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11 min
En la oscuridad
Terror |
02.01.17
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Sinopsis

Temerle a la oscuridad nunca había sido tan horripilante...

I

Estaba sentado en la comodidad de su oficina…
¿Comodidad? Más bien, incomodidad. Incomodidad que le producía estar en un maldito cubículo, el mismo desde hacía diez años.
Steve trabajaba en esa asquerosa empresa de venta de aparatos e insumos móviles hacía aproximadamente diez años, siempre en el mismo puesto de trabajo, y por si eso fuera poco, la maldita empresa estaba ubicada en las afueras de la ciudad… Si, exactamente en la otra punta y muy bien alejada de su hogar.
Todavía recordaba el viaje en autobus de aquella mañana el cual habría sido igual a todos los demás si no fuera porque en esa mañana había sentido un asqueroso olor que azotaba a todo el vehículo, una fragancia un tanto desconocida para su sentido del olfato pero que no pasaba desapercibida. Era el olor más horrible que había percibido en su vida.
Además, durante todo el trayecto del viaje hacia el trabajo no se había percatado… Lo notó cuando descendió del autobus a través de la puerta trasera.
En la parte de adelante un hombre, al cual no pudo reconocer bien, lo estaba mirando con unos ojos que parecían reflejar algo así como furia. Pero en aquel momento, eso no le pareció raro… Que equivocado que estaba.

Por suerte ya era viernes y Steve ya estaba preparando sus cosas para irse a su casa. Por más que no tuviera ningún plan para esa noche, sin dudas sabía que prefería estar en su hogar antes que en esa prisión de insumos telefónicos. Parecía que por una vez en su vida la suerte estaba de su lado ya que el autobus justo estaba empezando su recorrido así que no sólo pudo tomarlo rápidamente sino que además iba a viajar sentado en el mismo.
Saludo al chofer al cual solía conocerlo, y mientras se sentaba en un asiento y se disponía a sacar un libro para leer, su rostro se transformo rotundamente, otra vez ese asqueroso olor atacaba su ser.

II

 

Había heredado esa casa de su abuela, la maravillosa Cindy. Había cuidado del pequeño Steve durante toda su vida. Steve era hijo único pero toda su familia había muerto o se habían alejado.
La maravillosa Cindy, la abuela cool le decía, tenía 83 años cuando falleció. Pero más allá del sufrimiento por la muerte de aquella mujer de pelos platinados, cuya sonrisa era una muestra de un reluciente brillo de amor, Steve sabía que aquella inmensa casa le pertenecía, nadie podría arrebatársela.
Tuvo algunos altercados en el pasado con gente que decía ser pariente suyo y que por ende esa edificación también le pertenecía. Sin embargo supo deshacerse de esos oportunistas que solo buscaban beneficiarse con su herencia.

La casa de Steve era inmensa, casi podías perderte como si estuvieras en un laberinto. Su deslumbrante living se alzaba majestuoso como primer atisbo de la belleza de su hogar. Una mesa de roble y sillas negras rellenaban la sala, un enorme mueble se elevaba por detrás de algunas de esas sillas, y las paredes estaban decoradas con fotos de todo tipo.
La siguiente habitación era una pobre cocina, con una pequeña mesa y una alacena donde los platos, vasos, cubiertos, y también la comida, descansaban hasta ser utilizadas. Algunos platos seguían sucios, ahí donde los había dejado. Claro, los platos no se iban a lavar solos.
Pegada a la cocina estaba la que en una época habría sido su habitación, llena de juguetes, ropa, videojuegos y, porque no, muchos sueños rotos. La gran ventana de la habitación miraba hacia el patio y en viejos tiempos permitía el ingreso de enormes rayos ultravioletas que producían una insostenible luz en aquel lugar… Pero ahora todo quedaba reducido a polvo, y la habitación no dejaba ni un solo espacio para ingresar; se había convertido en un depósito de cajas y artículos viejos.
Frente a esa pieza se encontraba el cuarto principal, ahora sede del dormir de Steve. Dos grandes roperos se hallaban apostados frente a la cama y también a su izquierda. Del lado derecho una ventana que nunca se abría se presentaba inerte en la habitación.
Finalmente, algunos pasos fuera de la habitación cobraba vida un inmenso patio repleto de enredaderas y helechos, los cuales sin duda tenían más de veinte años de vida. El toldo estaba abierto así el fuerte sol ingresaba con poderío y las plantas lograban su fotosíntesis a gran escala. Al lado del patio había una puerta de hierro que plantaba los límites mismos de la vivienda. La casa finalizaba detrás de esa puerta que daba a un angosto pasillo.

