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7 min
Ellas
Amor |
14.11.12
  • 4
  • 8
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Sinopsis

Yo no soy muy de salir pero Jorge Carlos me arrancó del sofá.

Yo no soy muy de salir pero Jorge Carlos me arrancó del sofá. Ni siquiera habíamos entrado aún y no me podía creer lo que me estaba sucediendo, una chica guapísima, que conocía a Jorge Carlos, me estaba hablando a mi. Yo estaba alucinado; ella era muy joven y simpatiquísima y escuchaba con gran interés mis comentarios sin conocerme en absoluto. Tenía esa belleza clásica adornada con pendientes de perlas y el pelo rubio muy largo, ondulado y anillado como recién salido de la peluquería. Yo pensaba que aquella situación no podría durar eternamente y así fue. Me dijo su nombre -Mireya- i se fue atendiendo a alguien que la reclamaba. Después Jorge Carlos siguió hablando de ella obviando el tema de su incuestionable belleza. Y antes de soltar cualquier metedura de pata dije que necesitaba ir al baño.

Había una pequeña cola y mientras esperaba mi turno alguien me golpeó en el hombro. —¿Estás esperando?. —Evidentemente la pregunta era estúpida pero era una chica súper, súper sexy y sin pensármelo dos veces le solté no sé qué tontería y ella se echó a reir. Era realmente atractiva y enseguida me quedé fascinado por sus labios carnosos y su voz alegre aunque quizá fue porque iba escotadísima y lucía unos pechos fantásticos. Me contó que había tenido un mal día y que se alegraba de haberme conocido porque la había hecho reir. Me presenté, nos presentamos, ella se llamaba Bea y después de algunas tonterías más, nos dimos cuenta de que los servicios ya estaban libres desde hacía un buen rato y nos despedimos con un —bueno, nos vemos luego.

Durante esos segundos encerrados, intenté imaginarme a Mireya i Bea juntas para compararlas pero el empate estaba claro y cuando salí fui a buscar a Jorge Carlos.

Jorge Carlos me encontró él a mi y me dijo —Mira, te presento a mi hermana Carla.

Casi me cabreo al pensar que Jorge Carlos no me había comentado nunca que su hermana estaba tan buena y tan macizorra. Por lo visto Jorge Carlos sí que le había hablado a Carla de mi porque se agarró a mi brazo i empezó a preguntarme cosas y a explicarme su vida. Carla era muy dulce, muy amable, cariñosa y simpática. Llevaba el pelo semi-recogido mostrando un pequeño tatuaje en el cuello y una falda cortísima. Nos tomamos una cerveza conversando animadamente mientras Jorge Carlos desaparecía entre la multitud. Cada vez que miraba a Carla más me quedaba hipnotizado de sus ojos; eran maravillosamente claros y sus movimientos de pestañas parecían mágicos. Carla sonreía y asentía cada vez que yo decía algo y creo que realmente conectamos en nuestros pensamientos. Le propuse ir a una terraza exterior para fumar un cigarrillo pero ella me dijo que fuera yo, que ella aprovecharía para ir al baño. Así lo hice y fumando recordé a Bea y por supuesto a Mireya. El empate mental era triple.

Mientras apuraba mi cigarrillo, una tal Heidi nosequé me preguntó si  tenía uno para ella. Yo la reconocí enseguida, era una famosa modelo y presentadora de televisión. Realmente debo decir que era mucho más espectacular en vivo que en la pantalla y no pude evitar comentárselo. Aunque seguramente ella lo había oído muchísimas otras veces, me lo agradeció como si fuera la primera vez y se “escondió” detrás mío. Me comentó que estaba intentando dar esquinazo a un pesado y encendimos otro cigarrillo. Heidi era genial, era una persona muy normal y muy natural. Creo que nunca había visto nada tan bonito en mi vida. Le dije en broma que si me necesitaba seria su guardaespaldas por esa noche si me ofrecía un trago de su copa; ella se rió y charlamos de política. Heidi era muy inteligente y curiosamente para mi coincidíamos en todo. Me preguntó si estaría aún por ahí un rato porque ella tenía que volver dentro. Me dio un beso en la mejilla y me quedé atontado.

Me fui directamente a la barra a pedir otra cerveza y casualidades de la vida allí justo a mi lado me encontré a Rosa, mi gran amor de juventud. Nos quedamos los dos con cara de haber visto un fantasma. Yo la creía en NY y ella creía que yo había vuelto a Mallorca. Rosa estaba más radiante que nunca. Rosa me dijo que había pensado en mi infinidad de veces. Ýo no paraba de decirle que estaba fantástica, que los años transcurridos le habían sentado de maravilla. Estábamos abrazados entre el tumulto sin dejar de mirarnos como dos chiquillos. Ella me dijo que estaba afiliada al partido y estaba trabajando allí y en ese momento tenía mucho lío, así que intercambiamos e-mails y teléfonos y quedamos para más tarde, que nos volveríamos a encontrar por allí mismo. Me pedí otra cerveza pensando en Rosa y me acordé de la belleza de Heidi, y del cuerpazo de Carla, y de lo sexy que era Bea y lo guapa que era Mireya. Me giré para buscar a Jorge Carlos y lo localicé no demasiado lejos, con su hermana Carla y otra chica.

—¿Donde te habías metido? Mira, te presento a mi amiga Eli —dijo Carla.

Nos dimos dos besos y creo que quedé como un estúpido porque empecé a tartamudear. La frescura de su perfume me embriagó por completo. Creo que me enamoré en ese mismo instante. Al ver que Carla y yo nos entendíamos perfectamente, Eli se desinhibió. Eli era tope, era la caña, estaba loca, era feliz de la vida, era la reostia y además estaba como un tren, me ponía como una moto.

—Necesito más gasolina! ¿Alguien quiere una cerveza? —Pregunté para todos y todos respondieron afirmativamente. —Ahora vuelvo.

Aproveché para ir al baño y Bea no estaba. Pasé por delante de la puerta y Mireya no estaba. Me encendí un cigarrillo en la terraza y Heidi no estaba. Me fui a la barra i Rosa no estaba. Pedí cuatro cervezas poniendo también en la balanza a Carla y a Eli y de golpe me vi rodeado de un grupito de chicas adolescentes. Solo reían y gritaban y cantaban y decían estupideces. Salí de ese rebaño llevándome los cuatro vasos de cerveza por todo lo alto mientras alguna me metía mano y yo aguantaba el tipo simulando un enfado con sonrisa.

Al lado de Jorge Carlos estaban Eli, Carla, Rosa, Heidi, Bea y Mireya. Todas se conocían, todas eran amigas. Aparté a Jorge Carlos del grupo y le dije —Ven, tengo que decirte una cosa.

—Yo también tengo que decirte algo.

—Vale, tu primero.

—Estoy enamorado de ti.


 

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  • Escribe tus comentarios...Buen remate final, pero todavía tengo los ecos y la risa de taroteando, que rayó muy alto en humor.
    Jajaja, qué bueno! Pensaba que iba a terminar con la que quedara!
    Aunque sos muy criticona y valorás solo mis relatos cortos . Te felicito muy buena idea, muy bien plasmada y las ortografías para mí no cuentan
    inesperado final!!
    El final espectacular jajajaja!
    Está bueno el relato. Pero esa ortografía...
    Yo pensaba que el final va a ser un sueño pero me sorprendiste ,excelente
    Escribe tus comentarios...
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Describirse a uno mismo me parece un poco falso i/o pedante. O como mínimo subjetivo. Así que solo puedo afirmar que me alegro de haberme conocido. Perdón por las faltas y gracias por las críticas contructivas.

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