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5 min
Ema no esta sola
Terror |
07.03.12
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Sinopsis

Ema disfrutaba de una noche con su esposo cuando notó que no estaban solos

 

Ema miró los ojos azules de su esposo, gustaba de verlos cuando estaban haciendo el amor, el arriba ella abajo,  esos ojos azules que le provocaban cosquilleo y un escalofrió encantador que le recorría la espalda.

                Era una noche tranquila, caía una llovizna pasajera y la temperatura había bajado considerablemente, eso no era algo que le molestara a Ema, el clima era maravilloso, mientras se encontrara bajo sabanas con su esposo, era lo mejor que podía pasar ese fin de semana, uno casi como cualquiera, a sabiendas de que el día siguiente se iban a levantar muy tarde nada importaba, solamente ellos y la soledad que cubría la casa.

                El chisporroteo líquido de la lluvia que caía en el tejado empezaba a tornarse más fuerte, Ema lo disfrutaba más aun. Era extraño, muchos prefieren un día soleado, Ema no, la lluvia era algo que disfrutaba cada vez que ocurría.

                El sonido de los autos decaía, la noche estaba muy entrada y la lluvia continuaba como si nunca fuese a cesar. ¿Pero que importaba? Todo iba bien para Ema y su esposo, todo iba bien, y de vez en cuando dirigía su vista al techo donde las gotas de lluvia caían en el cristal que adornaba la cúpula del cuarto, idea de su esposo, decía el que era mejor la luz del día filtrándose por la cúpula de vidrio que un bombillo amarillo y sin vida.

                Ema miraba los ojos azules de su esposo, no podía contenerse, le fascinaban, y al compas de la lluvia que caía más fuerte, Ema lo disfrutaba.

                Ema dirigió la vista a la cúpula, con asombro notó que una figura negra se movía como mirando la escena debajo de él, Ema no presto atención mas de la debida, seguramente era un gato, y evidentemente lo era, ahí en la cúpula un destello de un relámpago ilumino aquel animal de negro pelaje que los miraba con gran escrutinio.

                Ema no disfrutaba ser observada, quitó la vista del techo y no mencionó nada a su esposo, no importaba, solo importaban ellos.

                Los relámpagos cubrían de sombras el cuarto de Ema, y no solo las ramas de los arboles que figuraban extraños seres como si maquinaran cosas oscuras empezaron a perturbar a Ema, no, no solamente eso,  sino también la silueta del gato negro que se magnificaba en la distancia de la sombra.

                Ema dejó de ver los ojos azules de su esposo y dirigió su miraba al techo, ahí seguía el gato negro observándolos, casi podría decirse que lo hacia por placer mas que curiosidad gatuna.

                Un grito suave y desesperado levanto al esposo de Ema, y desconcertado escuchó lo que Ema le explicaba del gato, gato que ya no se encontraba en el techo, para molestia de Ema, pero si, estaba segura que lo había visto, casi revolcándose del placer de ver una pareja a metros por debajo de él.

                Ema trataba de explicarle que no era un gato común, ¿a que gato se le ocurre observar una pareja mientras le caen cantidades de agua?, no lo soportaba y no pensaba seguir con todo aquello, no era un gato normal, le decía a su desconcertado esposo, un gato normal no mira fijamente y figura una sonrisa, no era un gato normal.

                Ema miro los ojos azules de su esposo y lo obligó a deshacerse del gato que le provocaba un temor indescriptible.

                Espero por  un buen tiempo sentada en el borde de la cama, tal vez una hora, tal vez solamente dos minutos, pero Ema le parecieron una eternidad, la lluvia no menguaba y los relámpagos no dejaban de iluminar la alcoba, esperaba a su esposo y volver a ver sus ojos azules.

                Ema se arrojó de espalda en la cama y cerró sus ojos, creyó caer en un sueño, tal vez solo se sentía cansada, esperaba a su esposo, y este no llegaba.

                Sintió unas manos frías pero conocidas que recorrían sus piernas, sonrió pensando que su esposo estaba de nuevo con ella, no abrió los ojos, solo disfrutaba el momento, ya no importaba nada, ya todo iba a ir bien, abrazó a su esposo mientras este besaba su cuello.

                Ema abrió los ojos, la paz que sentía era inmensa, dirigió su mirada al techo, y ahí estaba de nuevo, sentado observando con una mirada desesperada, tratando de rasgar el vidrio que lo separaba de la escena allá abajo, Ema calló, noto algo mas en el gato, sus ojos, sus ojos eran azules.

Ema no miró los ojos de su esposo.

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