cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
EL ZORRO EXTRAVIADO
Ciencia Ficción |
06.03.18
  • 5
  • 1
  • 119
Sinopsis

Una manda de zorros merodea en los pastizales y acecha al rebaño que se ha detenido a descansar en el valle, pero este rebaño no ha viajado sin la compañía de su pastor.

En aquella oscuridad las llamas vacilan en el sordo recorrido del viento, de lejos son luces pequeñas dentro de un vacío donde la corriente cascabelea los pastizales, provienen de altas antorchas de madera gruesa con bolas incandescentes que resguardan el rebaño debajo de ellas; carneros, ovejas y corderos duermen echados con los rizos coloreados por el cálido fuego. En el campamento un pastor descansa junto a la fogata rodeado del rebaño, recostado abraza el cayado y envuelto con la cobija solo asoma sus párpados serenos inmersos en la paz del sueño.

Cuidadosos pasos crujen en las sombras y merodean con gruñidos, el rocío de sus alientos caen en una oveja descuidada al borde de la luz. El delicado resplandor revela las orejas de zorros de ojos titilantes en el fuego, abren sus quijadas de perlados colmillos y la atrapan arrastrando su cuerpo hacía ellos con sutileza. En el horizonte se levanta el sol en las montañas, el pastor comienza abrir los párpados y en el ascenso sus rayos delinean la escarpada sierra que descienden en los pastizales. El pastor despierta en el momento que recorren las colinas apartando la oscuridad; los zorros al verse alcanzados por el resplandor huyen ocultos en las sombras. El día avanzó por el valle hasta apoderarse de el y se detiene en un risco formando una cortina que separa la noche, sin estrellas que la adornen ni luna que la revele, donde los zorros permanecen vigilantes en la rocas.

La brazas chirrean en la fogata mientras el pastor observa las chispas escapar en el viento, está sentado envuelto con la cobija y mira al cordero que duerme en el hueco de sus piernas cruzadas, el cordero descubre el rostro de su señor y adormecida balita con las patitas recogidas. El pastor lo toma en brazos y se levanta para luego caminar en el rebaño, las ovejas balitan agitando las orejas y los carneros inclinan las cornamentas; cada una es única en su mirada, balido y andar. Él sigue avanzando mientras el rebaño le abre paso hasta encontrarse con un carnero junto a una oveja echada que al verlo venir se levanta a recibirlo. El pastor se pone de cuclillas y suelta el cordero que se aleja hacia su madre quien lame la cara de la cría. El pastor se dirige hacia una colina, ahí se detiene y descansa recargado en su cayado, desde aquel lugar consigue ver el campamento con pequeñas motas de lana en el valle, todo bajo la luz del cielo.

Mientras el rebaño duerme resguardado en las antorchas el cordero está de cara a la oscuridad, con la mirada inmersa en el espacio escucha los sonidos que provienen, titubea a dar los pasos pero al momento que su pata toca la sombra entra confiado. El pastizal cruje con el trote del cordero alejándose cada vez más del campamento; olfatea el extraño aroma que arrastra el viento y escucha un débil balido, responde y luego hay un silencio cuando otro valido surge en otro lado y vuelve a responder, entonces camina en aquella dirección y varios balidos lo llamaron de nuevo constantes e intensos acortan la distancia, el cordero intenta acudir a cada uno de ellos pero no logra decidir. Brillantes ojos aparecen en los pastizales imitando los sonidos del rebaño, los zorros permanecen ocultos y se asoman al ras de la hierba con sus miradas suspendidas en la oscuridad.

El escandaloso balido del rebaño lo despierta y descubre a las ovejas alarmadas observando la oscuridad, enciende la punta del cayado en la fogata a modo de antorcha y sale en su búsqueda. EL pastor se aleja del campamento en un punto luminoso en el valle.

