vez adaptado transcurrieron los años, empece hacer amigos, y realmente el pueblo tenía su gracia. 

     Pero la vida tiene sus trampas, y a esto es a lo que voy, dentro de los años vividos el amor que me enseña los amaneceres, a sembrar la tierra con estas manos que lo único que habían tocado eran los teclados de las oficinas, a cambiar los graneros, a coger el café, la vida caprichosa se la lleva, a muy temprana edad. Quedando solo, totalmente solo. 

     Y es aquí donde valoro devolverme, regresar a esa locura que ya tenìa años de no vivirla, volver a la frugalidad de los días, sin conciencia, solamente por el puro deseo de olvidar dolores antiguos o dolores nuevos 

     La vida muchas veces te reta, y me quede, aunque solo, aprendì que nada es para siempre, y tenía que seguir mí vida ya en otra piel ya con otras costumbres.

     Un dìa no podía dormir, y sali a caminar eran como las dos de la mañana, no podía, todo me dolia, y si era todo, o no era nada estaba totalmente perdido 

     Y ahí estaba, el silencio, en donde te puedes escuchar, en donde puedes percibir hasta la mas leve respiración de aquel que yace dormido después de un dia largo de trabajo, puedes escuchar el gemido del amor en alguna casa cuyo olor a leña abriga del frio. 

     Los sonidos del silencio, que te recuerdan que llevas un dolor no tratado, como muchos otros, ese silencio, el silencio de un pueblo que alberga a este extraño que va buscando en cada huella el alivio, la paz. 

     Y me detuve hasta ahí comprendi que el sonido tiene sus propias quejas, y es el silencio de un pueblo. 

 

Autora Xiomara Quesada Monge 

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  • No es un texto apasionante; pero tiene su encanto. Entre tanto relato de violencia transmite serenidad y calma, como creo que fue tu intensión. Saludos.
  • En ocasiones no se tiene como describir el silencio, en cualquiera de sus formas, en cualquier lugar. El silencio es esa forma de descubrir

Me gusta escribir, es una forma de conectarme conmigo misma

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