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15 min
El sujeto del comedor público
Drama |
30.10.12
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Sinopsis

Espero no me juzguen por lo que a continuación me propongo relataros, comprendo que es fácil juzgar si las cosas se observan desde la lejanía, acomodados en un mullido sofá viendo la noticias por la televisión, pero les aseguro queridos lectores que vivir las cosas en primera persona es harto distinto.

Espero no me juzguen por lo que a continuación me propongo relataros, comprendo que es fácil juzgar si las cosas se observan desde la lejanía, acomodados en un mullido sofá viendo la noticias por la televisión, pero les aseguro queridos lectores que vivir las cosas en primera persona es harto distinto. No me demoro más en mi introducción y prosigo a relatar los hechos concernientes a esta historia que supongo es lo que realmente interesa al lector. Andaba yo medio cabizbaja con una depresión de caballo, no es que justifique mi hazaña escudándome en mis desgracias, pero en mi opinión todo influye en esta demente historia, el caso es que una serie de catastróficas desgracias en muy poco tiempo me hizo encontrarme de la noche a la mañana viviendo debajo de un puente, sé que suele ser una expresión pero os aseguro que es posible acabar literalmente bajo ese puente del que todos hablan sin conocimiento de causa, lo dicho, un cúmulo de infortunios como quedarse en paro y sola en el mundo, y dirán que siempre está la familia, amigos, etc. Desgraciadamente no tengo familia directa y ahí empieza el primer suceso desencadenante de mi desgraciada situación, un mes antes de que me quedara en paro mis padres y dos hermanos sufrieron un aparatoso accidente mortal de tráfico haciendo que sus vidas quedaran en un suspiro en menos de un minuto, a raíz de ese acontecimiento me sumí en una depresión total que me obligó a coger una baja laboral que a mi tirano jefe no sentó muy bien, con lo que me vi en la calle, resultante de que mis padres vivían de alquiler, el casero no tuvo ningún remordimiento a la hora de pegarme una patada en el trasero y si te he visto no me acuerdo ni me interesa, así que me acomodé en casa de un amigo mientras buscaba un pisito de alquiler, no pedía mucho la verdad, uno de una habitación era suficiente, el caso es que ningún alma caritativa era capaz de alquilarme nada estando yo como estaba desempleada, sin oficio, ni beneficio. Y dirán ustedes... bueno también puede buscar trabajo, y yo no digo lo contrario pero en los tiempos que corren el encontrar un empleo es más o menos como que te toque el euromillón y yo diría que incluso más difícil, el caso es que mi novio me dejó porque desde el accidente según él yo ya no era la misma, supongo que su compañera de trabajo con la que compartía cama y alma debía de pensar lo mismo pues antes de dejarme ya había trasladado todas sus pertenencias a casa de mi “novio” y se asomaba bajo la ropa un bulto sospechoso que me hacía intuir lo que podría ser un futuro bebé, así que deseándoles la peor de las desgracias y poniendo dos velas negras en mitad de un circulo de sal le rogué a las fuerzas oscuras que la mayor de las desgracias y si podía ser dolorosa cayera sobre sus personas, eso debió de darse la vuelta en mi contra, no sé si es que hice el conjuro en plan tan chapucero que me lo eché a mí misma porque cada mañana se pasean juntos y sonrientes empujando el carrito de bebé por delante de mi cartón para que me quede claro que son las personas más felices del planeta, y como si hicieran una obra de caridad me tiran una moneda de cincuenta céntimos como si así contribuyeran en mi recuperación monetaria, moneda por otra parte que yo recojo y la lanzo cual proyectil directo a su cabeza por si consigo hacerle algún daño en el intento, lo único malo es que no tengo mucha puntería ni suerte alguna dicho de paso, menudos desgraciados, disculpen la expresión. 

 

Bueno viendo que me voy por los cerros de úbeda les diré que mi amigo el que me daba cobijo no tuvo a bien que me quedara tanto tiempo y me tiró a la calle cual perro abandonado, animal con el que me solidarizo desde entonces por ver similitudes en nuestro destino, amigos tenía muchos.... pero cuando me vi obligada a acudir a cada uno de ellos pidiendo consuelo y asilo, desaparecieron todos en un abrir y cerrar de ojos, todo eran excusas y escaqueos hasta que directamente ya ni descolgaban el teléfono y debieron de mudarse porque no abrían la puerta de sus domicilios, supongo que el invento del videoportero tiene su utilidad después de todo, el que lo inventó debe de estar forrado. 

 

Lo dicho, me busqué un perro callejero para que me hiciera compañía y me acomodé debajo de un puente, no cualquier puente ¿eh? Que una tiene su orgullo aunque no lo parezca, busqué el más bonito de toda la ciudad, en la parte de arriba estaba repleto de flores que pagaba el ayuntamiento, muy bien cuidado y colorido, ya que mi situación era tan triste, por lo menos tener unas buenas vistas y ambientador floral de serie me parecía imprescindible dadas mis circunstancias, vamos que me fui a la jet set de los puentes, antes muerta que sencilla. 

 

De vez en cuando se pasaba mi nuevo amigo “el colillas” y me ofrecía un trago del elixir de la vida, osea vino tinto de garrafa o cartón, el cual yo aceptaba encantada y ponía mi vaso de plástico encontrado en la calle supongo que desechado después de una noche de botellón por jóvenes insensatos, el caso es que yo como una señorita remilgada acercaba mi vaso a “el colillas” para que me sirviera ese trago de vino rancio que rascaba la garganta y retorcía el vientre pero que calentaba el alma y el corazón. 

 

Todos los días acudía a los comedores públicos y hacía la cola, las mejores veces conseguía comida, pero otras y dada la cantidad de “gentepuente” que últimamente había crecido en población, me quedaba sin mi sustento, así que comía día si y día no. Uno de esos días en los que tuve suerte fui a por mi ración y allí estaba aquel individuo huraño, feo y amargado que ofrecía sus servicios como voluntario, creyéndose abiertas las puertas del cielo por su hazaña caritativa. El caso es que me tocó el turno en la cola y mirándome de arriba abajo hizo un desafortunado comentario sobre que es una lástima que se utilizase los recursos obtenidos de donaciones de gente con buena fe para alimentar a una panda de vagos que prefieren vivir del cuento a currarse la vida con esfuerzo, estuve tentada de contestar, siempre he sido muy respondona, pero mis tripas rugían con furia y en ese momento mi tripita mandaba sobre mi lengua viperina, pero me quedé con su cara y en mi interior se fue acumulando un odio intenso hacia su persona. 

 

Desde que estaba en la calle me había vuelto rencorosa y el mal habitaba en mí ya permanentemente alterando mis sentidos y pensamientos. El caso es que los dos siguientes días no tuve mucha suerte y mi número en la cola no obtuvo alimento alguno, pero al tercer día ya me tocó la rifa y avancé para coger mi sustento y allí estaba aquel mezquino que volvía a servirme, esta vez el comentario fue que cómo era posible que una putita linda como yo estuviera necesitada, que con una ducha y un peine el me daba de comer más placenteramente... pero tres días sin comer es mucho y mi estómago no me permitió hacerme la indignada y escupirle un ñapo verde en la cara, así que sonreí forzosamente y recogí mi plato sin mediar palabra alguna con aquel energúmeno hijo de la gran puta. Con el estomago al 25% lleno me fui a mi cartón a descansar y disfrutar de mi morada, como todos los días pasaban los tres, carrito incluido y repetíamos el ritual de los cincuenta céntimos siempre sin suerte, más con mis fuerzas disminuidas por la flojedad hacían más difícil si cabe el atino en la puntería. 

 

Como decía unas lineas más arriba mi carácter fue agriándose poco a poco y mi cabeza sufría de visiones asesinas y odio en general que sólo apaciguaba su sed de venganza con el vino que me ofrecía “el colillas” y la conversación de tiempos mejores que parecían ya a años luz de distancia. 

 

Un día sentada en una acera pidiendo limosna a la puerta de un supermercado pasaron por delante mis amigos que venían de cenar en un restaurante, intenté levantarme a saludar, pero sus caras de pánico al intuir el intento que iba a realizar y el que giraran la cabeza hacia otra dirección haciendo como si no me conocieran me hizo saber, si es que ya no me había quedado claro que esa panda de cabrones no querían saber nada de mi existencia, y encima no me dejaron nada en la cestita los muy ruines. Siempre había pensado que los mendigos debían de sacar bastante pasta si todo el mundo le tiraba alguna moneda, pero señores os aseguro que yo que lo he vivido en carnes, la gente es una agarrada de cuidado, pasan disimulando por delante y desvían la mirada no vayas a decirles algo, vamos que como mucho conseguía un euro o dos al día y eso si había suerte, que me daba para comprarme jabón en mi intento de asearme a costa de las fuentes publicas y ahorrar para abastecerme de paracetamol, porque el vivir a la intemperie lo que tiene es que cuando coges el resfriado ya no te lo quitas por mucho cartón que tengas encima, y mi objetivo y sueño personal era conseguir poco a poco el dinero para poder comprarme una mantita que me resguardara del viento, porque las navidades estaban cerca y el frío empezaba a hacer mella y los huesos entumecidos pedían clemencia. 

 

Volvía al comedor público a ver si tenía suerte y una vez más aquel tipo salido y pedante me sirvió el plato de lentejas (quemadas) y todo dicho de paso la ración no daba ni para alimentar a un pajarillo, ya estaba acostumbrada a sus frasecitas célebres e iba concienciada de mi autocontrol para no dejarme intimidad por semejante sujeto. La frase fue la siguiente: “la escoria es el único cangrejo que camina hacia delante” y así siguió día si y día no con sus frases célebres, recojo aquí varias de ellas, imaginando que el tipo se metía en Internet ávido de nuevas adquisiciones para dar los buenos días a los mendigos necesitados y mofarse desde su posición privilegiada de Dios caritativo al cual se le debe dar las gracias por repartir comida caída del cielo, en fin ahí van las frases de las cuales me acuerdo así de sopetón: 

 

  • Dios los crea y la carroña se junta.

  • Eres una asquerosa anarquista pseudo-intelectual que no tiene más que piel y huesos.

  • Soplapollas roja con un alto grado de dislexia con menos chicha que la radiografía de un silbido

  • Eres una asexual sin neuronas muerta de hambre.

  • Feto mal parido ahí te pille un huracán con la boca abierta.

  • Si los tontos tuvieran hélice tu serías un helicóptero. 

  •  

Y así sucesivamente iba acrecentando mi odio hacia aquel jodido gilipollas y en mi mente imaginaba una y otra vez como conseguir mi objetivo de cagarme en las bisagras que sujetan las cajas de sus muertos. 

 

Siguió la retahíla de insultos: 

 

  • Quítate la careta que ya pasaron los carnavales.

  • Cuando camines por la calle no lo hagas muy despacio que se te puede llevar el camión de la basura.

  • Tienes cara de solitaria, ¿en qué intestino te han criado?.

  • Si los ángeles están en el cielo y los demonios en el infierno ¿por qué las mierdas se quedan en el medio? 

  •  

Y ahí seguía con sus frases del día, os pongo estimados lectores estos insultos para que puedan ponerse en mi situación, sola y desamparada en la vida, sin nadie a quién acudir, abandonada a mi destino y aguantando a éste cabronazo. Aún así intenté que no me afectara demasiado, puede que mi cordura estuviera menguando con cada día a la intemperie y que quieras o no, la cabeza ya no te riega como antes, vamos que andaba yo zumbada y recién bebido el brebaje directo del cartón de “el colillas” cuando mirando mi bolsita marrón atada a mi sujetador me dí cuenta que el esfuerzo había merecido la pena y había ahorrado lo suficiente para poder comprarme la mantita ansiada durante tanto tiempo, así que me levanté y anduve hasta la tienda más cercana dónde vendían dichos tesoros. 

 

