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16 min
El Tío del Verano
Ciencia Ficción |
08.02.14
  • 5
  • 1
  • 2023
Sinopsis

...el tío que todos quisieran tener... el tío que todos querrían ser...

       A veces, cuando Tejo volvía a su casa desde la escuela, en pleno junio, llegando al barrio notaba una brisa tropical. Las veredas parecían oler a salitre de playas distantes. En el conocido baldío, se alzaba un aire ardiente de sabana africana. Junto a su casa, aleteaban extraños vapores, con aromas del Golfo de Bengala, el Estrecho de Torres y los arrecifes de Australia Oriental.

       Su tío había llegado.

       El Tío del Verano.

       El tío Elmer, el tío de Tejo, de apenas treinta años, era hermano menor de su papá. Siempre llegaba por sorpresa desde lugares lejanos. Amarraba el "Tritón", su goleta de tres palos en el puerto, pagaba y licenciaba a los tres tripulantes, se tomaba un taxi y aparecía en casa. 

       Pero Tejo ya sabía que estaba. El tío Elmer tenía la propiedad de cambiar el clima, allí donde fuera.

       El más crudo invierno y cotidiano ambiente urbano, se transformaba en cielo claro, aire tropical y tonificante sentimiento de aventura, ligado al deseo de peripecias afortunadas y viajes a latitudes remotas.

       El tío Elmer los visitaba siempre cada cuatro o cinco meses. En esos días Tejo, a pesar de sus ocho, diez y después doce años, se quedaba pegado hasta la madrugada, prendido al relato de las aventuras del Tío del Verano en torno al mundo, a través de mares y países desconocidos.

       En cienta ocasión, cuando Tejo tenía doce años, le preguntó a su tío Elmer por qué se había ido de la ciudad... a trabajar en otros lugares, y no vivía con ellos.

      --Fue una historia trágica, Tejo... Yo hubiera querido trabajar y vivir siempre aquí... Yo estudiaba en la universidad y... tenía una novia... --evocó el tío Elmer en aquel crepúsculo, y Tejo sólo podía ver la gorra torcida y la rayada camiseta marinera  en la penumbra, mientras el tío contaba, movía sus enormes antebrazos y tomaba mate.

       --Cristina y yo éramos la pareja modelo, los novios eternos. Nadie podía siquiera imaginarse vernos separados. Fuímos como Dale Arden y Flash Gordon. Parecíamos Jane Porter y Tarzán... Ximena y el Cid Campeador... Lois Lane y Clark Kent... hasta que ella se fue con uno de nuestros amigos.

"Éso fue el fin del mundo para mí, claro. El  futuro había dejado de existir. Adelante mío no  había más que el vacío... el desierto...

"Yo, ya no podía seguir con los mismos amigos... las charlas de futbol en la peluquería...       el café... el club... los bailes de los sábados... las idas a la cancha los domingos,,,  Toda     esa vida de barrio, pueblerina, hipócrita, saturada de prejuicios, con intrincados y rígidos       códigos de conducta, de los que uno no podía zafarse ni un milímetro.

"Entones decidí irme a Buenos Aires, para estudiar y trabajar allá.

"Antes de éso, me despedí de ese "amigo". Lo obligué a tener una contienda final. Fue una    actitud primitiva pero me saqué el gusto. Yo terminé con dos costillas fracturadas, pero él      se llevó cinco rotas, junto con la mandíbula. Creo que éso me dio el triunfo.

"Cuando me gradué en ciencias antropológicas y navegación, trabajaba de ascensorista,  como empleado de quiosco, o lavando platos en algún restaurante, De todos modos pude      vender mi casa aquí y comprar el "Tritón". Conseguí varios trabajos para el National  Geographic, y diversos viajes con investigadores de diferentes países. Pero siempre  volviendo aquí, a  visitarlos.

"Hace tiempo me di cuenta que para mí, aquí están ustedes, y todo lo demás esta allá,  afuera.

