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5 min
¿En qué quedamos?
Reflexiones |
07.04.17
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Sinopsis

Hace casi tres años que volví de los Estados Unidos. Estuve viviendo allí durante ocho años, concretamente, viví en New Jersey y trabajé en New York.

Hice de todo, desde descargar camiones, limpiar baños, dirigir una oficina y un almacén mayorista y hasta escribir en uno de los periódicos de mayor tirada en la gran manzana. Por último quise cumplir mi sueño que era cocinar, cosa que siempre me apasionó. 

Comencé en un restaurante de una importante cadena española como dish washer (fregra platos), hasta llegar a jefe de cocina.

Hice un gran resumen porque si no tendría para muchísimos relatos más. 

Al principio fue bastante duro puesto que mi inglés estaba muy por debajo de lo básico, así que tuve que apuntarme a clases intensivas que daba por las noches despuñes de trabajar. 

Tendría cientos de anécdotas que contar, desde las más hilarantes hasta las más dramáticas. Viví momentos bastante intensos de alegría, tristeza, rabia, euforia.... Pero el asunto que ahora concierne es el siguiente

Nunca me consideré una persona racista, ni mucho menos superior a otras ya fuera por su procedencia, raza, religión o cualquier otro tipo de dogma.

Desde el principio la mayoría de mis compañeros de trabajo fueron latinos de diferentes países que, al oír que era español se echaban las manos a la cabeza (antes de continuar debo aclararar que tuve grandes compañeros y amigos e incluso gente que consideré de mi propia familia y todos ellos latinos, por lo que esto que quiero explicar no incluye a todos los latinos sino a algunos en concreto). Como decía se echaban las manos a la cabeza y tuve que soportar comoentarios como "llegó el español prepotente",, "otra vez bajo la bota española" y chorradas que al principio procuraba ignorar, pero que al cabo del tiempo tuve soportar lo que hoy se conoce como bullying y se volvieron bastante dolorosas.

Esas personas criticaban lo que nuestros ancestros hicieron al conquistar sus tierras y sin tan siquiera molestarse en saber si yo me sentía orgulloso o avergonzado de semejante "hazaña". 

Me colgaron nombres como gallego, blanquito, españolo, etc. Hubo momoentos en que mi ropa o mi material de trabajo había desapareido a la hora de llegar a trabajar. Echaban cosas en mis platos para estropearlos y todo eso sólo por ser español. 

Cuando preguntaba intentando averigüar el por qué de ese rechazo, me decían que yo estaba muy creído o alzado como ellos dicen sólo por mi procedencia y que no entendían qué hacía yo allí si España era el paraíso comparado con sus países.

En fin que tuve que luchar, pelear (en ocasiones literalmente) y esforzarme el doble por hacerme respetar, hasta llegar al puesto máximo que fue el de jefe de cocina, pero el estigma del español creído siguió estando ahí hasta el final.

Por circunstancias personales tuve que volver a mi país y, para mi sorpresa, encontré personas con las que había compartido amistad e incluso mucho más que me ofrecían el mismo rechazo y no sabía por qué. 

Criticaban mi acento: obviamente ocho años fuera de tu país te cambian la forma de hablar, me preguntaban por cosas que luego les molestaba no sé por qué. Obviamente cuando me fuí de aquí la situación laboral no estaba tan mal. Y, a pesar de ver noticias bastante filtradas en las cadenas españolas que llegaba allí, nunca me imaginé que después de tanta lucha sólo me ofrecerían puestos de unas once horas diarias con contratos de dos horas laborables. Salarios muy por debajo del mínimo. Y eso cuando no desapareía algún propietario o te decía a la hora de cobrar cosas como "esperaba algo más de tí" "el negocio no va tan bien como yo esperaba" y mentiras para pagarte menos e incluso intentar no pagarte.

Pero lo peor era cuando lo comentaba con esos "amigos" de años atrás que después de oírme me decían: "Pues vuelve a los Estados Unidos si no estás contento". 

Un buen día, alguien que por ser algo más cercano que el resto me hirió mucho más que todos esos personajes que me hicieron tan difícil mi labor en tierra extranjera diciendo: "Es que tú vienes muy subido y te crees mejor que los demás por haber estado en Nueva York".

Lo peor, es que muchas de esos conocidos que me rechazaban compartían esa opinión y me hicieron sentir un gran extraño en mi propia tierra e hicieron el rechazo mucho más doloroso que el de esos ocho años anteriores.

Después de tres años sigo sintiéndome igual de mal que cuando llegué y la pregunta sigue siendo la misma que aquellos primeros días de retorno. 

¿Soy un creído por ser Europeo o por haber tenido la valentía de empezar una aventura completamente sólo a miles de kilómetros de los que consideraba míos?

¿En qué quedamos?

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