Un veloz tropel se abre paso al ritmo de bramidos galopantes y anuncia su avance estremeciendo la llanura entre los montes. Un Zorro sacude en el hocico al cordero que balita con un apagado llanto, entre mordidas y gruñidos la manada se arrebata la presa. La intensidad del alboroto los distrae de los alrededores pero si se percataron de los temblores en la tierra cuando son embestidos por carneros. El pastor aparece detrás de ellos y cruzando la pelea persigue al Zorro que escapa con el cordero. El Zorro se detiene y mira atrás, escucha el distante golpeteo de cuernos y ladridos, confiado da la vuelta y lo último que ve es la braza ardiente de cayado clavarse en su ojo, entonces se retorció trabado en una sacudida de centellas que rechinan ante el rostro impasible del pastor, las chispas truenan intensamente igualando la luz del día y surge un resplandor en el valle que desaparece al instante. Atrapado en una bola de fuego el Zorro es liberado del cayado y chilla en una estela incendiaría que huye en la hierba.

Las ovejas están atentas a los sucedido en el valle, ven a los carneros entrar al campamento seguidos por el pastor cargando el cordero. Entra a la tienda y lo acuesta en sus cobijas, en las manos nota mechones del pelaje que comienza a caer del cordero, revisa la heridas en el cuello y después examina el hocico donde los dientes se han transformado en colmillos; el cordero se revuelca violentamente y la mirada se fue apagando.

—¡Quédate conmigo!—el pastor lo abraza y le dice a la oreja— escucha mi voz—apoya su rostro sobre la frente del cordero y con lágrimas le susurra al oído.

El pastor duerme sentado con la cabeza agachada en las rodillas y las piernas abrazadas, escucha un débil balido y abriendo los ojos encuentra al cordero echado en las cobijas, lo abraza con una sonrisa y acaricia su pelaje.

El cielo clarea cuando el pastor sale de al tienda, el cordero se encamina hacia su madre con frágiles pasos. Recorre el rebaño donde solo le basta una ojeada y saber que todos están ahí. Conoce a cada una, sus balidos y nombres, desde la más vieja a hasta la joven las escucha, ninguna es extraña y lo reconocen por su caminar, aroma y el timbre de voz.

Hierba suelta vuela atrapada en remolinos y los pastizales sonajean con la brisa, detrás de él se extiende el valle de colinas donde el sol asciende en el horizonte e ilumina la mañana y dibuja la silueta del pastor apoyado en el cayado. Mira a la distancia más allá del rebaño pasando las colinas y aún más lejos donde termina la tierra y comienza el cielo. Descubre al Zorro cerca del rebaño sentado a la luz del día ciego de un ojo y su cuerpo chamuscado; asoma la cabeza sobre los pastizales y con mirada marchita busca en el campamento. Se distrae con una mariposa que vuela a su alrededor y sigue el camino del insecto por el campo, de una hoja a otra revolotea al sentir el calor de su olfato y el Zorro da de saltos para alcanzarla mientras ella evita ser alcanzada, solo se ve su cola recorrer los pastizales en su juego por atrapar la mariposa. Entonces ve al pastor y rápidamente se oculta desapareciendo del valle, se asomaron sus orejas al ras de la hierba y aunque su mirada estaba oculta el pastor sabe que le observa, la hierba se agito cuando el lomo rojizo huye a la frontera y de un brinco el Zorro vuelve a la oscuridad. Lo último que ve el pastor es su cola agitarse al entrar, la mariposa aletea donde el Zorro le perdió interés y recorre el campo para luego postrarse en el cayado. Él permanece pensativo en el lugar que estuvo el Zorro cerca del rebaño y decide seguirlo.

Al otro lado el desierto es apartado del valle en una linea definida donde remolinos de arena recorren el terreno accidentado. El terreno es áspero de relieves afilados creados por la erosión y corrientes que fluyen en los corredores. Guiado por la antorcha de su cayado camina por un suelo que se desmorona en cada paso y rocas caen al vacío invisible en un sonido que se aleja. Entra a un gruta que lo lleva a la bóveda de una cueva en el interior de la montaña o lo que queda de ella con un agujero en la cima donde pasa la tormenta de arena. La mariposa vuela al rededor de un recoveco en la pared donde brilla un ojo que parpadeó en el interior.

—Ven conmigo—el pastor acerca la mano.

El Zorro cruza el umbral asomando la nariz hacia la luz lentamente y recuperando confianza pero algo hace que vuelva a esconderse, detrás del pastor la manda zorros consiguió rodearlo. Apenas logra interponer el cayado y evita ser mordido, sus patas son veloces al surcar la oscuridad y zigzaguean para esquivar los golpes del cayado, lo zorros lo rodean esperando el momento de atacar y circulan mostrandole los colmillos. Un zorro se impulsa de un salto y cae sobre de él pero es abatido, otro aprovecha la distracción y se trepa a la espalda, el pastor lo sujeta de la cabeza y lo lanza al suelo apenas caye cuando siente una mordida en el brazo, el zorro sacude la quijada y desgarra sus ropas. El Zorro sigue atento al enfrentamiento desde el agujero, en cada paso que el pastor retrocede la manada lo orilla a un precipicio, su pie resbala en el borde y apenas logra aferrarse antes de caer y con los pies busca en que apoyarse, los zorros se dejan ir contra él cuando el Zorro arremete contra ellos. Lucha contra ellos impidiendo que alcancen al pastor, recibe mordidas que lo hacen chillar y aun así continúa protegiéndolo. El pastor logra ponerse a salvo toma el cayado y corre a ayudar al Zorro que ya es presa de la manda, los aparta a agolpes y lo libera, en ese momento la manada huye al no poder vencerlo. Ahí en el corazón de la montaña está el pastor con el cayado listo para defenderse y una vez fuera de peligro ve al Zorro herido en el suelo con el pelaje está teñido de la sangre, hizo un esfuerzo para levantarse pero apenas logra mirar el rostro del pastor que lo levanta y lo lleva fuera de la gruta hacia el desierto, lejos de la montaña. En su camino los ojos del Zorro se van desvaneciendo en un vacío hasta que se nublaron, su cabeza campanea vencida sobre su brazo y el calor del cuerpo comienza a perderse al mismo tiempo que la respiración desaparece.

El rebaño ve al pastor volver con el Zorro en brazos y dejarlo muerto en los pastizales. Acaricia la quemadura de su rostro y observa el ojo marchito, reconoce sus orejas y con la palma sigue recorriendo el cuerpo del Zorro con suaves caricias.

—Vuelve —dijo poniendo las manos en la frente del Zorro —Vamos a casa.

Deja al Zorro en la hierba y se aleja con dirección al sol, entonces cierra los ojos juntando las palmas. El sol comienza a bajar en el cielo, el rebaño sigue su recorrido en el horizonte, el valle cede a la oscuridad pero sus rayos crean un camino luminoso al ras de los pastizales. El pastor levanta el cuerpo del Zorro y camina detrás del rebaño pero frente a él hay hombres y mujeres, niños y niñas que avanzan en el camino, el Zorro se ha ido de sus brazos y en su lugar lleva el cuerpo de una persona. El pastor es el último en entrar en el sol y desaparece junto con él, inmediatamente la oscuridad consume cada rincón del valle, solo queda aquella fogata que se va apagando al mismo paso que las antorchas se extinguen, en ese momento donde no hay nada de luz gritos y alaridos emergen de las sombras ecos de llantos que se lamentan.

 

Código de registro: 1802165796472

Fecha de registro: 16-feb-2018 2:44 UTC

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Me encantan los finales de tus relatos, la ciencia ficción es preciosa cuando es tan metafórica que es imposible pero aun así te cautiva. Yo soy mas de escribir en pasado, por alguna razón me explico mucho mejor pero tu escribes en presente y personalmente me resulta curioso de leer, aunque me gusta, te sientes muy dentro de la historia. Cada uno tiene su estilo! Yo también escribo ciencia ficción y colgué la continuación de mi historia con Samantha, pásate a echar un vistazo cuando quieras!
  • Una manda de zorros merodea en los pastizales y acecha al rebaño que se ha detenido a descansar en el valle, pero este rebaño no ha viajado sin la compañía de su pastor.

    PARADOXAL MOR: S.I Un Hombre presencia un sacrificio durante el ritual de una secta secreta.

    Un niño observa las crías de un a rana en el interior de un charco.

    Exploré de nuevo el salón y cuando volvía la mirada la descubrí al fondo de la sala, Ella se sonrojo al verme y se acercó con cautivadora sonoriza...

    Sentí deseo de contar este momento.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta