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2 min
El vacío creativo
Reflexiones |
25.04.22
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Sinopsis

La página en blanco y el silencio. La mente errática sin una idea concreta. El paso del tiempo. El pulso del texto ya escrito, la presión del destino narrativo que no se alcanza, que no llega, que no se percibe. Y todo ello rebozado por la angustia de perder la inspiración que parece pasar de largo.

La sensación de no ser tú, de no sentir lo habitual. La percepción de una perdida desconocida, de no acabar de llegar o no acabar de lograr. Y todo por cumplir, por acariciar la meta soñada, que no deja de ser un paso más, como siempre un paso más.

Pero ahora, sólo vacío, sólo eriales, sólo tierra que no germina a pesar de la voluntad de hacer llover, de querer fecundar, de crear vida en la simiente lingüística.

Todos escoramos en una orilla que hace que nuestro propio peso intelectual nos retenga en las arenas de la inercia. Y entonces nuestro bajel, nuestro propio yo se inclina y queda atrapado en una tierra de leve oleaje que no le permite continuar. Esa es la detención creativa, este es el fin real nos guste o no. Luego llegarán las lluvias curativas o no, pero que harán subir el nivel del mar imaginativa y volveremos a zarpar en el mar de las ideas y los sueños.

La página en blanco son los desiertos necesarios. Esa falta de rumbo que nos produce desesperación y que, sin saber muy bien cómo, nos hace recuperar las selvas verdes, salvajes, nutridas y nutrientes que hacen que regrese el texto en forma de viento, de aguacero o de rayo sobre el folio intacto. Y entonces se torna marrón y germina; y regresa el verde sobre la superficie, las semillas se extienden y aun siendo las mismas, son siempre diferentes. Y el río nutritivo brota en la superficie, crea meandros cubiertos por léxico, voces y silencios. Y entonces la página en blanco empieza a desvanecerse, a desaparecer. El valor de su tiempo es la única incógnita. Ahora y aquí, pero quizás no luego y allí. Escribir y no sufrir es similar a amar y no perder.

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