cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
El trono del rey
Fantasía |
21.08.16
  • 5
  • 2
  • 823
Sinopsis

Colocad la moneda de oro sobre el trono y demostrad así si sois dignos de reinar.

Había una vez dos reyes que estaban en constante guerra por alzarse con el poder. Duraba ya tantos años el conflicto que los dioses, cansados, decidieron bajar a la Tierra e intervenir. Para ello, dieron a cada rey una moneda de oro que debían colocar sobre el trono tras superar tres pruebas en las que debían demostrar las habilidades que los hacían merecedores de la corona.

Así pues, el primer rey, moneda en mano, emprendió su viaje. Al llegar a la playa, el cielo se tornó gris y una tormenta lanzada por los mismísimos dioses embraveció las aguas. El rey, entonces, ató varios troncos de madera y con su capa hizo una vela. Y así, sobre su improvisada balsa, el primer candidato al trono atravesó el mar y llegó a la otra orilla. Más tarde, un rayo atravesó los cielos y el primer rey se vio rodeado por un círculo de fuego del que parecía poco probable que escapase. Sin embargo, el rey se desvistió y con sus húmedos ropajes comenzó aplacar el fuego hasta apagarlo por completo. Y así continuó su camino. Cuando ya se divisaba el castillo a lo lejos, los dioses actuaron por vez tercera. De este modo, un enorme toro que pastaba tranquilamente en la pradera enfureció de repente y envistió contra el primer rey. Pero éste, manteniendo la calma, colocó las manos sobre la cabeza del animal y lo apaciguó hasta volverlo manso de nuevo. Estaba ya el rey a tan solo unos pasos de su trono cuando una figura deforme y horripilante se aferró a sus piernas y suplicó, con lágrimas en los ojos, una moneda con la que comprar un trozo de pan que llevarse a la boca.

- Oh, pobre criatura - dijo el rey primero-. Mírame, desnudo y empapado, ¿de veras creéis que llevo oro encima?

Entonces la criatura se apartó pidiendo disculpas. Pero cuando el rey, satisfecho consigo mismo, llegó a la meta, abrió la palma de la mano y allí continuaba la moneda que le habían dado los dioses y, como debía hacer, la colocó sobre el trono.

            -Habéis demostrado astucia e inteligencia, buen rey- lo alabaron los dioses-. Sin duda sois un gran candidato. El pueblo os admirará.

El primer rey, con el pecho hinchado de orgullo, sonrió.

Entre tanto el segundo rey, moneda en mano, emprendió su viaje. Al llegar a la playa, el cielo se tornó gris y una tormenta lanzada por los mismísimos dioses embraveció las aguas. El rey, entonces, se deshizo de su pesada armadura y se lanzó al agua. Y así, a nado, el segundo candidato al trono atravesó el mar y llegó a la otra orilla. Más tarde, un rayo atravesó los cielos y el segundo rey se vio rodeado por un círculo de fuego del que parecía poco probable que escapase. Sin embargo, el rey cogió aire y, con ágiles movimientos, atravesó las llamas tan rápidamente que éstas apenas pudieron acariciar su piel. Y así continuó su camino. Cuando ya se divisaba el castillo a lo lejos, los dioses actuaron por vez tercera. De este modo, un enorme toro que pastaba tranquilamente en la pradera enfureció de repente y envistió contra el segundo rey. Pero éste, puños en alto, se lanzó contra el animal y lo mató con sus propias manos. Estaba ya el rey a tan solo unos pasos de su trono cuando una figura deforme y horripilante se aferró a sus piernas y suplicó, con lágrimas en los ojos, una moneda con la que comprar un trozo de pan que llevarse a la boca.

- Oh, pobre criatura - dijo el rey segundo-. Mírame, quemado y ensangrentado, ¿de veras creéis que llevo oro encima?

Entonces la criatura se apartó pidiendo disculpas. Pero cuando el rey, satisfecho consigo mismo, llegó a la meta, abrió la palma de la mano y allí continuaba la moneda que le habían dado los dioses y, como debía hacer, la colocó sobre el trono.

