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4 min
El vaso roto
Suspense |
31.10.18
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Sinopsis

El Vaso roto

Por: Leandro Nates

-Calle 6ª Nº 1-24, reportan un H1 urgente- me informó  la operaria del 923. Un frío filoso circunvaló mis tripas. Desde hacía más de seis meses numerosos reportes de escándalos en la casona de los Mendizabal me llevaron a visitarla hasta familiarizarme con su engalanada mole, construida  cuando el ahorro de espacio y los gastos no eran preocupación de ricos hacendados y menos de los arquitectos con presupuesto y vía libre para desarrollar su creatividad.

-Una vecina llamó alertándonos que algo grave sucedía en la casona,  después de una agitada discusión que retumbaba en la vecindad-, complementó el informe la operaria de la central, que activó la grabación  “…xrrg…Por favor vengan rápido. Algo muy grave sucede en la casa de los vecinos Mendizabal…escuché ruidos de objetos estrellados contra las paredes, muebles y cristales rotos seguidos de gritos  y un –¡Noo  lo haagas, por favor- repetido varias veces en muchos tonos  desesperados hasta explotar en un aullido espeluznante seguido por un silencio sepulcral, como en una novela de Agatha Cristhie o en una película de Hicthcock…”, dijo con voz alterada pero entendible,  la anciana que había llamado a la central y a la que de inmediato identifiqué como la inconfundible  doña Alicia del Carpio, la simpática y extrovertida anciana a la que le gustaba leer novelas y ver series policiacas, según me contó  en anteriores visitas al acudir en búsqueda de información sobre sus conflictivos vecinos y en varias ocasiones me invitó a compartir un café con torta preparada por ella -con puro vino tinto de la Rioja, una copita de coñac, almendras, pasas, arándanos  y receta exclusiva de las abuelas venidas de España-

Confusos pensamientos revoloteaban mi mente al recordar detalles de anteriores visitas, después de reportes de agitadas discusiones y peleas entre los esposos,  vástagos de una de las familias que hace varios siglos acostumbraban a casarse entre ellos, para parir a sus herederos y futuros  gobernantes de la ciudad, el departamento y el país de hacendados  y caudillos militares orgullosos de sus árboles genealógicos.

Si hubiera tomado medidas más drásticas, para detenerlo. Pero cuando no eran las influencias entre sus amigos magistrados y jueces, era ella que levantaba las denuncias, como aquella vez que le voló dos dientes y le puso el ojo derecho como una remolacha gigante. Al recorrer el antejardín rodeado de magnolios florecidos alternados con carboneros y rosas de varios colores, mezcladas con anturios, violetas y rosas color sangre, alternándose en las eras, me encontré con doña Alicia. –Gusto en volverlo a ver capitán. Lástima que no sea en las mejores circunstancias…  Al fin ese degenerado se salió con la suya. No sé por qué esa muchacha no se le fue a tiempo…  Imagínese que después de mandarla al hospital durante 15 días, siguió con las fiestas y escándalos. Entraban toda clase de mujeres y muchachos… ¡con unas pintas¡…  Tomaban como caballos, se drogaban fumando hierbas raras que hasta mi habitación llegaba el humero y oliendo e inyectándose polvos, para después enredarse en unas orgías ¡Todos contra todos! según me contó una muchacha, a la que echó, por no querer acostarse con él…  Yo por la ventana de la casa y con mis binóculos algo veía de esa Sodoma y Gomorra.

Al llegar al área acordonada y franquear la puerta, el caos afloraba por todos los rincones, al entrar a la sala, rodeado por un círculo estaba el culo del vaso con sus dos picos ensangrentados y al que un fotógrafo del CTI tomaba placas. –Con este parece que le desfiguró la cara…con el cuchillo de cocina que está al lado de la víctima la cosió a puñaladas- agregó señalando hacía la alcoba.

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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