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4 min
Emocionante
Amor |
26.11.19
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Sinopsis

Me pilló de sorpresa que los alumnos de mi clase de EGB me encontraran después de tantos años de silencio. David fue uno de mis mejores aliados en el colegio y cuando nos pusimos al día, comprobamos que teníamos mucho en común, que aquella antigua amistad no se había perdido.

Se había prendado de Dori, una de las chicas del grupo, que por aquellas inflexiones del destino se había separado. Y no me extraña que se colgara de ella. Es una rubia muy atractiva e inteligente, de las que escasean, y para su dolencia emocional, encima estaba libre como un taxi.

Le propuso comer juntos un día y aceptó. Fue un reencuentro agradable y lleno de nostalgia que hizo que se conocieran en profundidad. En esa cita lo pasó genial e imaginó intentar dar un paso más para conquistarla, pero tras hacerse un par de divertidas fotos juntos, se vió en inferioridad. Su desmejorado aspecto físico comparado con el de su idolatrada rubia le cortó las alas y guardó celosamente su impulso.

Me confesó sus ansias y me pidió que le guardara el secreto, pues habíamos concertado reunirnos para comer el fin de semana con casi todos los de la clase. No pude convencerle para que al menos lo intentara. El posible rechazo abriría una herida en su corazón difícil de cauterizar.

Llega el esperado día y casualmente, al término del segundo plato, hallo un momento para intimar verbalmente con ella a las puertas de los aseos.

- Dori - llamo su atención - ¿puedo hacerte una pregunta personal?

Se detiene. Sus bellos ojos parecen detectar mi disposición hacia ella. Su sonrisa cegadora logra empequeñecer mi voz.

- Claro - contesta sin miedo.

- Bueno, no me voy a andar con rodeos, así que... ¿te apetecería tener una cita muy intima con alguien muy especial?

Consigo divertirla y suelta una carcajada.

- ¿Es una proposición? - suelta acusándome directamente.

- Sí, disculpa mi atrevimiento, y no - me explico fatal - Entendería que una mujer tan atractiva y libre como tú no me tuviera en cuenta - bromeo en tono sarcástico - pero no quiero confundirte, pues realmente no soy yo quien sueña contigo, aunque tampoco sería de extrañar.

- ¿Ah no? - logro sorprenderla.

Le guiño un ojo divertido.

- ¿Quién entonces? Porque tengo en mente a varios - me dice pícara.

- Lo entiendo, rompe corazones.

Leo en su rostro que adivina.

- David... - murmura desviando la mirada buscándole entre los demás reunidos en la larga mesa.

- Lo tienes en el bote desde que erais unos crios. Pero hace unas semanas, cuando quedaste con él, no deja de hablarme de ti.

Se queda pensativa, intuyo, dándole vueltas al asunto. Me vuelve a mirar.

- Gracias por tu nobleza Miki - sonríe.

- De nada preciosa. Reconozco que a mí también me gustaría darte un buen revolcón, estás de miedo, ya sabes, aprovechar la ocasión, pero eres demasiada mujer para mí solo - bromeo aunque sincero.

Suelta otra carcajada. Está para comersela.

- Dori, no he querido ponerte en un compromiso. David es un buen tío, lo aprecio mucho pero no ha tenido suerte en la vida - concluyo - haz lo que debas, y por favor, no le digas nada de esto.

- No te preocupes, ya lo imaginaba - cierra la conversación con un beso en mi mejilla.

Regresa a la mesa y a su asiento junto a él, plácida, femenina, sonriente. Yo me quedo allí de pie, expectante, fotografiando la escena sintácticamente. David la observa hipnotizado, logra sonrojarlo de vergüenza por sentir lo que siente por ella. Cruzan sus miradas sin notar que el mundo continúa girando a su alrededor.

Dori posa su mano sobre la suya. Él se sorprende pero no rehuye. Luego ella se inclina sobre su hombro para susurrarle algo al oído. Veo que mi amigo agacha la cabeza, amplia su boca y asiente. La encantadora rubia se separa y vuelven a mirarse. Los demás se han dado cuenta de la tierna situación y alguno comenta, bromea.

Sea lo que sea lo que le ha dicho, le ha gustado. Se le ve bien.

Ya puedo ir a vaciar tranquilamente la bebida. La tarde proseguirá según lo previsto: emocionante.

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