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4 min
En una villa de París.
Terror |
11.06.18
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Sinopsis

Amor y locura: un relato donde la estética vintage y el terror conviven a la perfección. ¿Te atreves?


– ¿Lo recuerdas tan claramente como yo?
– Si. Aún asalta mi memoria. Es tan sutil la línea de tiempo que nos separa.
– Ella era en efecto hermosa y perfumada como una rama de jazmín. Todos os veímaos
caminar por la alameda con vuestras manos sujetas como dos zarcillos de amapola.
– Y dices que el romántico soy yo.
– No lo puedo ocultar – ríe– pero así es. Creo que en el fondo me sentía celoso.
– Sí. Es un recuerdo delicioso.
– Pero ya no está – hace un gesto y un camarero se acerca con una bandeja trayendo unos
refrescos, té y unas pastas.
 Una tarde macilenta extendía su aliento confuso sobre la villa de aquel anciano
Montaparnasse cruzándose con los últimos rayos de sol que rasgaban el velo de la tarde con sus cuchillos de carmín. Mientras, las alas de un gorrión atrevido aleteaban junto a un postigo vecino buscando su lecho entre los apretados zarcillos verdes y morados de una enredadera vestigial. Moulin observaba al minúsculo pajarillo cruzando el cuello bajo el umbral de su escurridio zaguán como si lo conociera de una modo tan familiar como el retrato neblinoso que se adivinaba en el marco de sus adormecidas pupilas.
– ¿Ya no está? – repuso mojando una de aquellas pastas en el té con limón..
– Sí Moulin. Es algo que tienes que aceptar.
 Louis Bergère detuvo el aliento de sus palabras frente a los ojos de mirto de Moulin
mientras sujetaba con firmeza el mango de su roída levita con intención de asentir lo evidente una vez más pero un pensamiento frugal se detuvo en su mente.
– ¡Ah! Siempre reviviendo el pasado cuando sé muy bien que tu corazón arde bajo el látigo de una nueva conquista.
– ¿Y quién te lo ha dicho?
– Habrá sido ese pajarillo travieso que tan tenazmente nos solivianta la tarde – Moulin desvió sus ojos hasta encontrarse con los de su compañero y con una una mirada inquieta y profunda repuso.
– Si mi querido Bergère la amo pero no con el deseo volátil que incentiva la pasión por una nueva conquista. Lo que enardece mi corazón es un amor puro y sincero. No tengo tiempo de andarme por las ramas en estas cosas. Solo asentiré contigo que he vuelto a reencontrar el amor en el punto exacto en que lo dejé.
– Y ¿cómo es eso mi querido Moulin? ¿Cómo es que una vez más se me escurre entre la manos ese extravagante lenguaje que tan de continuo usáis los amantes?
– Es tan idéntica a ella que nadie podría distinguirlas: ¿cómo podrían diferenciarse dos gotas de agua pura extraídas de las misma acequia cuando sobrevuela sobre ellas el mismo espíritu y la misma delicadeza? Su mirada inquieta bajo el velo azul, su mejilla pálida y ese acento que susurra de un modo que sólo yo puedo entender. No se expresa como las demás mujeres y sin embargo yo la entiendo cada tarde y cada noche me habla más claro que una fría ventisca sin necesidad de despegar los labios.
– Ya veo que es muy discreta.
– No. Te equivocas. Ese mismo lenguaje de los amantes que acabas de invocar que nos vincula y lo hará ya para siempre permite la comunicación entre nosotros. El amor es un misterio tan profundo que no necesita palabra alguna.
– Pero a la fuerza ha de temblar o respirará o se ruboriza con una caricia como hacen todas las chicas jóvenes.
– Si todo eso lo hace y en un grado de compicidad tan intensa que comprenderás al instante que no he podido escoger con más acierto.
– Apenas ayer por la noche, muy de madrugada dimos nuestro habitual paseo por la Alameda de Les Poissons. Luego volvimos a casa. Si mi querido amigo vivimos y dormimos juntos en una velada que hila las noches con los días en un continuo inagotable y lo que siento por ella es tan estremecedor, tan eterno, que nunca lo sustituiria por uno de esos consumos que se apostillan en los ribazos de las gacetas.
– Todo lo que me cuentas lo creeré sin dudarlo. Pero tendrás una foto de ella. Muéstramela. Quiero verla.
– Aquí la tienes. Se la tomé esta misma mañana en su dormitorio mientras nos despedíamos –saca un porta-retratos del bolsillo y se lo muesta a Bergère.

– Dime con sinceridad ¿No es un ángel bajado del cielo?

 

Torremolinos. 24 de febrero de 2017.
 

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Soy poeta y narrador de género fantástico.

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