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8 min
EL VISITANTE
Ciencia Ficción |
28.06.14
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Sinopsis

Sabía que, cualquiera fuera la circunstancia que tuviera que enfrentar, debía mantener como prioridad máxima el no revelar su presencia ni las razones de ésta a los humanos. Por ningún motivo.

La pequeña luz dejo de oscilar, y se apago con un ruido seco. El visitante estiró sus recién adquiridas extremidades superiores y movió el cuello en círculos. Era imprescindible la renovación de la capa de camuflaje cada cierto tiempo. Un sol agonizante iluminaba la habitación del mísero hotel de carretera en el que se ocultaba. Su misión de reconocimiento y análisis de la civilización terrícola estaba casi concluida. Llevaba buen tiempo observándolos y revisando registros de su cultura, habiendo analizado ya infinidad de manifestaciones humanas: visuales, escritas, auditivas, de diferentes épocas y lugares. El visitante se acerco a la ventana y contemplo el exterior del mundo en el que se encontraba. La luz que ya moría le devolvió una imagen yerma, desolada, gris.

 

Dejó la ventana y tomó un texto al azar. Apenas unas pocas fracciones de segundo le bastaban para procesar la información que contenían los escritos terrícolas. Empezó a revisarlo pero pronto se dio cuenta que algo no andaba bien. Tuvo que retroceder su velocidad de lectura para estar seguro de que captaba con precisión conceptos y detalles. Era este un texto de algo llamado “ciencia ficción”. No era el primero que leía de esta especie, pero esta vez, el visitante quedó asombrado al descubrir en el texto unas descripciones muy precisas de lo que vendría a ser una galaxia lejana y un mundo en particular que supo reconocer: referencias directas a la legendaria guerra galáctica ocurrida hace eones y los procesos de exploración y colonizaciones que siguieron, así como una advertencia sobre su inminente llegada a la tierra. Le sorprendió la prodigiosa acumulación de datos exactos: La galaxia de origen, los nombres de los planetas en ella; incluso reconoció asombrado su propio mundo. Y lo más desconcertante: la descripción exacta del objetivo final de su misión. Algo que los humanos no podían saber. Algo que no debían saber en absoluto.

 

El visitante reflexionó sobre la inesperada cuestión que se le planteaba: ¿Cómo llegó esta información a la mente de un humano?, ¿Era posible la presencia de un infiltrado de su mundo en la sociedad de la tierra?, ¿Pudo alguien realizar un desplazamiento temporal para, desde el pasado del planeta, contactar y compartir información con ellos? No había recibido ninguna advertencia por parte de quienes le encomendaron la misión. Claro está, ellos no tenían la obligación de hacerlo. Temió que podría ser él mismo un señuelo, enviado como una carnada para atraer al infiltrado.

 

Revisó la tapa del libro:

 

“EL VISITANTE”

“Por Jaime H. Arizmendi”

 

Estos grafismos no le significaron algo. Pero no sería difícil rastrear al responsable. El visitante sabía que en la sociedad de la tierra, algunos seres gozaban de un mayor reconocimiento entre sus congéneres debido a ciertas particularidades. Los humanos llamaban a esta condición fama y a quienes la ostentaban famosos. Frecuentemente, estos famosos eran tratados como superiores y se les rendía pleitesía. Resultó que el tal Arizmendi era muy famoso. Miles compartían sus escritos. Supo también que, a la culminación del ciclo temporal definido como semana, se haría presente en algo llamado firma de libros: una especie de ceremonia ritual donde al parecer sería venerado por sus súbditos.

 

El visitante decidió entonces el único giro posible a tomar: ir a buscar al tal Arizmendi y obligarle a confesar donde había obtenido la información para su libro. Sabía que, cualquiera fuera la circunstancia que tuviera que enfrentar, debía mantener como prioridad máxima el no revelar su presencia ni las razones de ésta a los humanos. Por ningún motivo.

 

Decidido entonces, partió a terminar su misión.

 

II

 

Quizás hayan escuchado mi nombre antes, sino, tienen suerte. Me llamo Jaime H. Arizmendi y soy escritor, o mejor dicho, lo era, pues todo para mí terminó hace unos días. Pero eso quizás ustedes ya lo saben. Siempre soñé con escribir historias que los demás encontraran fascinantes. Estuve años paseando mis manuscritos entre editoriales, siempre enfrentando el rechazo, rendido a la evidencia de que lo que yo escribía no valía nada. Me gustaría contarles que un día apareció un hada o una musa que me concedió lo que yo tanto anhelaba, y la verdad es que por un momento llegué a pensar que fue así. Ocurrió una noche. Fue un sueño. El más raro que he tenido en mi vida. Apenas me levanté, empecé a escribirlo. Me tomó una semana, casi no dormí ni comí en todo ese tiempo y cuando terminé, no recordaba nada de lo que había escrito o soñado. Nunca había escrito ciencia ficción antes, ni siquiera leía esos libros, siempre me pareció entretenimiento vulgar y estuve muy renuente antes de mostrarle mi escrito a un amigo del mundillo editorial. Dudé de su entusiasmo y aún más de su interés en publicarlo. Imagino que han oído hablar del libro. Pensé que era una locura, que nadie podría entender eso. Para mi sorpresa, fue todo un éxito y marcó mi paso definitivo a la fama.

Pensé que ahí terminaría todo. Igual, ya había hecho suficiente dinero y ganado la reputación necesaria para poder escribir lo que yo quisiera, pero al poco tiempo vinieron otros sueños, primero uno y luego otro; lo raro es que parecían ser una secuencia, como capítulos de una misma historia. Continué escribiéndolos y publicándolos. Seguían siendo un éxito y para mi más genuino bochorno se formó una especia de culto alrededor de mi obra y yo. Especialmente de parte de adolescentes descerebrados fanáticos de estas cosas. Siempre rehuí las entrevistas y me negué al exhibicionismo, pero pronto me vi envuelto en una fiebre de presentaciones de libros, y cosas así.

Hace exactamente una semana, ocurrió lo que todos ya saben: Estaba firmando autógrafos en un evento; una de esas tonterías que a la gente parecen importarles tanto, los de la editorial me convencieron y me ofrecieron un buen dinero por hacerlo, así que acepté. Era una fila inmensa, no entiendo de donde pudo salir tanta gente. Cuando ya empezaba a aburrirme y estaba por mandar todo al diablo, se me plantó delante un hombre con una vieja primera edición mía en las manos. Me miró y dijo algo de querer saber cuál era mi conexión con su mundo o algo así. Miren, la verdad, ya estaba acostumbrado a esos chiflados que se toman en serio todo lo que leen, ya había tenido que soportar a unos cuantos antes, pero este tipo me miraba fijamente y hablaba con una voz monocorde que más parecía un robot que una persona.

El caso es que ya lo iba a mandar donde su mismísima madre cuando ocurrió: Su cuerpo empezó a deformarse: primero su vientre, luego su rostro. Se empezó a llenar de callosidades y luego fue como si se partiera en dos dejando caer al suelo una maraña de extremidades tentaculares y viscosas. Imagino que no hace falta que les describa su aspecto. A estas alturas, ya todos lo han visto por televisión, o en internet. La gente empezó a correr, a gritar, algunos vomitaban. La criatura se quedó en el suelo, regada y quieta. Estaba muerta. Yo era el único que no se podía mover. Estaba paralizado, pero no de susto, sino de sorpresa. Verán, el asunto es que yo… conocía a esa criatura…la había visto antes…hace mucho tiempo…en un sueño…

 

Ahora, estoy huyendo. Me busca no solo el gobierno de mi país, sino también el de otros países más poderosos, interesados en hacerme preguntas, pues necesitan respuestas que calmen el pánico mundial que se ha desatado. ¿Y que mierda se supone que voy a decirles? ¿Qué todo lo soñé? Claro, como si fueran a creerme…Lo más probable es que quieran abrirme por la mitad para ver si no soy como ése, como el que murió.

 

No sé cómo terminé aquí, en este hotel al lado de la carretera. De alguna manera me hace sentir un extraño deja-vú, pero no pienso huir más. He quemado todos mis manuscritos, todo lo que quedaba por publicar. Y ahora he decidido terminar conmigo también. No soy su salvador, créanme, no puedo ayudarles. Si las visiones de los sueños que no alcancé a escribir  son las visiones de lo que está por venir, entonces, créanme amigos, que no quieren saber que es lo que sigue, porque muy pronto no quedará un solo lugar donde estén a salvo en esta tierra.

 

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