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10 min
Ella y él
Terror |
22.03.21
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Sinopsis

Ella y Él

 

Ella

Nos conocimos en la cena del trabajo. Éramos nuevos los dos, en el evento nos presentarían a todos los nuevos, unos veinte nuevos trabajadores del ayuntamiento. Nos tocó sentarnos juntos y de inmediato me hizo la plática. Ignoró al resto de la mesa y me bombardeó de las típicas preguntas al conocer a alguien y trató de contar una especie de chiste que no entendí. Fue bastante incómodo pero tuve que responder su cuestionario y fingir una risa al término de la broma. Pensé que el martirio terminaba con el evento laboral pero caminó hasta la estación conmigo y otras dos chicas. Para evitar seguir hablando con él le pregunté varias cosas a una de las chicas, él solo se limitó a escucharnos pero para mi mala suerte tomamos el tren en dirección contraria a las otras chicas, tuve que hablar con él por veinte minutos más. Gracias a dios no me pidió mi teléfono.

No lo volví a ver por meses, él estaba en otra área. Nos tocó organizar un evento juntos que duraría tres días pero la preparación nos llevaría semanas. Nunca estuvimos solos, había compañeros míos y también de él pero siempre encontraba la forma de hablar conmigo. Ya que sus absurdas preguntas e innecesarios comentarios eran relativos al proyecto tuve que contestar con amabilidad. Pero perdí la paciencia cuando lo cambiaron de área y le tocó sentarse justo frente a mí.

Me molestaban sus “detalles”, como que trajera un café en las mañanas para mí también. Odio el café. Podía sentir su mirada sobre mí todo el maldito día. Más o menos cada hora me preguntaba algo o trataba de conversar. La mayoría de las veces mis respuestas eran cortas, mi sonrisa demasiado fingida y jamás lo volteé a ver a los ojos. Me estaba arruinando la vida. Empecé a estar de malhumor todo el tiempo, a estresarme por todo. Pensé en quejarme con mi supervisor pero no había algo de lo que pudiera quejarme en concreto, hasta unos días antes del evento.

Por si no fuera suficiente sentarnos juntos, empezó a tomar el mismo tren que yo, a las 7:38, y después de eso el autobús al ayuntamiento. Cada que podía salía al mismo tiempo que yo, tomaba el camión y el mismo miserable tren. Suficiente, estaba lista para estallar; solo necesitaba un pretexto. El momento perfecto llegó con su primer regalo, un dibujo de mi rostro y mi nombre en grafiti. No le permití explicarme su regalo y en cuanto distinguí las letras y mi cara me levanté furiosa con el jefe, no con mi supervisor. No me di cuenta que el tono de mi voz era demasiado alto y de que le aventé las dos hojas en el escritorio. Creo que también se me salió una grosería, no recuerdo bien, me nublé.

Soy una chica profesional y reservada en la oficina, él me cambió. En ese momento la atención era mía, todo un espectáculo. Les dije a todos, a detalle, lo que me molestaba. Que llevaba días siguiéndome desde la mañana en el tren y luego de regreso, que me veía todo el día, que me interrumpía y ahora esto. Mencioné a la policía en caso de que no lo despidieran o por lo menos cambiaran de área. Y terminé, cansada pero logre explicar todo, hasta repetí un par de puntos. Todos alrededor me miraban asombrados y a él con desprecio.

Terminé, recuperé el aliento y regresé a mi lugar. Escribí un memorándum con todo lo ocurrido. De pronto, uno de mis compañeros sacó un grafiti con su nombre y un papel con su rostro. Me preguntó si el mío era similar, le respondí que sí. El jefe también sacó el suyo, luego mi supervisor. Alguien me explicó que los usaría para el proyecto, un evento con niños. Les enseñaría técnicas básicas de dibujo realista y también arte moderno, para lo cual escribirían su nombre. Necesitaba varias muestras, por eso le había regalado aquello a 10 personas, que afortunada fui.

Se levantó, me pidió disculpas, recuperó lo que me había dibujado y fue a disculparse con el jefe. El jefe, más molesto que confundido, trató de aclararlo todo. Dijo que le parecía acoso, en efecto, pero de mí parte hacia él. Dijo que en la actualidad es común que las mujeres se aprovechen de cosas como esta  dijo que creía necesario poner un ejemplo conmigo, me pidió que pusiera mis cosas en una caja. Él intervino y me defendió. Aceptó haberme dado todos los motivos para actuar de esa forma y pidió ser él quien perdiera el trabajo o fuera cambiado de área.

Yo no sabía pero era muy amigo de varios en la oficina, con unos jugaba futbol y con otros se iba de copas con regularidad. Toda la oficina se puso de su lado. Alguien dijo que era imposible tomar otra ruta hacia el trabajo y que era normal que coincidiéramos en horarios al entrar y al salir. Una señora expuso que al sentarnos juntos era difícil evitar mirarse, se burló de mí. El jefe nos llevó a una oficina y otras altas autoridades entraron también. Me dijo que esto no podía quedarse así, me corrió por segunda vez. Yo me disculpé con el jefe y con él, él me defendió de nuevo y logró calmar al jefe con sus bromas.

