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5 min
El único enamorado del mundo
Amor |
19.06.13
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Sinopsis

Lo pongo en la categoría de amor, aunque talvez no pegue tanto. Y por si acaso... ¡El texto no hace referencia a nadie en específico!

            Saqué mi billetera del bolsillo, cogí la fotografía que llevaba conmigo, le desarrugué la esquina que siempre se doblaba y se la mostré a mi amigo.

 

- Mira. ¿Verdad que es linda? —dije yo con cierto aire de orgullo. Él la tomó y observó la imagen con interés

- ¿Quién es ella? —preguntó al cabo de unos segundos. Suspiré antes de responder. Quería hacer alarde de todo lo que esa chica me hacía sentir.

- Pues es la dueña de mis suspiros, y de todo lo que soy. El amor de mi vida. Vida de mi vida, alma de mi alma, reina de mi corazón. Ella es…

- ¿Te das cuenta de las idioteces que acabas de decir? —interrumpió mi amigo mostrándose súbitamente sorprendido.

- ¿Qué? ¿A qué te refieres?

- Por la forma en que hablas, pareciera que estás enamorado de ella.

- ¿Pues qué más va a ser si no?

- ¿Pero quién se enamora ahora?

- En serio, no entiendo de lo que estás hablando —indiqué consternado.

- ¡Hombre! Sí, hubo un tiempo en el que la gente solía sentir eso, pero con la vida como es ahora, ¿quién tiene tiempo para esas tonterías?

- ¿La vida como es ahora? —pregunté confundido— lo dices como si tú y yo viviésemos en tiempos diferentes.

- Pero es que eso parece. ¿Cómo es que vienes y me dices que estás enamorado? Ha pasado tanto tiempo desde eso que ya ni recuerdo cuanto.

- Estamos en 2012, ¿no? —pregunté sintiéndome estúpido.

- Claro, pero nadie se enamora ya.

- ¿Ya? ¡Ya deja de tomarme el pelo! ¿Y qué hay de tu hija? ¿A caso no te enamoraste de su madre?

 

            Mi amigo se echó a reír de manera escandalosa, muy exagerada en cuanto a mi criterio. Yo le observaba sorprendido y dubitativo. Me respondió lo siguiente cuando terminó de reír.

 

- ¿Y para qué crees que existe el MR?

- ¿Y eso qué es?

- Oye, ya basta. ¡Eres tú el que trata de tomarme el pelo! —No comprendí por qué, pero comprendí certeramente que mi amigo hablaba en serio. Algo había cambiado. Algo que yo ignoraba. Repentinamente comencé a sentirme mareado, débil y desorientado. Pegué mi espalda al respaldo de la silla y detuve mi frente con una mano.

- En serio… ¿Podrías explicarme eso del MR? Como si no supiera nada al respecto. Por favor... —le rogué. Él mostró fácilmente en su rostro la preocupación que sentía al verme en ese estado. Talvez él comprendió que yo también hablaba enserio.

- El Ministerio de Reproducción. Vas, eliges a una mujer de un catálogo, te concertan una cita, te reproduces y luego el Ministerio decide quién se encarga de la crianza del niño.

 

            Al escuchar esa respuesta, mi cabeza se sacudió estrepitosamente, como si supiera que esa era la respuesta que no quería escuchar.

 

- ¿Y qué hay del amor de pareja? ¿A caso una ley le abolió? —fue lo primero que pude pensar en medio de mi desconcierto.

- Amigo, el amor, desde el principio fue sobrevaluado. Vivir es mucho más importante que amar. Toda una vida no alcanzaba para vivir. ¡Y mucho menos si se compartía con alguien más! ¿A caso no había gente que se mataba por ello? ¡Se mataban por amor! ¡Era una reverenda idiotez! Supongo que los que decían que no se podía vivir sin amor se dieron cuenta de que el oxígeno era más importante.

 

            A mí no me hizo gracia ese comentario. Me levanté de golpe, la silla se volcó pero no me importó, me dirigí hacia a fuera y corrí sin parar con la mirada fija en el horizonte. Por alguna razón mi corazón me decía que ese no era el mundo al que yo pertenecía. Talvez, por la misma razón, sentía que el mundo en el que el amor aún existía, se encontraba ahí, donde se ocultaba el sol, al borde del precipicio y a punto de caer. En ese momento esa premisa regía dentro de mí como una ley imperial. Corrí desesperadamente. Extendía la mano y creía alcanzarlo, más solo era una ilusión.

Cuando me quedé sin aliento, caí tendido sobre un prado en el que no soplaba ni la más mínima ventisca. El espeso sudor me irritaba los ojos de una manera muy extraña; era eso o estaba llorando.

Allí tendido, rodeado de un silencio tan triste, comencé a reflexionar sobre cómo había llegado yo a ese mundo tan irracional. Llegué a la conclusión de que no era yo el que se había perdido en el viaje de la vida. Era el mundo el que en algún punto había querido tomar un atajo, creyendo que así tomaría ventaja en la carrera. Una carrera contra quién sabe qué. Pareciera que era contra mí, pues era yo el que sentía que se había quedado atrás.

 

- ¿De cuándo a acá te volviste tan idiota? —le reclamé con un quedo suspiro que se disipó en el silencio.

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Me gusta mucho leer. ¿Por qué estaría aquí si no? jajaja Lastimosamente ya no tengo mucho tiempo para ello, ni para escribir tampoco. Pero bueno, hay que hacer un esfuerzo.

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