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7 min
En los albores del siglo veintidós
Varios |
17.03.13
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Sinopsis

Este es un texto recuperado del 2007, corregido también. Le tocaba al capítulo quince de la Hermandad pero es que cuesta pornerse al día con las lecturas de la página. Hoy por la tarde o mañana por la mañana lo subiré.

Espera al borde de la carretera. Le pesa todo el cuerpo, como si alguien hubiera estado sacándole los jugos interiores y apenas tuviera un pellejo sobre sus huesos. La cara le arde. No es extraño, con ese fiero sol rojo flagelándole. Piensa que no estaría mal quedarse inmóvil bajo una sombra, pero está en medio de ninguna parte y le acomete esa desagradable sensación de desarraigo.

    En algún lugar, detrás, quedó el fresco bosque donde pasó la noche. Ahora solo le rodean piedras calcinadas por el sol y hierbas malas junto al asfalto, sobre un fondo de amarillos requemados. A veces pasan coches, suspiros que se pierden en el horizonte difuminándose en la calima que esparce el lejano azul de cabellos amarillos.

    Ni siquiera se molesta en hacer auto-stop. Quizás en otro momento y en otro lugar se atreviese, pero los rostros que vislumbra a través de las lunas de los vehículos se le antojan amenazantes. O cuando menos, desconcertantes. Se supondría que debían ser los conductores los que recelaran de un tipo a pie de carretera, con el rostro sin afeitar y aspecto desvencijado.

    En algún momento de la mañana pasaría el jodido autobús, al menos eso le aseguró el viejo de la gasolinera que dejó atrás. ¿Cuántos kilómetros? ¿Tres? ¿Cinco? Imposible de calcular. Allí debieron poner la parada, no en medio de aquel desierto, sin una marquesina para protegerse del flamígero. Con un letrero de latón descolorido por el sol, remachado a un poste oxidado que un día debió de ser rojo.

    Por fin llega. Nada que ver con los autobuses de la ciudad. Aunque claro, allí no habría podido esperar tres horas junto a la parada, las bandas de depredadores lo habrían capturado. Echa de menos el revólver, tuvo que dejarlo al atravesar la frontera. Se lo dijeron clarito: “Puedes cruzar más adelante, nadie te lo impide, pero a los que encuentran armados no les hacen concesiones. Sin más, donde los encuentran, son ejecutados.” Y vaya si llevaban razón. Encontró a muchos a lo largo del camino, alimento para buitres, con dos tiros descerrajados.

    Increíble. Todo el autobús parece crujir, exhala un lamento como de huesos gastados y ni siquiera un sitio libre. Muchos chinos entre los viajeros, aquí también es patente su numérica superioridad. Recorre los rostros que le rodean y solo encuentra semblantes vacíos. ¿Será el suyo uno más? Parece el tren de la muerte. Está seguro de que se dirigen hacia el mismo lugar. ¿No debería su rostro reflejar algo de esperanza? Debe ser al ambiente. El tórrido calor, sin aire acondicionado, el rancio olor de los cuerpos sudorosos.

    Tiene algo de vieja película el momento, de destino perdido en un país exótico donde la civilización no fuera más que una caricia sobre arraigadas costumbres ancestrales. Quizás sea una forma de relax que los recibe, mitigando el desasosiego que los embargó al abandonar la enorme ciudad de los rascacielos. Desamparados ante lo desconocido. Aunque en las caóticas calles en las que nacieron sobrevivir era una apuesta arriesgada que solía perderse.

    El ajetreo que estremece las viejas chapas de la carcasa móvil se detiene, atisba por las ventanillas pero aún no ve nada. Solo el firme de la carretera que ha cambiado, ahora es un asfalto pulcro y cuidado. Deben estar cerca. Busca en el bolsillo de su pantalón el frasco de pastillas. No quiere que  pensamientos lúgubres lo acechen, otra dosis para enfrentar su destino.

    Percibe el cambio en los rostros de los viajeros. Sigue su mirada y descubre un racimo de edificios blancos en la lejanía. No es como lo había imaginado, semeja un horizonte aséptico. Y pensar que aquel estado fue en el pasado el universo del juego. Sí que había cambiado. Sin embargo permanecía lo fundamental, la sed de dinero. Se acercan cada vez más.

    Piensa en Cloe y las niñas. Tendrán su futuro asegurado durante cinco años más, tiempo suficiente para que sus hijas se conviertan en adolescentes, hacia los doce. Dignas hijas de su madre, serán preciosas. Con un poco de suerte podrán encontrar empleo en uno de los lupanares de lujo para ejecutivos diferenciales, con horario de treinta horas semanales. Vida asegurada durante quince años. Después, si resultan previsoras, alcanzarán los cuarenta. No se puede pedir más. Si tienen suerte y no se les cruzan en su camino las bandas de depredadores, una existencia plena.

    Pero Cloe…pobrecilla, en mala hora se fijó en él. Más allá de los cinco años que ahora le puede asegurar será difícil que sobreviva. ¿Se unirá a las bandas de depredadores? ¿O elegirá la muerte dulce? No hay estadística que pueda asegurarlo. La decisión no es previsible, el estrés que produce la proximidad de la muerte hace imposible cualquier vaticinio.

  Recuerda el día en que rompió su papeleta de ingreso en el lupanar de lujo. Por amor a él, con un porvenir de siete años tan solo. Que ciego es el amor.

  Por fin llegan. Individuos vestidos con batas blancas de látex los reciben, buscan sus nombres en las listas y los distribuyen en ordenadas filas. Dicen que el tiempo de espera es lo peor. Su precio, dos piernas, un ojo y un riñón. Las blancas fauces de la ciudad-hospital los aguardan. Le pondrán recambios artificiales, sin garantías. Casi ninguno dura más allá de tres o cuatro meses, al agotarse la pila. Y hay que tener mucho dinero para poder recargarlas. Lo único que está garantizado es el ingreso del importe de la venta de órganos en la cuenta estipulada.

    Se conformaría con volver junto a Cloe y terminar con la muerte dulce entre sus brazos. Pero sabe que a la vuelta lo acecharán los tratantes piezas ilegales, para robarle las partes vitales de su cuerpo. Sobre todo el corazón, el hígado y los genitales. Y por supuesto, el otro riñón. Corre el rumor de que son secuaces a sueldo de los hospitales. Nadie atraviesa con vida el territorio del estado hospitalario a su regreso, es una sentencia asumida en la ciudad. Y debe ser verdad, porque a ninguno que regresara había conocido.

    Aunque la propaganda depredadora asegura que si, que tienen destacamentos rescatando a los que intentan volver para su engrosar sus filas. Pero también aseguran que han tomado una zona de la ciudad-jardín de los ejecutivos y nadie les cree. Propaganda para la causa de los desahuciados. Sonríe sarcásticamente, no tardará en averiguarlo.

  Se abren las puertas automáticas del hospital que le ha sido asignado. Toma el frasco de anfetaminas y se toma una buena dosis, son inocuas para las operaciones y se las dieron en la frontera. Alivian la espera hasta el momento de ser dormidos. Ordenadas camillas junto a máscaras de anestesia los esperan. Antes de subir a una de ellas un último recuerdo para Cloe y sus hijas, a las que sabe que no volverá a ver. Después, quien sabe, quizás le aguarde la muerte, o la efímera existencia en una banda de depredadores.

    Maldice a sus antepasados, que los embromaron con una herencia de climas alterados y superpoblación. Sus últimos pensamientos antes de embozarse la máscara del sueño son para ellas, para el dulce tiempo que las disfrutó, una mar de risas y besos con el que sueña mientras la oscuridad lo va engullendo.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y http://ee-ender.blogspot.com.es/

 

 

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  • Buf, durísimo. La atmósfera inicial está muy bien conseguida. El párrafo en el que explica el objetivo del viaje me ha puesto los pelos de punta. Has creado todo un mundo, dejando que nosotros compongamos a través de los detalles que cae. La caída de las civilizaciones, los buitres alimentándose tras la catástrofe. Un relato magnífico.
    Esta historia tuya me ha dejado sin aliento, al menos por un instante. El futuro que nos espera a la vuelta de la esquina puede ser realmente duro. Con el tiempo el ser humano se está convirtiendo en un producto al servicio de la economía y la venta de órganos es uno de sus exponentes más significativos. Ya ocurre, no es ciencia ficción (Escribí un relato titulado Fidelio sobre el tema). El ambiente postapocalíptico del relato es excelente, mezclando el polvo del desierto con los rostros de un mundo globalizado.
    Ender, la conjugación en presente y en tercera persona me encanta, da un tono especial a lo narrado. La atmósfera del relato me recuerda a algunos cuentos de Onetti, pero tú lo has articulado más y pintas ese termendismo existencial de manera más directa. Me agrada, sin embargo, que el relato no se desenvuelva en una estética tipo Mad Max; tu tono, la imposibilidad de la sociedad sostenible, el canivalismo médico, están expresado con naturqlidad, con poco énfasis, con una falta de pasión bastante elegante. El uso de los adjetivos también me ha gustado. Pocos... ninguno si eso fuera posible, pero exactos.
    Muy interesante. Sostiene la tensión. Ágil.
    Estupendo, hermoso y bien escrito
    Bastante interesante pero algo terrorifico pensar en ese futuro. Saludos
    a menudo viaje lo hemos expuesto a este señor!!! me quedé con la puntualización de Mayka sobre el quizá o quizás yo creía que se usaban ambas indistintamente. Ahora me quedé con la duda, se agradece la aclaración. Gracias Ender, por tu último comentario, que estuve a punto de agarrar la sartén jeje :)
    Qué oscura noche nos has ofrecido con su pequenho amanecer: el del recuerdo compirmido en esta bella metonimia: "mar de sonrisas y de besos". Tengo predilecciôn por este tipo de relatos tuyos al igual que los erôticos como ya sabes cuales y que estân en tu libro. Como pausa a mis lecturas universitatrias leerte fue un obsequio. Abrazos
    Me fascinan las historias distópicas. Creo que son lo mejor de lo mejor. En ellas es muy fácil llevar a los personajes a límites inimaginables y ver qué son capaces de hacer y cómo. Desde luego, un buen relato que daría lugar a una trama mucho más larga. A una novela. Me ha gustado mucho. Tu manera de narrar es envolvente. Tanto que desde la primera línea no puedes levantar la vista hasta acabar. Da igual si dura 7 minutos o 70, tus lecturas siempre se hacen amenas. Una gozada, vaya. A propósito, me he dado cuenta en este texto, pero también lo he visto en otros tuyos. Cuando pones "quizás", realmente debería ser "quizá" sin "s". Siempre sin "s". Un saludo, Ender! Nos leemos!
    Con lo contenta que estaba yo porque llega la primavera y me encuentro este relato. Intentaré recuperarme rápido. Qué triste, qué asfixiante...Has imaginado un escenario mezcla de película de ciencia ficción, de terror y hasta del Oeste y nos lo has contado con tu calidad habitual.Espero no vivir para ver algo así.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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