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5 min
Encuentro en el tren
Amor |
07.04.19
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Sinopsis

Un viaje cualquiera entre Barcelona y Valencia. Nota: No sabía muy bien en que categoría incluir este pequeño relato. Si alguien tiene una sugerencia mejor que me lo haga saber. ¡Gracias!

Suelo ir a Valencia con mis amigos, pero esta vez voy solo. Voy en tren, como siempre. Llego a la estación de Sants con cuarenta minutos de antelación. A veces me gustaría ser un poco menos prevenido, aun así, mucha gente ha madrugado antes que yo y ya está sentada cerca del control. 

Giro a la izquierda y me siento en una barra que delimita una pequeña cafetería circular. Pido un café solo (sin azúcar) y empiezo a revisar mis mensajes, a la vez que voy comprobando si la azafata abre la cinta para que podamos entrar. 

Tengo unos americanos justo al lado. Cotilleo su conversación solo para comprobar si mi conocimiento del inglés sigue siendo competente. Ahogo alguna risa por sus críticas a la ciudad, y también por la apariencia del hombre, que excede todos los estereotipos de los estadounidenses. 

Pagó mi café, que cuesta un euro y cuarenta céntimos. Maldigo para mis adentros y me recuerdo, como siempre hago, que no debo comprar en un lugar como ese. 

 

 

Tengo un dilema siempre que compro un billete. ¿Pasillo o ventana? El pasillo me da la autonomía de entrar o salir siempre que quiera. La ventana me da buenas vistas del paisaje. El recorrido es mayoritariamente por la costa. Me relaja ver el mar a esas horas de la mañana; tranquilo y virgen de personas. Puedo ver los arrecifes y las pequeñas calas desocupadas, los caminos de piedra y las terrazas a pie de playa. Me dan sensación de libertad. 

Dejo la mochila en el suelo y saco mi libro, uno que me ha dejado una amiga de la universidad. Voy vigilando la puerta del vagón para ver si entra alguien más; de momento no tengo nadie al lado. 

El tren arranca y suspiro de alivio. Bajo la bandeja y espero a que uno de los encargados me ofrezca auriculares. Lo rechazo con una sonrisa y empiezo a leer. 

Me detengo a observar el paisaje y para estirar el cuello. Los asientos del tren son cómodos pero para leer es difícil encontrar una posición adecuada. Tengo la espalda cargada y las risas de una chica del vagón me empiezan a poner nervioso. Le dirijo una mirada y veo que esta viendo la película, una sandez que trata de un equipo infantil de futbol que no gana nunca.

Las vistas me serenan, paso unos diez minutos observando el mar y luego abro WhatsApp para enviar un par o tres mensajes a diversas personas; con suerte me entretendrán en las pausas de mi lectura. 

Llegamos a Tarragona a la hora prevista. Me sorprende la puntualidad, normalmente el viaje se suele retrasar unos quince o viente minutos. Abro el móvil para decirle a mi amigo que llegaré a la hora prevista. Compruebo que la gente me ha respondido y no tardo en caer absorbido en los chats. 

De repente algo se retuerce a mi derecha. Una chica se sienta a mi lado. Me sonríe a la vez que dibuja un hola con sus labios. Apenas oigo sus palabras pero su voz me parece agradable. Le devuelvo el saludo y cierro el móvil. 

Durante un rato me quedo quieto sin hacer nada, mientras ella se acomoda en su asiento. No parece que lleve nada para entretenerse y veo como su gesto se vuelve agrío cuando ve la película que están emitiendo. Empiezo a pensar en varias formas de entablar conversación y cuando por fin me decido, ella saca sus auriculares y empieza a escuchar una lista de música. Me resigno y vuelvo a mi libro, no sin antes comprobar que escucha varias canciones de rap. 

El libro empieza a captar mi atención. Sanderson tiene una habilidad innata para crear diálogos. Sus personajes adquieren una profundidad inmensa con cada palabra, sobretodo los femeninos. Pronto me olvido  de la chica. 

Llegamos a una parada secundaria y levanto la vista, medio aturdido. A veces me concentro tanto que pierdo el sentido del tiempo. La chica de mi lado está dormida, un poco inclinada hacía mi. Arrancamos de nuevo y la aceleración tira su móvil al suelo. El sonido lo amortigua la moqueta pero los auriculares se han desenganchado, y eso la ha despertado. No me doy cuenta de ello y nos agachamos a la vez para recogerlo. Me asusto de su mano y retiro la mía, con timidez. Ella suelta una risa y se incorpora de nuevo en su asiento. 

    — Perdón — es lo único que se me ocurre decir. A veces soy poco confiado en este tipo de situaciones. 

    — Tranquilo, no pasa nada — me vuelve a sonreír mientras deja el móvil en su bolsillo. Me sigue mirando. 

    — Me llamo Aitor.

    — Yo Ana.

Empezamos a charlar. Me olvido del libro, del móvil y del paisaje. Poco a poco empiezo a sonreír, hacía mucho que no lo hacía. Somos los únicos que hablamos en el vagón, el resto, sigue inmerso en esa estúpida película.

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  • ¡Hola Francesc! Gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado. A pesar de que hay un componente real en la historia, también he añadido algún componente más ficiticio, por eso dudaba en donde debía ir el relato.
    Es un relato excelente. Yo también he leído mucho ,en el tren, y alguna vez he ligado. Pero no es corriente, porque cada uno va encerrado en su mundo particular. Conozco muy bien la estación de Sans, porque también soy de Barcelona, y vivo en el Masnou.
  • El rey Jav II ha muerto sin hijos. En su testamento están las instrucciones para poder convertirse en su sucesor. Con las instrucciones en la cabeza, miles de personas han peregrinado a su planeta natal, Olandis, para hacerse con la corona.

    Un viaje cualquiera entre Barcelona y Valencia. Nota: No sabía muy bien en que categoría incluir este pequeño relato. Si alguien tiene una sugerencia mejor que me lo haga saber. ¡Gracias!

    Los perlistas son soldados con un poder inimaginable. Sus leyendas parecen ser eternas, sus logros, se vitorean alrededor del mundo. Ragnarök, una ciudad sin límites, ha efectuado El Último Barrido, una medida de emergencia para reclutar nuevos perlistas para la guerra. Esta vez, llegan a la ciudad una serie de chicos cuyo pasado turbulento agitará todas las entidades del Reino. Entretanto, Andros, el Capitán de los Atlis, luchará contra un consejo abotargado, un rey sin capacidad de liderazgo, y una conspiración que se cierne lentamente sobre los estamentos políticos de la ciudad.

    En un planeta condenado, dos encapuchados aparecen.

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¡Hola a todos! Me llamo Josep y soy estudiante de Medicina. Desde siempre me ha gustado leer y escribir, sobretodo para relajarme y despejar mi mente. He decidido, después de que me animaran mucho, a publicar las cosas que escriba. Gracias por pasarte!

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