Abrí la puerta de cristal y unas campanillas situadas justo encima anunciaron mi llegada triunfal, la dependienta me miró con cara de asco y escrutó mi indumentaria desde la cabeza hasta los pies, no es que fuera muy limpia pero hacía lo que podía por mi aseo personal. A punto estuvo de echarme a puntapies cuando saqué mi bolsita llena de monedas, cogí la manta del estante y me acerqué a caja a pagar y cual fue mi sorpresa cuando alcé la vista y vi al mamón del comedor que me sonreía desde el otro lado del mostrador, mofándose de mi osadía y mirando con desprecio las moneditas que tanto tiempo me había costado juntar, quiero que se pongan en mi situación y aunque no logren entenderlo el odio acumulado hacía aquel individuo era tal, que tal vez puedan entender lo que pasó a continuación y el porqué me veo ahora en esta situación. Como iba diciendo me miró con su cara de suficiencia y una sonrisa que dejaba ver sus dientes postizos llenos de restos de comida y me dijo... “Eres tan asquerosa que elegiste de profesión puta y te moriste virgen” y se puso a desternillarse de risa, no sé que pudo pasar por mi cabeza en aquel momento de enajenación mental transitoria o esquizofrenia temporal, pero una rabia interior se iba abriendo paso hacía el exterior, giré la cabeza y vislumbré una enorme llave inglesa en un rincón donde creo estaban arreglando unas estanterías nuevas para darles uso, corrí lo más rápidamente que pude, la así con fuerza y zacatrás, le estampé un mamporrazo en la cabeza con todas mis fuerzas, que aunque estuviera débil y famélica debieron salir de mi furia interna escondida, y mientras le asestaba otro golpe con más rabia una voz gutural salió de mi garganta, qué te follen hijo-de-la-gran-puta-desgraciado-cabrón-hijo-de-mala-madre-eunuco-soplapollas-adefesio-que-te-folle-un-pez. 

 

Lo sé, estuvo mal por mi parte cargarme a ese cabrón, pero quería contar mi versión de los acontecimientos los cuales me llevaron a la prisión por asesinato, puede que obrara mal pero no pude contener la ira, me declaré culpable como no podía ser de otra forma, y aquí estoy en mi celda escribiendo mi versión de los hechos y esperando la compasión de los lectores o al menos conseguir un pequeño resquicio de entendimiento, quizá aquel desgraciado no mereciera morir, pero yo lo sentía así, no estoy mal, tengo una cama con mantas y tres comidas al día, casi le debo dar las gracias a aquel hombre por insultarme porque por fin tengo un hogar, dulce hogar...


 

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  • me gustan los relatos que te dejan sentimientos encontrados y para mi tu lo has logrado. Tema difícil el que has tocado y te felicito por publicarlo
    Escribe tus comentarios...Bueno, el que la busca la encuentra, una reacción bastante lógica en sus circunstancias. Pobre chica, al menos ahora está calentita.
  • Tal vez el final sea el comienzo de una nueva ilusión

    Haciendo limpieza y buscando entre viejos escritos he encontrado ésto, lo escribí hace años, creo que cuando tenía 21 o 22 pero releyéndolo me ha traido recuerdos, va en mi linea de relatos angustiosos así que he decidido publicarlo. ¿por qué no?. En la realidad ésta historia tuvo un buen final, duró sólo un par de años, pero ganó el amor, como debería de ser siempre... por muy distante que se perciba la meta, al final siempre la terminas cruzando ;-)

    A mi sol, cuyos rayos dan calor a todo aquél que alcanza.

    Ya no hay rayitos de sol ni nadie que pueda ayudarme

    la distancia nos separa pero las letras nos unen

    Cuando la melancolía se aposenta cómodamente dentro de tu ser, difícilmente puedes hacer algo para animarla a marcharse y dejarte tranquila

    No quiero dejarme llevar por espejismos que te ciegan y no ver la irrealidad que esconde.

    Espero no me juzguen por lo que a continuación me propongo relataros, comprendo que es fácil juzgar si las cosas se observan desde la lejanía, acomodados en un mullido sofá viendo la noticias por la televisión, pero les aseguro queridos lectores que vivir las cosas en primera persona es harto distinto.

    Tranquila, no pasa nada, eres una mujer fuerte, una mujer de mundo, independiente, sensata, ésto lo tienes controlado, más que controlado, pse...

    Mirando las estrellas buscando respuesta a lo que ni ella misma sabe todavía.

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Apasionada de los libros de misterio, Adicta al tabaco, siempre en compañía mientras me tomo el quinto o sexto café del día, me gusta el mar, los libros y su olor, pasear sóla por Valencia y dejar a mis pensamientos vagar a sus anchas, la naturaleza, escuchar, meter mi narizota en todo, organizar viajes y cenas, amar, compartir, soy lo que ves, sincera, llana, cariñosa, leal.

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