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3 min
En la plaza pasan cosas extrañas, aunque sean las seis de la mañana.
Varios |
17.02.14
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Sinopsis

de policías, periodistas, niñas en pijama y abuelas.

En la plaza pasan cosas extrañas, aunque sean las seis de la mañana.

Hay un hombre enfadado, con ganas de golpear al hombre que tiene al lado. Saber que no lo puede hacer le cabrea todavía más. Se pregunta hasta qué punto estaría fuera de lugar golpear a otra persona. Otra persona a la que no hubiese visto aquella misma madrugada follando con su esposa en su casa en su habitación en su cama. Hay personas en la plaza que siente que le provocan. Por otras cosas, sí; pero le provocan. Respira y se propone esperar el momento oportuno para descargar su furia contra estas otras personas. Nadie se extrañará. Es normal, se dice.

Hay una mujer con una cámara. Graba. Mientras graba no puede evitar pensar en lo mucho que le gustaría grabar animales en lugar de aquello. Le gustan los animales. Sonríe. Y ella gusta a los animales, o sino que le pregunten a su amor, a su amante, a su compañía. A su perro. Es mutuo. Desde luego. Sigue grabando mientras imagina la vuelta a casa.

Hay una joven en pijama que chilla. Ella también está enfadada. Piensa en todo lo que ha perdido por estupideces burocráticas y sin sentido, y se dice que eso no puede seguir así. No puede haber perdido de nuevo su casa. Debe hacer algo. Chilla con más fuerzas. Es injusto, repite y repite; siempre ganan y pierden los mismos. A la joven le gusta jugar, le gusta sentirse una niña inocente, pero no le gusta aquel juego. Hacen trampas, nos mienten. No le gusta y quiere ganar.

Hay una vecina de la tercera edad que espera delante de un precinto. Mueve la cinta con ambas manos y les dice a todos que quiere ir a la verdulería. Que lo necesita. Pero la verdulería esta precintada esta mañana. Se indigna. Es muy consciente de los cincuenta quilos que le sobran; igual de consciente de que si no llega ya a la verdulería, acabara yendo a la pastelería que tiene al lado. Adiós a estos dos duros días de régimen. Sigue moviendo la cinta. No cree que aguante mucho más.

En la plaza pasan cosas extrañas, escribo, mientras observo como el policía golpea a la okupa, la periodista sonríe de forma picara mientras graba, y la vecina entra en la pastelería que no está precintada.

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