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6 min
El último adiós para Gabriela
Amor |
17.11.12
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Sinopsis

Gabriela en su lecho de muerte tiene un último deseo, que su hijo conozca su terrible y tormentoso amor. Primer capitulo de una serie de relatos que te cautivará.

 

Hace muchos años una tierna niña gozaba de juventud y libertad, con los años logro ganar hermosos recuerdos de su niñez y juventud. Conoció el amor de su vida, pero al mismo tiempo conoció a la mayor decepción de la misma.

Nació un 13 de Septiembre de 1987 en un pequeño pueblo en Comodoro. Su nombre Gabriela Swan una chica tímida que siempre vivió asediada por el miedo y la melancolía.

A pesar de todos los obstáculos que la vida le interpuso ella nunca se dio por vencida, y siempre trató de salir adelante. Sin embargo el haber padecido diversas agonías parecía no importar, ya que el día de hoy se encuentra atada a una silla de ruedas, la cual sería su fiel aliada hasta su último segundo en la tierra.

Gabriela se encontraba en un estado realmente demacrado, a sus 36 años su cabello comenzaba a tornarse de un color platinado, sus manos que anteriormente eran frescas y juveniles, se encontraban pálidas y con unas cuantas manchas que indicaban su edad. En su silla sentada deseaba el momento de su muerte. Mientras Amelia, su enfermera personal, cuidaba de ella.

- Amelia – susurró Gabriela mientras con su mano derecha palpaba su pecho como en señal de dolencia – Te pediré un favor, probablemente el más grande que en la vida te he pedido. -

- Adelante – contestó Amelia en tono sumiso – Usted sabe que puede contar conmigo en todas las circunstancias posibles. -

- Mira, yo se que pronto moriré – le dijo a su enfermera personal. Al parecer ese malestar en su pecho comenzaba a ser un dolor más agudo – y necesito que le entregues a Kenneth la carta y el libro rojo que yacen debajo de mi cama. -

- Señora, por favor no diga eso… -

- Cállate – Replicó – Es la verdad y es inevitable – con sus dos manos apresuradamente comenzó a desabotonarse el camisón, como si la temperatura hubiese aumentado en un par de grados – Y cuando yo me valla le darás eso a Kenneth. Es lo único que te pido ¿Podrás hacerlo? -

- Sí, sí – Amelia tartamudeo por un momento por el nerviosismo de tan lúgubre situación – sí lo haré pero no hable más de eso, no vaya a ser que de tanto hablarlo en verdad suceda. -

Gabriela estiró su mano hacia Amelia en señal de agradecimiento y sin más preámbulo comenzó a sufrir un paro respiratorio.

- Señora – Gritó Amelia desesperadamente – por favor no me haga esto. -

Gabriela había dejado de respirar. Y Amelia con la esperanza de revivirla comenzó a reanimarla, pero inevitablemente Gabriela Swan había fallecido.

Los días partieron velozmente y el día del último adiós llegó. Era un día gris, parecía que el mundo se encontrase de luto, ya que ningún ave se paseaba por el cielo ni hacia el menor ruido. A tal dolorosa reunión tan solo asistieron tres personas: Amelia quien inevitablemente se encontraba llorando, El sacerdote que oficiaba la ceremonia y Kenneth su hijo. Kenneth es un chico moreno, de 1.85 m, de pelo y ojos color negro, con un increíble parecido a Mathias.

La ceremonia llego a su fin y el ataúd donde se encontraba aquella mujer fuerte e impetuosa comenzó a ser bajado para no ver la luz del sol nunca más.

Amelia se dirigió hacia Kenneth. En sus manos cargaba un libro color rojo, y encima de este se encontraba una carta, indudablemente era el encargo hecho por la recién fallecida Gabriela. Con paso temeroso se acercó hacia Kenneth y con lágrimas en los ojos a punto de salir decidió hablarle.

Joven Kenneth – Dijo Amelia con suma delicadeza, puesto que el siempre fue muy apartado, muy frio, muy distante. Aunque físicamente se parecía a Mathias en su forma de ser era idéntico a Daniel.

Kenneth  volteó ver a aquella temerosa mujer. Sus ojos negros parecían dos agujeros profundos donde nada podía escapar. Su mirada fría y calculadora recorría a Amelia de pies a cabeza.

 Mande Amelia – Por fin contestó.

Joven lo último que su madre quiso fue que le entregara esto – Pronuncio Amelia mientras entregaba tan peculiar encargo – no sé de que trate mas debe ser de suma importancia como para ser el último deseo de alguien, y más tratándose de alguien tan especial como su madre lo fue.

Amelia no pudo contener más su dolor y sin anticipación alguna comenzó a llorar desesperadamente como si su propia madre hubiese sido quien murió. La verdad es que el lazo establecido entre Gabriela y Amelia era muy grande, ya que Amelia la veía como una madre.

Tranquila – dijo Kenneth con una voz fría y cortante – te agradezco por todo lo que hiciste por mi madre, mas llorar no arreglara las cosas.

Aquel indiferente joven pronuncio aquellas duras palabras como si fuese cualquier cosa de lo que estaban hablando. Y sin más que decir dio media vuelta, en sus manos sostenía el libro y la carta que el tanto interés tenía en que el poseyera.

Entro a su auto, dejo lo que Amelia le había entregado en el asiento de atrás, y velozmente avanzo con dirección al sur. En las afueras de la ciudad vivía en un pequeño departamento.

Al llegar a su hogar se dispuso a dejar sus cosas sobre una mesa color café. Y ahí dejo aquello tan importante para su madre y tan inútil para él.

Sin embargo hasta ese momento el no tenía idea de todo lo que se enteraría al leer el libro que su madre le había dado, un libro que en realidad era su diario personal. El diario donde contaría sus secretos íntimos que Daniel le confió, sus peores y mejores momentos.

 

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Por favor sean tan amables de decirme e instruirme por el buen camino de la escritura, ustedes me alentarán a seguir.  :)

"No puedes ganar si no lo intentas". Saludos.

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