            -Habéis demostrado fuerza y valentía, buen rey- lo alabaron los dioses-. Sin duda sois un gran candidato. El pueblo os obedecerá.

El segundo rey, con el pecho hinchado de orgullo, sonrió.

Entonces apareció un hombre enjuto y jorobado que se arrodilló ante reyes y dioses suplicando una oportunidad. Los reyes se miraron y comenzaron a reír a carcajadas. ¿Acaso ese ser malhecho supondría amenaza alguna?

            -¡Dejadle, dejadle!- gritaron los reyes-. ¡Lo pasaremos bien!

Así pues, el jorobado, moneda en mano, emprendió su viaje. Al llegar a la playa, el cielo se tornó gris y una tormenta lanzada por los mismísimos dioses embraveció las aguas. El jorobado, entonces, retrocedió, pero una roca y lo hizo tropezar y caer al suelo. Y así, una enorme ola lo engulló y arrastró al jorobado mar adentro hasta que, semiinconsciente, llegó a la otra orilla. Más tarde, un rayo atravesó los cielos y el ser deforme se vio rodeado por un círculo de fuego del que parecía poco probable que escapase. Sin embargo, el jorobado comenzó a soplar, lo que avivó las llamas tanto que chamuscaron su carne mientras intentaba salir del círculo. Y así continuó su camino. Cuando ya se divisaba el castillo a lo lejos, los dioses actuaron por vez tercera. De este modo, un enorme toro que pastaba tranquilamente en la pradera enfureció de repente y envistió contra el jorobado. Pero éste, asustado, huyó y se encaramó un árbol hasta que el animal se hubo cansado de esperar. Estaba ya el jorobado a tan solo unos pasos del trono cuando una figura deforme y horripilante se aferró a sus piernas y suplicó, con lágrimas en los ojos, una moneda con la que comprar un trozo de pan que llevarse a la boca.

- Oh, pobre criatura - dijo el jorobado-. Mírame, humillado y moribundo. Bien sabían los dioses el ridículo que haría y aun así dejáronme hacer. Tomad esta moneda, que para vos vale más que mil reinos, y vivid un día más.

Entonces la criatura aceptó la moneda dando las gracias. Y cuando el jorobado, decepcionado consigo mismo, llegó a la meta, abrió la palma de la mano y allí no había moneda alguna que colocar sobre el trono. A los reyes les faltaba aire en los pulmones y lágrimas en los ojos de tanto reír. Las voces de los dioses los hicieron callar.

            -Habéis demostrado bondad y compasión, jorobado- lo alabaron los dioses-. Sin duda sois un digno candidato. Seréis amado, y por ello el pueblo os admirará y os obedecerá.

Y, ante la mirada atónita de los dos reyes, los dioses colocaron la corona sobre la cabeza del jorobado y lo sentaron en su bien merecido trono.

 

 

 

 

FIN

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Gracias por tu comentario, VIMARA. Lo cierto es que no pretendía tener un final sorprendente. Y no, no llevaban calderilla, e incluso de haberla llevado no se la habrían dado al pobre.
    Bien escrito y tal, pero se veía venir el final a leguas. Siendo reyes ¿no llevaban calderilla en los bolsillos? sobre todo el primero que llega vestido.
  • Colocad la moneda de oro sobre el trono y demostrad así si sois dignos de reinar.

    A veces el mundo es mejor cuando no sientes nada…

    PD: Género gótico. El momento culmen de la melodía antes de su apoteósico final queda ahogado con un grito de terror. Tras eso, el mundo de la joven se torna en oscuridad.

    La vida está llena de casualidades. De pequeños gestos sin aparente importancia. De oportunidades que pasan de largo para no volver. De momentos desaprovechados. Y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde.

    La cíngara bailaba y lloraba, pues era todo lo que sabía hacer en la vida. Ay, si fuera libre. Si pudiera volar en lugar de bailar y vivir en una casa de oro…

    Puede que las mujeres no sean la perdición de todo hombre, pero las sirenas sí son la perdición de todo marinero.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta