cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Testigo
Suspense |
23.06.17
  • 0
  • 0
  • 2074
Sinopsis

Una avecilla de ciudad sirve de vehículo para el sueño de un ciudadano aburrido.

A horcajadas sobre el cuello emplumado del gorrión sobrevolaba el patio de su vecino que se esforzaba en limpiar el interior de los cañones de una escopeta de cartuchos con una baqueta, alternando dos cepillos de diferente dureza. Nada nuevo en esta casa habitada por un hombre primitivo y hablador y una mujer muda a la que parecía le costaba un gran esfuerzo dar los buenos días cuando te cruzabas con ella.

A escasos metros vivía la revolución, siete chicos y chicas caracterizados de adolescentes y jóvenes pretendidamente gobernados por unos padres que procuraban sólo desviarlos cuando se dirigían hacia la perdición. Cuando volaban sobre su tejado se mezclaban las músicas, rap, blues y heavy metal, con los timbres de los móviles y las conversaciones en las que faltaba uno de los interlocutores.

Entre todos los sonidos, dominaba una voz que se hacía más aguda y alta por momentos y que se cortó en seco. Las últimas palabras de esa voz femenina fueron: “Te crees Jasón a la búsqueda del Vellocino de Oro” que decían mucho porque tenían detrás un enorme significado como todos los mitos de la antigua Grecia, pero que sin un contexto no se podían interpretar. Había volado de su casa para escapar de los problemas y ya se encontraba con un dilema que tenía que resolver. ¿Qué era el Vellocino de oro? ¿Quién era Jasón? Para tratar de averiguarlo llevó a su cabalgadura emplumada al alfeizar de la ventana.

La muchacha se había encerrado en el cuarto de baño a medio vestir para contestar la llamada y una vez atendida pugnaba por calzarse unos vaqueros que parecían más propios de su hermana pequeña, pero al final se embutió en ellos y justo al terminar sonó el móvil de nuevo. Lo cogió y contestó a la llamada.

  • Eres un pesado.
  • Bbsss.
  • Estás loco.
  • Bbsss.
  • No la toques y vete a la Policía. No tienes otra salida que dejar que averigüen quien la mató. Entre tanto tú eres el principal sospechoso.   

Al final, como los argonautas que acompañaban a Jasón, se había metido hasta el cuello en un lío con cadáveres, por si faltaba algo. No lo pudo resistir y siguió la línea caliente de la llamada hasta llegar a un apartamento. Habían cerrado la puerta de la mínima expresión de una terraza y los dos ventanales, pero pudo mirar al interior y descubrió a una mujer tendida en el suelo y aun hombre mayor que trataba de limpiar con una camisa un enorme cuchillo de cocina.

Su cabalgadura daba ya signos de agotamiento y se acercaron a beber a una fuente cercana. El gorrión recelaba de las gaviotas y las palomas que como él habían ido a abrevar a la enorme fuente que a él le parecía una laguna, pero el diminuto humano imponía a las aves que se alejaban en cuanto lo descubrían.   

Volvieron al pequeño apartamento y lo encontraron lleno de policías, en presencia del joven dueño estaban recogiendo en bolsas todos los objetos del suelo, al tiempo que fotografiaban el cadáver que sólo tocaron para comprobar que había fallecido y daban aviso para que viniese el juez.

Posados en el borde de la ventana escucharon una conversación entre los policías.

  • Dicen los vecinos que no tenían discusiones pero ella recibía a un hombre mayor cuando él no estaba. Una persona muy educada pero tuvo que ser él el que la mató porque el muchacho la encontró muerta y nos llamó.
  • Tuvo que enterarse de alguna jugada, se sintió burlado y decidió asesinarla fríamente.

La vista se le nubló y dejó de sentir la caricia de las plumas en sus piernas. Todo su mundo se desvanecía y empezó a sentir el roce de las sábanas, la funda de la almohada, el edredón. Hacía años que no volaba en sueños y nunca había soñado algo tan coherente y detallado.

A la mañana siguiente coincidió en el autobús con su vecina, la mayor de los muchachos que conversaba con una amiga. Por la radio del autobús se oía el trinar de los gorriones.

  • A Álvaro lo han detenido lo acusan de haber asesinado a su novia, a Mercedes.     
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Soy un profesor de universidad jubilado que hasta ahora no he tendo tiempo de escribir, mi afición favorita o mejor: mi pasión.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta