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4 min
Ella solo quería destruirme
Amor |
23.03.19
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Sinopsis

Ella bailaba como si nadie pudiera observarla, sus caderas se movían con el movimiento dulce de una canción que llevaba tiempo detestando. Una canción pegadiza de los años ochenta muy conocida, intentaba mirar por el reflejo del espejo que estaba detrás de ella para que no se sintiera perseguida por mi mirada que pedía a gritos poseerla.

Mantenía los ojos cerrados para poder concentrarse en el ritmo aunque parecía que su cerebro se había dormido y aun su cuerpo había quedado girando. Era muy tierna su forma de moverse repitiendo los mismos pasos con su mirada perdida.  No puedo dejar de observarla su luz brilla cuando baila.

Se acerco a mí, o mejor dicho a la botella de whisky que estaba al lado mío. No sería capaz de hablarle. Sus manos me sacaron el vaso que sostenía idiotizada al ver que se acercaba y volvió frente al espejo para seguir en su mundo como si yo no estuviera sentada al frente.

La conozco hace años aunque muy pocas veces le gustaba hablar conmigo siempre estaba revoloteando alrededor de mi vida. Ella era así, impredecible.  A veces parecía que la entendía pero luego no podía reconocerla, a veces parecía que me quería pero luego usaba mis sentimientos para sus beneficios.

Ella es tan impredecible, vuelvo a repetir mientras fumo en silencio. Solo estamos nosotras en esa habitación y aun parece que no estuviera conmigo. Ella es tan ardiente e impulsiva, puedo ver sus pezones saltar y su forma de ser sensual sin realizar algún esfuerzo.

Ella suele rechazarme luego atacarme pervertidamente como si fuera la única en su tierra, se enciende de un minuto al otro y se sube arriba de mis piernas cuando mas desconcentrada estoy. Luego se enoja con ella misma, se arrepiente y me mira con confusión esperando que diga algo, pero nunca se que decir.

Hace el amor como si fuera un ángel, con estar parada al frente mío me eriza la piel. Hace el amor como si te amara luego en el día es indiferente. No era algo personal conmigo, así era con todos sus amantes. Siempre jugaba, se enamoraba y se escondía, o se quedaba hasta destruiros por completo. Y era tan fácil para ella destruirte, carga sus besos con un poco de veneno mientras te mira como una diosa, quedabas mudo y paralizado ante su encanto.

Sabía que en esta noche no iba a pasar nada hace tiempo perdió el interés en mi aunque a veces cuando esta aburrida suele buscarme. Con el tiempo entendí que la única forma de tenerla era ser paciente al encuentro, comportarse fría y tímida. No hacer nada, a ella le excita la timidez en todos sus ámbitos. Ella en algún momento subirá su falda frente a mí.

Miraba el techo tratando de tener un poco de dignidad y macharme pero se recostó arriba de la mesa, no lograba descifrar que quería de mi esta vez.  Estaba quieta mirándome y eso era aterrador. Si la tocaba temía que se enoje y si no lo hacía también lo haría. No había ni una parte de mi que no quisiera desnudarla y hacerle el amor como un caníbal pero tenía que contenerme, conservar mis deseos y dejarla tomar la iniciativa,  si no ella se arrebataría y me eliminaría de su vida en un minuto.

Subió su falda y se saco la ropa interior, empezó a masturbarse muy dulcemente mientras gemía con un volumen mudo pero que retumbaba en toda la casa. Al igual que su olor, volviéndome loca por comer cada parte de su vagina.

Se retorcía por la mesa mientras en mi la paciencia exploto, aunque venía sosteniendo mi actuación con calma, ya no podía resistir mas. Toque su mano, la mano que estaba adentro suyo y ella para no perder la costumbre simplemente me la saco. No me dejo tocarla, otra vez me hizo invisible.

La vi tocarse por cuarenta minutos mientras sentía mi ser derretirse por completo, era hermosa. Su cuerpo, su cara, su sensualidad, su extraña forma de atraerme, su forma de no dejarme olvidarla y de no dejarme quererla.

Otra vez queria torturarme, sentirse erotizada, encender mis deseos, divertirse conmigo; para luego rechazarme. Pero después de todo su forma de jugar conmigo era lo que más me gustaba de ella.

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