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2 min
En igualdad de condiciones
Amor |
05.07.13
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Sinopsis

Una lucha tan antigua como el bien y el mal.

Poco importa ya saber quién disparó primero. Nos hemos asestado golpes tan certeros, como besos infalibles. Nos acercamos hasta situarnos uno frente al otro, dispuestos para la ofensiva. Nos miramos con rabia los instantes que sean precisos, y solo entonces, da comienzo la batalla.

Mis ojos alcanzan tu mirada dispuestos a hallar en ella, un punto de vulnerabilidad, que bien sirva para dejarte expuesta, o para revivir, luego, agostos apasionados. Mis labios kamikazes buscan, atormentados, el modo de estrellarse en tu boca, movidos por una fuerza que les hace perder conciencia del rumbo que tomaron al partir. Bien vale morir en el intento, si al cruzar el umbral, dan con el tan anhelado Elíseo. Que dure eternamente, o acaso, unos minutos, no le resta la más mínima temeridad. A estas alturas de la lucha, uno pierde la capacidad de autodestruirse con la incesante búsqueda de un significado.

Y es, entonces, cuando todo se desbarata. Cuando perdemos el control. Cuando perdemos el norte, las prendas y todas las razones.

Tu melena, que fue un día trigal mecido al viento, se desangra, ahora, dispersa y herida; y con cada sacudida, manchan de oro los márgenes de mis sábanas. Tus dedos se unen a los míos de tal manera, que no sabría decir cuales son los tuyos y cuales, los míos. Olvidando, por unos instantes, que hace unos segundos venías a destruirme, enredas tu cuerpo al mío de tal modo, que sería imposible saber dónde empiezas tú, y dónde acabo yo.

En nuestra lucha, como en la vida, damos, a veces, por perdida la batalla, y en otras ocasiones, miramos al oponente con la soberbia arrogancia de quien se alza con la victoria. Gano, pierdo, imploro piedad, contraataco, me rindo, hago trampas, y al decir verdad, poco importan ya los motivos que teníamos para luchar, y saber quién disparó primero. Al fin y al cabo, odiarnos a muerte, en la cama, siempre se nos dio de lujo.

Así que, ahora, rómpeme la boca a besos y dime, luego, que no me quieres. Así libraremos el resto de la batalla, en igualdad de condiciones.

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