"...Y yo entré de lleno en la aventura, a través de pueblos remotos en Polinesia, Melanesia, y Micronesia. Conocí muchas de las perlerías de Malasia, Indonesia y los mares del sur. Anduve descubriendo ciudades perdidas, templos  misteriosos y tesoros antiguos. Mi entorno se trastocó en mapas, catalejos, cartas náuticas  y sextantes, corrientes marinas y radios costeras. Brújulas, barómetros, velas de capa y  singladuras, motores náuticos, vestimentas y artículos de lejanísimos puertos y ciudades.

"Tenía entre mis manos el aire libre, los grandes espacios abiertos, remotos horizontes y      pueblos con gentes exóticas y culturas extrañas.

"Conocí a personajes como el navegante argentino Vito Dumas; Thor Eyerdhal, el de la balsa  "Kon Tiki"; Eric de Bischop; el explorador Eduardo Barros Prado... y algunas tribus de  homínidos arcaicos, que aún existen...

"Era muchísimo más de lo que podía ofrecerme la vida prosaica y prejuiciosa del barrio--.       concluyó el tío de Tejo, con el mate en una mano y un kriss malayo en la otra,  escarbándose los dientes.

       Con su corta edad, Tejo sólo entendió a grandes rasgos y en general la confesión del     tío Elmer. Pocos años después, terminaría de comprenderlo.

    .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

       Un día, cuando Tejo tenía quince años, el tío Elmer llegó en su goleta con otra novia,      la definitiva, de ascendencia maorí e indoaria.

       Sheena, se llamaba, como la muchacha de la selva, y hablaba castellano con un acento exótico. Ahora eran dos para relatar las aventuras. Los viajes, donde el tío Elmer        y Sheena aseguraban que lo llevarían a Tejo, cuando fuera más grande.

       Cuando Sheena y el Tío del Verano partían de nuevo, aprestaban la goleta "Tritón" y       se alejaban por la bahía. Navegaban pasando a un costado del espejismo permanente, asentado sobre la costa desde tiempos inmemoriales, y se adentraban en el océano. Se       fusionaban con los horizontes distantes.

       Pero siempre regresaban, como aquella vez cuando las deudas no podían ser pagadas. La ruina amenazó a la familia de Tejo y el taller de imprenta de su padre.

       Sheena y el tío Elmer aparecieron, y volcaron sobre la mesa del comedor una alforja       atiborrada con perlas descomunales.

       El tiempo continuó fluyendo. Tejo cumplió diecisiete años, y el Tio del Verano y Sheena no volvieron más.

       Esperaron y esperaron, pero el mar permaneció adusto y hermético, sin abrirse, y la querida goleta de tres palos no volvió a surcar la bahía.

       También se había cortado el delgado y largo hilo de cartas y tarjetas postales, adornadas con coloridos y extraños sellos de correo.

       El cielo y el horizonte del mar se mantenían cerrados en un puño que no quería soltar     su presa.

       El padre y los hermanos mayores de Tejo indagaron repetidas veces. Enviaron telegramas a  misteriosos puntos del Caribe, Lejano Oriente, Polinesia y África.

       No había respuestas positivas. Sólo "se desconoce", "no hay reportes" o "no tenemos    novedades".

       Todos pensaron lo peor. Un tifón. Un naufragio. Un maremoto. Ataques de piratas indochinos y otras cosas por el estilo.

       En el orbe, los tiempos de la terrible contienda en Viet Nam fueron pasando.

       Tejo cumplió veintidós años, y Sheena y el tío Elmer tampoco aparecieron.

       Después de la guerra el ambiente del mundo se ensombreció aún más. La guerra fría     entre oriente y occidente, y la interminable secuela de luchas políticas en cada punto del planeta, hicieron la vida insufrible.

       Fueron tiempos oscuros, la época en que los padres y hermanos de Tejo murieron en     un accidente automovilístico. Tejo quedó solo, debiendo hacerse cargo de la pequeña imprenta de sus padres. La vida se redujo a su novia Beatriz y el pequeño medio de vida,       en un devenir pesimista y sombrío.

       Lo único que continuaba inalterable era el misterioso espejismo permanente, instalado   sobre un lado de la bahía a cierta distancia del puerto.

       El fenómeno, Tejo lo conocía desde que podía recordar. Una mancha extraña de luz,       cambiante como un calidoscopio, que a veces parecía esbozar misteriosos paisajes.

       Había sido clasificado por los científicos como una aberración electromagnética, producida por un meteorito caído en el lugar en épocas pretéritas, y enterrado a gran profundidad.

       Los estudiosos volvían cada tanto; rodeaban el inmenso cenagal intransitable de la costa, hacían cateos geológicos y detecciones magnéticas, fotografiaban y filmaban las        extrañas luces. Al cabo de éso, los sabios se encogían de hombros y desaparecían por largas temporadas.

       Otro fenómeno se presentó muy repentino hacia mediados de julio. Transcurría un invierno de cielos plomizos, que le hacía olvidar a cualquiera que algún día volvería el verano.

       Un bolsón de aire cálido se abatió sobre la ciudad, como llegado desde Serengeti, Ngorongoro o Zanzibar. Como si un inmenso horno hubiera sido abierto, la bocanada ardiente desgarró las nubes aceradas, mostrando un cielo azul muy claro. La marea tórrida inundó     todos los lugares, haciendo que la gente clausurara las estufas, abriera las puertas y ventanas y abandonaran todos las casas.

        Los meteorólogos sacudieron sus instrumentos y se pusieron histéricos.

        Cerca de la casa de Tejo, alguien batió palmas con manos de tablones, y una atronadora carcajada aporreó los frentes de toda la cuadra.

        El tío Elmer y Sheena habían regresado.

        Fué el júbilo, el regocijo inundando la casa de Tejo. Más tarde, como para nivelar, vinieron la pesadumbre y el llanto, ante el relato de las desgracias familiares.

        Por su lado Sheena y el tío explicaron los insólitos accidentes sufridos. Los alucinantes "círculos májicos" marítimos y las extrañas geografías paralelas. Los "ojales sueltos" o vórtices magnéticos, por donde uno podía escurrirse y luego andar perdido, derivando durante siglos.

        Llegando a tal punto, el marino propone a Tejo que venda las propiedades. Luego, junto con Beatriz, partirían con ellos en la goleta rumbo a otros horizontes, donde fuera posible     ser feliz.

        .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

        Cuando por fin abordaron el "Tritón", Tejo preguntó desolado: --¿Adónde podemos ir?    si el mundo está en sombras. Impera la guerra fría. Todo el planeta se achicó en una aldea sembrada de terroristas y dictaduras militares, donde nadie es libre. Continúa el peligro atómico; ya no quedan lugares lejanos, no hay regiones vírgenes ni ciudades perdidas; no     hay animales extraños ni culturas diferentes; ya no existen países desconocidos, ni islas     misteriosas, ni personajes extraños. Ya no hay nada de nada.

        Después de zarpar el tío Elmer contestó: --Cuando anduvimos derivando perdidos, verificamos varias cosas. El mundo se compone de múltiples realidades, como si fueran tramas de tela, unas sobre otras, en cantidad infinita.

"Las tramas están interconectadas por ojales, y estos se encuentran cerrados por algo          así como "botones" de energía. A veces el "botón" está flojo, se suelta, y hay libre paso de  un lado al otro. Por ejemplo las "islas temporarias", que aparecen y desaparecen, como la     isla de San Brandán, al oeste de las Canarias. O la isla de Pepys, al este de puerto    Deseado.

"También podemos mencionar el Triángulo de las Bermudas, y al este del Japón el Triángulo  del Diablo, donde desaparecen aviones y barcos.

"Esos lugares y muchos otros, son zonas donde la "trama" está débil, o el "botón" se suelta,  produciendo fronteras oscilatorias. Por esos puntos aparecen, con intermitencia, animales    extraños como "Nessie" en Escocia, el "Nahuelito" en nuestro país, o el "M`koo-m´bemboo"  en África central.

"De la misma forma, se pueden nombrar los humanoides monstruosos, como los "Yety",        "Almasti" y "Mi Go" en las cordilleras de Asia, los "Ucumares", "Chilludos" y "Trahucos" en   los Andes, y los "Sasquatch" y "Pie Grande" en América del Norte. Todos ellos son en la     práctica iguales. Humanidades de "otra Tierra", que coexiste y se interpenetra con la          nuestra, pero que no podemos apreciar. Tan sólo aflora por ciertos puntos dispersos, en  forma intermitente.

           Tejo observó extrañado: --¡ Pero, ustedes están igual que hace doce o catorce años,  parece que tuvieran la misma edad que yo ! ...y además ¿para qué me explicás todas esas hipótesis alucinantes?

           --Las derivaciones que te expliqué a través de múltiples realidades, parece que "dilata" nuestro tiempo de vida biológica hasta el punto de casi detenerlo Y no son hipótesis alucinantes. Se trata del mundo que nos rodea, y te lo explico porque ahora los vas a experimentar--, aclaró el tío Elmer, cambiando el rumbo y señalando el cenagal, la costa sur de la bahía, el espejismo.

            En el alba de ese día de verano anticipado, pero aún neblinoso y grisáceeo, el fenómeno eclosionaba como una prodigiosa corola fosforescente. Era un mirasol en llamas,   un inmenso fruto del paraíso, fluctuando como fuego de San Telmo.                                  

            --Nunca nadie hizo ésto --el marino movió la rueda del timón, y la goleta puso proa   hacia la mancha de luz--, parece que en este momento abarca media milla sobre el agua.

            El "Tritón" avanzó y el cielo se tornó dorado. Dentro de la cabina del timón la incandescencia lo impregnó todo. Afuera, por un momento pareció que los rodeaba una muralla de fuego.

            Pasaron al otro lado del espejismo. La fluorescencia quedó atrás y se encontraron   en un día soleado con mar tranquilo.

            --Como te iba diciendo, el espejismo es la entrada a un mundo alternativo, donde     vale la pena vivir --continuó el tío Elmer, mientras Tejo y Beatriz miraban el panorama consternados--, aquí existe una isla remota donde mora un simio gigante. Nosotros debemos evitar que lo capturen. No debe morir cayendo desde el Empire State Building.

"En este mundo podremos visitar y charlar con un tipo simpático que vive en la costa  occidental de África. Se lo pasa columpiándose de liana en liana, ululando como un simio,    y reside en una especie de bungalow, junto con una mujer rubia. Podremos acompañar la  expedición de un profesor loco. Éste, asegura que en una remota meseta de Suramérica  habitan dinosaurios y hombres monos. También podríamos llegarnos hasta Sumatra y  Borneo, para ayudar al príncipe Sandokan de Sharawak en su lucha contra James Brooke...

           --¡Pero, me estás hablando sobre historias de ficción...! --interrumpió Tejo, incrédulo.

           --Tejo, la ficción no existe. Cuando un escritor piensa que está creando personajes    y mundos, por más fantásticos que parezcan, sólo está sintonizándose con un ámbito real, tan real como el nuestro, de un universo paralelo. Ésto, puede variar en pequeños detalles,   o cambiar en extremo o totalmente. Y así, multiplicándose en gamas y facetas hasta el infinito.

            --¡Miren allá, hacia sotavento! --indicó Sheena, mientras repartía unos catalejos.

            Enfocando los anteojos, todos pudieron observar una inmensa giba blanca, y algo     así como un surtidor soplando sobre las aguas.

            --Debe tener setenta brazas de largo, tal vez ochenta... --musitó el tío Elmer con      una sonrisa de oreja a oreja--, y miren los viejos arpones clavados como alfileres en el         lomo. Este cachalote es uno de los últimos arqueo-cetáceos. No muy lejos debe andar un   viejo buque ballenero a vela, del puerto de Nantucket, persiguiéndolo implacable.

            Tejo y Beatriz miraron perplejos, desorbitados, El Leviatán, la tangible maravilla,        se desplazaba como una isla animada, y el monstruoso morro alzándose sobre la olas,        era un peñasco viviente.

            Pensaron que sería una jubilosa e interesante vida. Atravesarían mares oscilatorios,  islas temporarias y ojales o vórtices de energía, junto a Sheena y el Tío del Verano,  conviviendo con seres fantásticos y pueblos fabulosos.

           ...Y el verano... apenas comenzaba...

                                               .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

       

           

        

 

 

   

 

     

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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