Le extendí la mano demostrando no solo mi arrepentimiento sino compañerismo. Me disculpé con todos los presentes varias veces, con él y acordamos que nos cambiarían de lugar a ambos. También nos hicieron firmar un papel donde yo me comprometía a tomar el tren a las 7:38, nunca antes, para que él pudiera tomarlo a las 7:30 a más tardar. Me obligaron a escribir también una disculpa pública explicando todo. Fue horrible, me sentí ridícula.

Los días siguientes fueron terribles, nadie se sentaba cerca de mí a la hora del almuerzo y evitaban dirigirme la palabra en lo posible. Pensé seriamente en renunciar pero necesitaba el trabajo y por el virus me sería imposible encontrar algo por meses. Me arruiné la vida yo sola. Dudé en haber exagerado o no. Talvez hay personas que detestas desde la primera palabra y a mí me pasó con él. La semana siguiente todos habían olvidado el incidente, ya nadie le daba importancia. Me di cuenta a la hora del almuerzo que él se sentó junto a mí. Solo dijo “Buenos días” y empezó a comer. Lo saludé con cordialidad y le ofrecí de mi comida, que tonta. Él me miró confundido y lo rechazó. Traté de hablar con él acerca del clima pero se disculpó y dijo que tenía que responder un mensaje en su celular. ¿Por qué se sentó conmigo? Terminamos de almorzar sin decir nada.

Ese mismo día, nos encontramos en el camión de regreso. En cuanto me vio se dirigió a la oficina y lo detuve, le pedí que se subiera conmigo. Dijo que lo teníamos prohibido, que firmamos un papel. Le aseguré que no había nadie, que no había problema. Tras mucho insistirle se subió pero se sentó muy lejos de mí, no me dio oportunidad de hablar con él para disculparme ahora sí con sinceridad. Tomamos el mismo tren y traté de hablar con él pero me pidió que me alejara. Le di media hora para que se calmara, lo seguí a su estación y le pedí que me acompañara a una cafetería para hablar. Para mi sorpresa aceptó.

Antes que nada me disculpé y le expliqué todo desde mi punto de vista. Él dijo que no había resentimiento pero me suplicó que ya no lo siguiera, que solo se había sentado a comer junto a mí por lástima. Le mentí, le dije que yo estaba bien, que no me importaba estar sola. Poco a poco cambié la conversación y por primera vez fui yo la que hizo las preguntas. Descubrí que tenía una maestría, que le gustaban los deportes extremos, que tenía una motocicleta y que hablaba tres idiomas. Había viajado a varios países y leía mucho. Tocaba la batería y coleccionaba monedas extranjeras.

Los siguientes días ya no fue incómodo vernos. El fin de semana me invitó a tomar una copa con los compañeros de la oficina, después me enteré que nadie quería que yo fuera pero él me invitó sin importarle lo que quisieran los demás. Al principio fue raro pero mientras más bebimos empezaron a ser amables conmigo. Al final, todos borrachos, todo el grupo me había aceptado. Fuimos a otro bar y terminamos de madrugada. Él se ofreció a acompañarme a casa y al despedirse lo detuve y lo besé. Primero se resistió pero lo empujé contra la pared para que me volviera a besar pero con la boca abierta. Lo conseguí.

Mis padres están dormidos, pero si subimos las escaleras despacio y en silencio no creo que se despierten… ¡Qué nervios!

 

Él

Después de la segunda vez que la vi en el tren, la seguí a su casa. Vive con sus padres y parece estar terminando la universidad.

Ya sé su nombre y la encontré en Facebook, ahora sé más de ella. Publicó que espera resultados de una entrevista de trabajo.

Apliqué yo también y nos aceptaron a los dos pero en áreas diferentes.

La primera vez que hablamos pero no muestra interés en mí.

Nos tocó en un proyecto juntos y logré que me cambiaran a su área pero no tiene el menor interés en mí.

Traté de hablar con ella en el tren, antes y después del trabajo pero eso tampoco funcionó. Talvez con su retrato y su nombre. Explotó, me expuso ante toda la oficina.

Logré cubrirme, tal como lo preví. Todos de mi lado y se hundió sola.

Sola y vulnerable, mi oportunidad.

Me mostré distante y la rechacé, eso le gustó.

Entre más la ignoré y la rechacé, más me siguió.

Alcohol y su vuelta al grupo, estaba feliz pero no tenía con quién festejar, solo yo.

Me acaba de besar. Me tomó de la mano y estamos subiendo a escondidas a su cuarto. Después de dos años lo logré.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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