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4 min
En busca de mi felicidad (tercera parte)
Reales |
12.01.18
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Sinopsis

Dejo mi infancia a un lado y comienzo mi vida como adolescente ...

   Pasan los años y con ellos deje mi niñez, para dar paso a la adolescencia. Una etapa realmente tranquila comparada con tiempos pasados. Encontré una estabilidad, tenía una familia que me quería y mi vida transcurría sin problemas. Parte de ello lo tiene un carácter que he forjado con el paso del tiempo y que me ha enseñado a adaptarme a todo tipo de situaciones. Pero a pesar de todo era incapaz de llenar un vacío que había dejado la pérdida de mis padres y el hecho que mi familia biológica me había rechazado, seguía sintiéndome, en parte, sola en el mundo.
 
   Empecé a trabajar en una fábrica en el mismo pueblo. En aquellos tiempos conseguir trabajo era bastante diferente que actualmente. Mi tía me acompañó a la fábrica para pedir faena en una fábrica que estaba cerca de casa y ese mismo día me dijeron que el lunes podía empezar a trabajar. Hace mucho tiempo de esto y la verdad es que no recuerdo si me hicieron contrato ni condiciones, supongo que si. En aquellos tiempos encontrar trabajo era casi tan sencillo como ir a la fábrica y pedirlo.
 Empecé cobrando ochocientas pesetas, que para mí era una fortuna. Pero ese dinero lo daba integro a la casa y ellos me lo administraban, lo normal en aquella época.
   Empecé trabajando repartiendo canillas, unos rollos de hilo que se usaban para los telares, al día repartía miles y con mi carro repartía por toda la sala a las tejedoras. Pasado un año me ascendieron y me enseñaron el oficio de urdidora. La urdidora se ocupa de crear las grandes bobinas que luego se usan para tejer la tela. 
   En ocasiones y recordando episodios pasados, me preguntaba cómo habría sido mi niñez si mi padre hubiera tomado otra decisión. Posiblemente, habría acabado en un orfanato, que con aquella edad nadie me habría adoptado y mi vida habría sido aún peor. Por lo tanto, y a pesar de todo, me sentía afortunada.


   Durante mi adolescencia y en una de mis salidas a la discoteca local con mis amigas me enamoré de un joven y comencé una relación, me sentía feliz, le quería y mi intención era casarme. Pero él se cansó por la falta de libertad que tenía, ya que a las nueve tenía que estar en casa y si llegaba tarde, me castigaban sin salir el próximo domingo. Un buen día, él no se presentó y me dejó. Aquello fue para mí un buen desengaño, pero como la vida me había enseñado a encajar los golpes, aunque me dolió perderlo de mi lado, supe recuperarme y pensé que como aquí en ningún sitio. Pero a pesar de todo mi sensación de soledad seguía y con el tiempo fui madurando una idea, con la mayoría de edad dejaría esa casa y me marcharía al extranjero, a comenzar un nueva vida lejos de todo lo vivido.


   Pero durante esta espera conozco a otro chico del  trabajo y él se enamoró de mi. Es educado, me trataba como nunca me habían tratado antes y con el tiempo empecé a sentir, llamémoslo un cierto aprecio, respeto y sin darme cuenta, empecé una relación por la insistencia de él. Fuí muy honesta con él y le dije que no le quería de la misma manera que él, que no estaba enamorada, pero la verdad es que tenía prisa por tener mi propia casa y por fin tener la libertad necesaria para hacer las cosas que quería hacer, como estudiar puericultura, tener independencia económica ya que aunque trabajaba no podía disponer de mi dinero, porque lo entregaba todo en la casa en la que vivía. En fin, cansada ya de ir de mano en mano decidí dar el paso y comencé a salir con él. Me presentó a su familia y fue acogida con tanto cariño y respeto que aquello me dio que pensar que tal vez aprendiera a quererle ya que él lo aceptaba.
   Durante un tiempo dudé en lo que debía hacer, esperar a cumplir la mayoría de edad y marchar al extranjero o casarme. Finalmente opté por la segunda opción y pensé que él era un persona inteligente, segura de si misma y con el tiempo sería feliz a su lado.

 

 

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