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4 min
ella vino de lejos, a posarse en mi casa y apoderarse de mi corazon...
Amor |
14.05.18
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Sinopsis

parte 1 (de 2 partes). ya saben que comentarios y sugerencias, aquí mismo, en este blog. y ya saben "El error no esta en escribir sino en lo que escribimos". Vamos, ponte a escribir!

Groenlan Gonzalez Carrillo

Ella vino de lejos, a posarse en mi casa y apoderarse de mi corazón

 

-Que mis ojos no se llenen de lágrimas al relatar esto.

Fue una tarde cuando el cielo aun azul y despejado no hacía más que la gente se quedara dentro de sus casas. Ya que las calles no eran más que caminos polvorientos y poco transitables, ya que si uno caminaba se dejaba caer o regresaba a su casa de inmediato, pues las inmediaciones del sol y el polvo que se colaba por sus fosas nasales, haciendo inútil es seguir transitando por las calle, ya que por esa calles de tornados de arena seca y sin arboles no se filtraba ni una ráfaga de aire fresco, y si por milagro el aire se filtraba por estos alrededores era del aire tipo caliente, pues por esa calle el aire era sosegador.

Debo recordar para que no lo olvide, que las casas eran pequeñas y cada una se levantaba por las aceras, y si transitabas por una casa verías que no hay un espacio que separe a la otra, y la siguiente era igual, ya que las casa estaban pegadas una de la otra, haciendo un muro de laberintos. Blancas eran las casas, por el sol y la arena y siempre las veías con las ventanas cerradas, ya que esa gente les gustaba su privacidad así como en buscar frescura dentro de su hogar, uno que veía por fuera pensaría en las cosas que la gente estaría haciendo en sus casas como en sus vidas.

Por esa calle nadie transita, sino es en la mañana, ya que por el medio día el sol se postra en picada, pareciendo que el sol descansa ahí. No hay árboles ni jardines, en los cuales uno pueda descansar o refrescarse, más si en cambio hay tuberías posadas en las esquinas de las casas en donde viajero, extraño o turista puede postrar su labio en la tubería y dejarse refrescar con el agua fresca que estas tuberías dan.

Por esta ciudad las calles son laberintos de más calles, ya que si encuentras el final de la calle te habrás sorprendido que no llegaste sino al principio de otra calle, como los tallos de un ramo floral en un florero.

Y si por un milagro empezaba a caer agua del cielo, la gente salía de sus casas, sacando mesitas y bancas y se postraban a charlar o a contemplar la lluvia, dejando a un lado la importancia de que el agua se escurriera de sus rostros. Los niños por otro lado, salían a divertirse en las calles, ya que las calles llenas de arena, se terminaron haciendo lodo, pues el lodo para ellos era refrescante, glorioso y divertido.

A la gente no le importaba la lluvia, más bien la ansiaban, pues más haya que un gripe o que terminaran mojando sus ropajes, la lluvia los hacía sentir vivos, estaban vivos y frescos en aquella tarde.

-Esa tarde de silencio, lluvia y lodo llego ella…

 Era una mujer muy higieniza de su piel, fresca y risueña, de vestido blanco con flores coloreadas en casi todo su vestido, pelo lacio y de un tono castaño, zapatillas negras y dos maletas en sus manos.

Al notarla logro generar tal entusiasmo a los vecinos y gente que la veían desde la ventana, los viejos que se posaban en sus mesas empezaban a hablar a hurtadillas, como si no se les diera, ya que era generalmente bonita y sensual, ya que sus movimientos eran graciosamente sensuales.

Alejandra, era la chica más joven que había visto, era la chica más guapa de la calle, y la envidia de mis amigos. Ya que era muy alta y delgada, de carne morena y cabello azabache, pero su cuerpo era moreno de un tono enfermizo, ya que se veía pálida, debe ser el clima que no le sienta bien a algunas personas, pensé, pero había algo de raro en ella , ya que cuando llego a la calle, no saludo, ni siquiera se detuvo con las ancianas que estaban ahí para preguntarle algo o si estaba perdida, nada, solo se quedó ahí, mirando las nubes que se empezaban a poner grises, al cabo de un rato cogió lodo del suelo, y se lo embarro en su cara.

-Una mujer un tanto extraña-, dijo uno de mis compañeros al acercarse.

-No, es perfecta- dije al fin.

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