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5 min
EN UN SOLO SENTIDO
Varios |
05.09.18
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Sinopsis

Historias de Duque y Martín

Vivo en un barrio que no quiero ni me quiere. Está justo al ladito de la UCV. Caminar esa zona sería perder el tiempo entre profesores babosos y jovencitos medio idiotas. El único libro que me he leído (ese que tú me prestaste mala sangre de mierda) me dejó bien clara la diferencia de la que habla Alvarito: una cosa es el playboy (chico que juega) y otra cosa es el payman (hombre que paga): Confesiones de una furcia o algo así, no me acuerdo (tú me quisiste decir lo que era una furcia, pero eso se agarra rapidito, lees dos o tres líneas y sabes de fijo que una furcia soy yo) así que ya entenderás por qué no me hago la zonita por donde vivo. No es pena, ni vergüenza, ni mariquera parecida. No es buena zona y punto. Prefiero esta callecita de las Acacias, tan llena de hoteles, hotelotes, y hotelitos; da para clientes de cualquier extracción, desde satén rojo hasta colchón en el piso. Me la camino para arriba y para abajo enganchando lo que salga (saben a qué vienen y a qué horas venir. Nadie anda con insinuaciones estúpidas ni con excusas para tocarte el culo y echar a correr. De todas formas en mi bolso la navaja: nunca se sabe) A veces, cuando ando medio borracha de tanto traguito que me brindan los bolsas reprimidos que solo quieren ver y beber, me acuerdo de mi casa y de mis padres y me alegro de ser puta. Pocos momentos de alegría se te dan por estos sitios. Me gusta callejear. Yo no sirvo para estar metida en un negocio y es por eso mismo, porque no se tomar, porque   me   rasco. Tampoco me va lo del burdel, y es que en un lugar de esos das la cuca treinta o cuarenta veces por noche y ganas una miseria, la patrona se lo lleva todo. En la calle tampoco eres libre, tienes que aguantarte al chulo: insultos, bofetadas, y culeadas de gratis. De todas formas lo mejor es la calle. Al chulo puedo llegar a manejarlo si no me pongo pendeja; hablarle pajita, enjabonarle el palo, sacarle la delantera a punto de besitos y palabrejas, marearlo hasta que me lo crea todo, hasta que ya no sepa cuánto gano o dejo de ganar. Yo sé que esto de andar por las aceras no es seguro, que cualquier día me encuentran con los ojos volados y el mosquero en la boca (como se dice y como pasa aunque nadie diga) La otra noche Lupe me hizo una raja en la barbilla con un pico de botella (sí, esa, la que estás mirando sin mirar) y ese maldito puerco del Cabeza me puso las esposas y me jorungó con la pistola. Un día de estos me mata o lo mato. Ya estoy harta de esa mierda de pistola: acero frío entre mis piernas, entre mis nalgas, entre mis cejas, jugando al agujero negro en la frente de otro (como me halas de la lengua careculo, como me haces hablar confesor de putas) Okey, ya sigo, y sigo, y es esto: yo prefiero que la vaina sea así, osea, que los hombres sepan lo que soy: soy puta y cobro. Peor esas señoras que andan con el marido como carnero y no le sacan ni un centavo al amante: la dan gratis, ¿te das cuenta?, su puta madre, van a terminar por jodernos el negocio.  Bueno, como ya dije (o hipé de mareada que me tienes a puro ron y palabritas ) yo prefiero que sea así: que sepan que no me enamoro y que cobro.  En este oficio nada de abrazos ni de besos. Okey si el carajo me coge por delante, okey si me coge por detrás, okey si me coge por la boca, nada que objetar, es parte del juego y me lo pagan, no hay problema. Eso sí, nada de vainas raras a lo telenovela.  Nada de piquitos, ni de besos de lengua, ni de tomaditas de mano. Vamos a lo nuestro y ya. Me echan uno, dos, tres, los que aguanten y puedan pagar: eso es todo. ¿Qué si lloro? Claro que lloro catire, de vez en vez, cuando me acuerdo de lo bonito que es tragarse el semen si estás enamorada y del asco que te da sino. Y si, que coño, claro que lloro y lloro, y a veces lloro y lloro y hasta me orino llorando, y lloro tanto que me parezco a la puta esa del evangelio, pero nadie me perdona, nadie me pasa la mano por la cabeza, nadie me deja que le perfume los cabellos. Claro que me conozco el evangelio cabrón, no soy ninguna ordinaria de esas que se la pasan tostándose el culo al sol o mostrando las tetas en la playa: yo mis vidas las tengo por separado. Y ya estoy cabreada de tanta preguntadera, deja de preguntar y échame un polvo. Anda, no preguntes más. Si no quieres culo pídeme otro ron. Pero mejor me coges, me gusta, cógeme y te dejo dormir conmigo y amanecemos juntos y ya para con el lápiz que no me  haces ni  puto caso.  Deja de escribir, ¿qué tanta mierda escribes? Para con las preguntas catire. Cero preguntas y a la mierda con tus historias. Déjalo de una vez mi amor, cierra la boca mi cielo, cállate  corazón,  cállate  malparido.

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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