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6 min
EN BUSCA DE LA FEMINIDAD IDEAL 2
Históricos |
08.12.19
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Sinopsis

SIGUE EL RELATO

Seguidamente Pablo Foix se dirigió hacia Plaza Cataluña, que es el centro de la ciudd, pero que en aquel entonces no era más que un triste descampado en el que habían algunas casetas de tiro al blanco, frente a la cual en lugar del flamante CORTE INGLÉS se izaba un majestuoso hotel que solía hospedar a las más ilustres personalidades de la época que por algún evento venían a visitar Barcelona.

El visitante idealista se situó en un ángulo de aquella zona, y se coló en un tranvía repleto de personal para que le llevase a Pueblo Nuevo, que es un barrio colindante con la Villa Olímpica, que era donde en aquel tiempo vivían sus antepasados, y sobre todo la mujer de sus sueños llamada Inés. ¿Cómo sería ella? ¿Le recibirá bien después de haber sido presentado?

Durante el lento trayecto de aquel vehículo dos pasajeros con sombrero de paja y chaquetas rayadas al fijarse en la singular indumentaria del siglo XXl de nuestro amigo, y creyendo que éste era un extranjero comentaron con desdén:

- Vaya, vaya. Ahora los intelectuales nos instan a que seamos cosmopolitas - decía uno de ellos a su compañero-, y si lo hacemos muy pronto nuestras costumbres como el pasear y tomar el sol en las Ramblas, se irán al traste para adquirir otro modo de ser foráneo.

-¡Bah! Tanto los políticos como los intelectuales son unos chrlatanes. Lo que aquí conviene de verdad es un golpe militar que ponga orden, y no hayan más atentados anarquistas. Por algo en otras provincias a Barcelona se la llama la "ciudad de las bombas".

En aquel barrio proliferaban toda suerte de fábricas con sus respectivas chimeneas que expelían un humo grisaceo que enrarecía la atmósfera; pues no en vano a aquel lugar le llamaban el "Manchester catalán".

Pablo llegó al hogar de sus antepasados que estaba situado en las Ramblas horadadas de plátanos. En la escalera del inmueble le salió al paso una portera con el rostro picado por la viruela, quien le informó en que piso estaba su bisabuelo don Carlos.

Una vez que el visitante llegó al rellano indicado y hubo llamado a la puerta del piso le abrió una de las tres criadas de la familia que venían de deprimidos pueblos de la península, las cuales trabajaban por un módico sueldo; y muchas de ellas terminaban en el Servicio Público del sexo.

Pablo se dio a conocer, y se hizo pasar por un amigo de un pariente  de su bisabuelo Carlos que había emigrado a Brasil.

Sin embargo a Pablo su bisaburelo, que era un hombre de estatura mediana, delgado; calvo pero con un poblado bigote; y con una mirada inquisidora, lejos de inspirarle la admiración que esperaba le produjo una gran decepción. Nuestro héroe se halló ante un hombre altivo, seco en el trato, y falto de cordialidad; así como estaba imbuido de una rígida solemnidad, en la cual se enfatizaba el arquetipo del señor mayor experimentado, a quien los jóvenes tenían que rendirle pleitesía. Y éstos a su vez ansiaban parecerse a este venerable señor mayor. Por otra parte este don Carlos era un entusiasta de la máquina de vapor porque le favorecía en la producción textil de su fábrica, por lo que se jactaba de ser un hombre práctico muy apegado al dinero.

- Si quieres que la gente te respete, tienes que saber hacerte rico. De lo contrario  te tendrán por un paria - le dijo don Carlos a su bisnieto.

Cuando Pablo le habló del atentado anarquista que había sufrido en las Ramblas, don Carlos demostró que no tan sólo ignoraba a la clase obrera, sino que además la despreciaba.

-Esa chusma no cesa de pedir cosas imposibles, y ya es hora de que reciban un buen escarmiento - respondió el dueño de la casa.

De manera que quien en su industria se atreviese a ingresar en un Sindicato, él lo echaba a la calle sin contemplaciones. Don Carlos no estaba dispuesto a respetar los derechos laborales de nadie.

Pero aquella familia vivía en un climax tenso, porque don Carlos se había distanciado de su mujer, ya que descubrió que ella le había engañado con la edad. Le había hecho creer que era más joven que su marido, cuando en realidad era cinco años mayor que él.

Por lo que respectaba a la abuela de Pablo, que en aquel entonces era una niña pequeña, se trataba de la única hija de aquel matrimonio mal avenido que había sobrevivido a ocho hermanos que habían fallecido de enfermedades infecciosas.

Pese  a la decepción que Pablo sentía por sus antepasados, no podía intervenir en nada. Pues si a éste se le ocurría matar de un tiro a su antipático e injusto busabuelo, el visitante entraría en una contradicción existencial, y no podría haber nacido, ya que todos somos una consecuencia del pasado.

Pablo conoció también al hermano menor de su pariente llamado Antonio, al que tenían por el "oveja negra" de la familia, porque no cuajaba en ningún trabajo a causa de sus ideas liberales, por lo que siempre andaba dando "sablazos" al ricachón don Carlos.

En aquella ocasión Antonio estaba enfermo de neumonía, y se hallaba postrado en la cama de una habitación grande, de techos altos como el resto de la casa.

El médico que lo atendió, que era un hombre que desprendía un aire de superioridad, puesto que se le consideraba el "mago" científico de la sociedad, y a su vez era amigo de la familia, con su agudo "ojo clínico" - mitad intuición y mitad experiencia médica- diagnosticó que el enfermo podía morir de un momento a otro. Por esta razón fueron a buscar al sacerdote de la parroquia más próxima quien le suministró los Santos Óleos.

 

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