Steve no soportaba el calor. A penas entró en su casa no tuvo mejor idea que dirigirse a su habitación y desvestirse. Arrojó su ropa sobre la cama de dos plazas que se mantenía ordenada sin una sola pista de haberse usado para algo más que dormir.
A veces se ponía a pensar cuanto tiempo había pasado desde la última vez que una mujer se había revolcado con él en aquella cama, hubiesen sudado y gritado con una pasión desgarradora que habría tirado la casa abajo. Porque si hablamos de “hacer el amor”, él estaba seguro de que lo hacía muy bien.
Al desvestirse completamente y antes de dirigirse a la ducha sintió una leve punzada en el abdomen. Frente a su cuerpo había un gran espejo con un marco color dorado. Se miró en él para dar cuenta de alguna herida que quizás había pasado por alto.
El espejo mostraba su cuerpo entero y desnudo. Steve media casi dos metros, sus brazos parecían tonificados al igual que sus abdominales. Sus piernas eran dignas de un corredor de atletismo, aunque él nunca se hubiese dedicado a eso. Recorrió todo su cuerpo de punta a punta pero no vio ninguna herida. Una rareza increíble.
Más raro aún fueron los segundos siguientes…

Casi nunca se iba la luz en esa casa pero aquella noche… Quizás por el calor… Quizás por fallas eléctricas… Quizás por algo más… Aquella noche la habitación se sumergió en una absoluta oscuridad. Miró la lámpara del techo… Luego bajo nuevamente sus ojos y los posó sobre el espejo… Lo que divisó en el mismo lo estremeció… Una figura estaba parada a pocos metros detrás de él…

III

 

Se dio vuelta de un salto, su corazón latía a mil kilómetros por hora. Pensaba que tipos de golpes intentaría asestarle al personaje que había tenido la osadía de meterse en su casa. Tal vez un golpe en el rostro y una patada en los bajos le permitieran dejar fuera de combate a su adversario y luego podría llamar a la policía. Debía pensar rápido…
Dos segundos después estaba golpeando al aire con su gigantesca mano. Si efectivamente hubiera habido un hombre ahí, no se habría levantado de ese golpe… Pero su casa se mostraba más solitaria de lo común, mucho más que aquella soledad que se había precipitado cuando su abuela murió.
Estas cansado Steve, has trabajado mucho estos días. Ya estás viendo cosas”. Repetía esas palabras para sí mismo una y otra vez, aunque todavía estaba un poco asustado. Sí, podría ser toda una rara ilusión… Pero una rara intuición le decía que no estaba solo en la casa…
Se dispuso a ir a bañarse, y cuando terminó tuvo la gran idea de ir hasta la puerta del patio y cerrarla con llave… Por las dudas…
Primero se dirigió a su habitación y se puso una remera de Los Beatles que su abuelo le había regalado. No le gustaba esa banda pero no podía decirle que no al viejo Charles que ya hacía tiempo que había fallecido.
La remera era de color blanca y tenía estampada un dibujo del submarino amarillo. También se puso un bóxer color verde de Kevingstone y un short negro marca Nike.
Mientras trataba de localizar sus sandalias entre la montaña de ropa que se elevaba en su cuarto, pasó lo que más temía en ese momento… La casa quedó a oscuras nuevamente, y esta vez sería permanente.
Un extraño sonido se escuchaba desde el patio, más exactamente desde el pasillo que separaba su hogar del exterior.

Esto no podía seguir así. Steve tomó su linterna, guardada en su mesita de luz, y camino sigilosamente hasta el pasillo que conectaba su casa con la de sus vecinos. Si el mal viviente se encontraba por ahí siempre podía salir en su auxilio aquellos vecinos de Steve para ayudarle a dar una tunda al extraño.

Pero tampoco estaba ahí… “¿Qué está pasando?”, se preguntó el muchacho.
En ese instante hubiese preferido no hacerse esa pregunta… En ese instante hubiese preferido tan sólo cerrar la puerta del patio… En ese horripilante momento prefería estar en su cubículo trabajando, porque lo que iba a ocurrir a continuación iba a ser demasiado grotesco…
Su linterna se apagó. No pudo prenderla de nuevo. A su alrededor había sólo oscuridad y tan solo podía ver las paredes del pasillo gracias a la luz de la luna… Pero de un momento a otro aquellas paredes fueron tragadas por la misma negrura de la noche… Como si la falta de luz se tragara todo lo que estaba a su paso y dejara a Steve solo frente a la nada misma. O eso creía él… No se encontraba solo.

Y por tercera vez en el día sintió nuevamente aquel olor rancio, horrible y asqueroso que se apoderaba de él y le producía nauseas… Ahora ese olor se volvía un tanto más familiar, era un olor como a podredumbre, era el olor a la muerte. No podía aguantarlo, quería que se detuviera, su cabeza le daba vueltas. Pestañaba miles de veces por segundo… Y finalmente… El dolor de cabeza desapareció y el olor cesó…
Su felicidad no duró mucho tiempo… Ahí estaba, frente a él, la figura que había visto reflejada en el espejo, el mismo hombre que lo había estado mirando en el colectivo esa mañana ahora estaba observándolo desde las penumbras con unos terroríficos ojos rojos.
Absorto ante tamaña situación Steve estuvo a punto de decir algo, pero el hombre ya no estaba frente a él, la oscuridad también se lo había tragado.

Estaba tenso, buscaba la puerta de su casa pero no podía hallarla. Una sensación de desesperación golpeó su cuerpo… El hombre volvió a aparecer… Ahora frente a él. Luego de un desgarrador rugido Steve fue arrojado al suelo y empezó a sentir cientos de pequeñas punzadas en todo su cuerpo. Quería gritar pero la misma oscuridad, el mismo hombre que se encontraba al acecho, se lo impedían y callaban sus sollozos. Una y otra vez sentía dolores intensos producidos por esas puntadas, como si fueran distintos cuchillos que ingresaban en su cuerpo de manera violenta y morbosa.

La pesadilla casi había terminado, la oscuridad estaba desapareciendo y todo parecía haber sido un sueño de terror… Una pesadilla…
Pero en ese lugar, justo en el pasillo, yacía el cuerpo frío e inerte de Steve, mutilado y ultrajado hasta el hartazgo, con las vísceras desparramadas en el piso retratando la historia de las últimas horas de ese peculiar personaje.

IV

 

Estaba muerto… ¿Estaba muerto? Si, estaba seguro de que se encontraba muerto, no recordaba porque pero sabía que estaba muerto.
La muerte se le presentaba como un túnel de viajes infinitos y él se vio inmerso en uno. Aquel túnel mostraba lugares como una casa vieja, calles angostas de una pequeña ciudad, una enorme empresa y finalmente lo hacía detenerse frente a un grupo de personas que estaban esperando un colectivo.
De repente todo volvió a ponerse oscuro, como al principio… Pero, ¿de qué principio hablaba? No lo recordaba.

Al abrir los ojos en una suerte de impulso, una sed de sangre atacó su cerebro. Necesitaba matar y saciar su sanguinario deseo. Su víctima estaba en el mismo autobus en el cual viajaba… Estaba sentado atrás con una elegante camisa blanca y llevaba un nombre colgado a la altura del corazón…
Se llamaba Steve.

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Otros relatos del autor
  • Formidable relato Matias!! Me encanto el final ( o mejor dicho el principio, ya no se) Esto me recordó a un "time glitch" jajaja,( asi le llamo yo a estos sucesos ). Esta bueno para una película. Buen trabajo. Saludos y un abrazo.
  • ¿Desenlace o principio? Una historia que se desarrolla en otros relatos. Podes leerlas todas o empezar donde quieras. Exploración, Guerra y Revelaciones cuentan una historia interesante que termina con El Viajero... ¿O comienza? ¿Cómo finalizas lo que todavía no ha comenzado?

    Una historia extraña... ¿Te has dado cuenta de que ya había comenzado en otra ocasión?

    ¿Qué cosas extrañas puede traernos la historia de una guerra que termino hace muchos años atrás?

    Un hombre que decide hacer la expedición de su vida... Sin saber que su vida corre peligro.

    Temerle a la oscuridad nunca había sido tan horripilante...

    Fui testigo de sensaciones particulares que jamás pensé que iba a sentir en mi vida. Fuertes conexiones extrañas e intercambios de muchísima energía fueron sentidas por mi ser y en todo mi cuerpo al mismo tiempo que miraba a mi bella mujer. Fuimos testigos de la verdad del amor...

    Quizás si parece que encuentras a la mujer indicada, puede ser que no sea lo que aparenta.

Estudiante de psicología. Lector de comics y novelas. Mi favoritismo está en novelas policiales, fantásticas, ciencia ficción y terror. Agatha Cristie, John Katzenbach, Lovecraft y Stephen King son de mis autores favoritos.

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